Lugares comunes

El espacio público es donde el poder se expresa con todas sus lógicas: privatizar, vigilar, ordenar, enrejar, excluir, prohibir, reprimir. Incluso parece desear sitios vacíos de humanidad. Los autores de este fotorreportaje advierten que sólo nos queda la esperanza y el deber de defender el carácter público de los espacios. Ejercer un lugar común para estos tiempos. Lo que es decir: resistir.

Por Jerónimo González y Maximiliano Arias

El espacio público no es tan solo un lugar de paso, ni el limitado territorio donde nos tumbamos a ver las nubes pasar los días (o el rato) que no estamos encerrados. No es un permiso que se nos concede o un favor que se nos hace.

El espacio público es un derecho emergente-colectivo sin el cual se favorece la exclusión, el empobrecimiento de una identidad comunitaria, la fragmentación social, la privatización, la segregación, la incomunicación, el miedo a la otredad, la limitación del derecho a la participación, al deporte y la recreación; sin el cual la calidad de vida se pauperiza, la democracia se lastima, la alteridad se pervierte, la solidaridad se pierde y se erosiona la igualdad.

El espacio público debe fomentar la interacción de personas con propósitos distintos en un mismo territorio, porque solo así se puede crear la riqueza y complejidad de la experiencia ahí vivida, predisponiéndolas a moldear y re-moldear el espacio y sus usos dados.

Pero el espacio público es, sobre todo y ante todo, un lugar donde el poder se expresa y se ejerce. Y no solo eso, es además y necesariamente el lugar donde se manifiesta la resistencia al poder.

Por eso, mientras las lógicas capitalistas buscan privatizar, vigilar, ordenar, sectorizar, enrejar, excluir, prohibir y reprimir (mediante la acción de privados y/o la omisión del Estado) casi hasta el punto de desearlos vacíos de humanidad, nos queda la esperanza y el deber de organizarnos para proteger y recuperar el real carácter público de los espacios. Para voltear el orden impuesto, para defender y conquistar nuestros derechos, para construirnos en los territorios y a la vez transformarlos (con y para nosotros), o simplemente para tumbarnos a ver las nubes pasar… en plena libertad.

 

 

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