Mitos urbanos marplatenses

Soliloquios de un tipo que se pone y saca el traje de periodista todas las mañanas, pero que, en el fondo, gustaría contestar a la pregunta: “¿Profesión?”, con un seco: “Comediante”.

 Pablo Vasco para Revista AJO

 Foto: Juan Pablo Buceta Romina Elvira

Por primera vez voy a utilizar este espacio para hacer un poco de autobombo. A fin de año saldrá mi primer libro, un compendio de Leyendas Urbanas que tienen a Mar del Plata como escenario. Este es mi pequeño aporte a la conservación de anécdotas e historias de  criaturas y elementos extraños que han ido pasando de abuelo a nieto, de padre a hijo.

Tal vez no sean totalmente veraces.

Ese no es el punto. Soy periodista.

Y en el periodismo actual, chequear ya fue.

 

He aquí, un pequeño muestrario de mitos urbanos vernáculos:

El monstruo que se traga las tormentas

Es habitual escuchar en pleno verano la frase “se la tragó el mar”, a la hora de explicar el por qué una tormenta que amenazaba con llevarse todo puesto se terminaba diluyendo al llegar a la costa.

Y hay una explicación muy simple a eso.

Existe gente que sostiene que hasta hace un par de años, un monstruo marino recorría la costa marplatense, esquivando embarcaciones y cuidando a los bañistas (lo habían bochado en el examen de ingreso a la Escuela de Guardavidas, pero su vocación pudo más).

Lo que hacía bajo el mar era un misterio. Y su actividad sobre la superficie también. La respuesta hubo que encontrarla en algunos viejos pescadores que juran y recontrajuran haberlo visto asomar su horrible cabeza y comerse las tormentas de un solo bocado.

Una boca enorme.

Rayos, centellas, tornados, mini huracanes. Todo iba a parar al estómago de esta criatura.

Semejante servicio a la humanidad tuvo su recompensa. La gente no denunciaba la presencia del monstruo a las autoridades. Ni siquiera llamaba a LU6 para quejarse.

Ante la pregunta “qué pasó con la tormenta?”, la respuesta era siempre la misma: “se la tragó el mar”.

Y así fue pasando el tiempo. Hasta que un día el pacto de confianza se rompió. La proliferación de celulares con cámara fotográfica molestó en exceso a la bestia. Podía ser descubierto.

Fue así que decidió alejarse. Las autoridades decidieron reemplazarlo poniendo una banderita negra con un rayo blanco cada vez que los meteorólogos anunciaban tormenta.

Una falta de respeto.

Las paradas inteligentes

Como su nombre lo indican, son paradas de colectivos capaces de pensar por sí mismas y muy hábiles para los negocios. En vez de indicarles a los pasajeros cuánto faltaba para la llegada del micro, le sacaban información que luego usaban para chantajear a sus víctimas.

Según algunos recortes periodísticos, se colocaron cuatro paradas inteligentes.

La Municipalidad debió retirar tres de circulación, por las constantes denuncias.

La cuarta parada –la más inteligente de todas- tiene la concesión de un balneario en La Perla y paga dos mangos de canon.

Los intendentes socialistas

Casi no hay registro de esta leyenda urbana. Dicen los memoriosos que esta ciudad supo estar gobernada por una clase de hombres de perfil bajo, firmes en sus convicciones y con un amor por Mar del Plata que asombraba: iban a los barrios, escuchaban a los fomentistas, sabían de geopolítica, ayudaban a las ancianas a cruzar la calle, fundaban escuelas en los arrabales, provenían del vecinalismo y –lo más sorprendente- no lo hacían por la guita.

Increíble.

El semáforo realista

Mar del Plata tiene tesoros que esperan ser descubiertos. Sobre todo por la actual gestión, que anda con problemas para pagar los sueldos.

Lo cierto es que la tradición oral ha pasado de generación en generación una leyenda urbana que nos pone la piel de gallina: uno de los semáforos de la avenida Independencia indica –en su cuenta regresiva- cuánto le queda de vida al peatón que se para frente a él. Las versiones no son muy específicas, por lo que algunas personas rompen en llanto cuando el segundero del semáforo marca 3, 2, 1… Sin saber que en realidad están frente a un artefacto normal y que no es el momento de la llegada de la Parca.

Siempre y cuando crucen bien, claro está.

El lobo marino desconocido

Mar del Plata tiene varias postales que la identifican. Y la de los Lobos Marinos de la Rambla Bristol es la más popular. Creados en la década del 40, durante muchísimo tiempo fueron la carta de presentación de la Ciudad Feliz. Actualmente, se conoce a mardel por otras cosas menos agradables, como los índices de desocupación, las pintadas nazis o los garcas que piensan que las chicas se embarazan para cobrar la Asignación Universal por Hijo.

Lo que muy pocos saben es que los Lobos Marinos eran tres.

Como los Reyes Magos.

El tercer Lobo Marino fue un misterio para los investigadores. Pocos testimonios dieron cuenta de su existencia. Algunos barrenderos de la costa cuentan que –a diferencia de sus hermanos de piedra- el tercer Lobo Marino era un animal real, que tenía un pelaje especial que lo hacía cambiar de color según el clima. En algunos locales comerciales de la calle Buenos Aires se encuentran pequeñas réplicas de este animal y que se comercializan como souvenir.

Otros, más creíbles tal vez, sostienen que el tercer Lobo Marino era el encargado de sacar las miles y miles de fotos que los turistas iban a buscar a la Rambla. Y que por eso no aparece en ninguna de ellas.

Un último testimonio es más volátil. Aparentemente, se llamaba Juan Domingo. Y se cansó de esperar un triunfo peronista en la ciudad.

Actualmente, Juan Domingo es concejal en La Matanza, aunque se rumorea que está por armar un unibloque.

El colectivo fanstasma

Un clásico de los veranos, como la ensalada de fruta en la playa o los trapitos cobrando su servicio a precio dólar a la salida del River-Boca. Cada diciembre, aparece de la nada un colectivo distinto a los demás (limpio y pasando cada diez minutos, por ejemplo) que a simple vista no pertenece a ninguna empresa conocida.

De repente –y hasta que se va el último turista- ese bondi sin patente ni papeles recorre de punta a punta la costa marplatense, levantando a todo aquel que quiera someterse a una experiencia extrasensorial, consistente en ir a los pedos y con un absoluto desprecio por las normas de tránsito.

Dicen que el chofer es un antiguo kamikaze de la aviación japonesa, que vino a Mar del Plata un febrero y después se aquerenció. Los boletos son los mismos que se daban en 1974, esos que si juntabas un millón te daban una silla de ruedas.

Los peligros de que no te abran la gaseosa delante tuyo

Esta última historia tiene como escenario a un boliche de la avenida Constitución, del cual no se conoce el nombre, pero algunos investigadores insisten en relacionarlo con un conocido Virrey y con una flojera de papeles asombrosa.

Un adolescente conoce a una chica, queda obnubilado por su belleza y la invita a tomar algo. Para su sorpresa, la chica acepta de muy buena gana. Luego de una charla amena, el joven comienza a sentirse mal. Al rato se desmaya.

El testimonio del chico resulta escalofriante.

Despertó a las seis horas.

En una casa que no era la suya.

Desnudo, en una bañera llena de hielo, sin los riñones.

Y lo peor de todo: ansiando que vuelvan los milicos.

 

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