Una banda de bandas

Hace cuatro años, un grupo de músicos decidió crear un sello de gestión colectiva para editarse y pensar sus discos y puestas en escena. Desde el Mar son siete bandas que buscan proyectar la música emergente de la ciudad con una única condición: hacerlo desde Mar del Plata, porque acá “también hay calidad”.

Una banda de bandas (portada interior)

 Fotos: Pablo González

Una terraza con un foquito y nueve músicos con un actor. Sobre la mesa de un antiguo juego de jardín –de esos de hierro pintados de blanco- un par de cigarrillos, dos celulares y seis vasos vacíos: cuatro cortitos y dos frascos, todos con un dejo borravino sobre el final. Una gata que va y viene de la cocina y una cantidad no deseada de autos que pasan y no precisamente desapercibidos. Una pregunta que circula y una respuesta que se construye con la opinión de cuatro o cinco y el asiento, por cabeceo, del resto. En esa terraza, no hay uno que dirija la batuta. Cada uno parece un instrumento que suena muy bien solo, pero que en banda la descose.

La puerta la abrió una cara desconocida. Remera naranja, pantalones a la rodilla y ninguna presentación porque las cosas estaban claras: él era parte de Desde el Mar y nosotros éramos parte de la revista que quería entrevistarlos y robarles unas poses.

Tras una escalera con obstáculos, un beso, otro beso, las gracias y el motivo de la reunión: saber por qué siete bandas marplatenses se juntaron y crearon un sello de gestión colectiva en una ciudad que, aparentemente, muere por lo de afuera, se pilla por lo porteño, sale poco en invierno y trabaja mucho en verano.

Convencidos de la potencialidad de los artistas, el público y la música emergente de la ciudad, Simmur, Luzparís, Tantra, SLNT, Alfonsina, Zoot y Venus de Milo balancean el show lanzamiento de “Impermanente” y reparten tareas para el 5to festival de Desde el Mar.

–¿Que dónde será?, pregunta AJO.

–En el Muelle de los Pescadores, en pleno julio.

Si eso no es “plantar bandera marplatense”, como ellos mismos definen a su misión, que el último apague la luz y se toque una de Machito Ponce…

Efecto Mamuschka, pero al revés

De lo general a lo particular, Desde el Mar es un proyecto artístico que surge en Mar del Plata en 2011 y que se gestiona colectivamente. Tiene dos grandes frentes de trabajo: producir y editar material discográfico y montar recitales que superen el formato -pelado- del músico tocando y el público mirando. En este caso, la propuesta es pensar estratégicamente, con creatividad y tiempo, cada puesta en escena.

Desde el Mar no surge porque las bandas que lo integran no tengan dónde editar sus materiales. Tampoco existe por oposición acérrima a la industria discográfica de las multinacionales, de Sony y Universal. Desde el Mar nace como espacio de trabajo y articulación de un par de bandas que se preguntaron por qué no y se contestaron que sí.

Como dijo Diego Montoya, integrante de Luzparís y mentor del nombre del proyecto, Desde el Mar “no es un sello tradicional, sino que funciona al revés: los artistas que tocan son los mismos que se editan”. Pero no son los únicos.

Aunque no hay datos precisos, porque no se ha realizado todavía un censo federal, se estima que en Argentina hay más de 120 sellos independientes: 45 de ellos son de gestión colectiva. Así que Desde el Mar forma parte de un movimiento nacional que, por fuerza y crecimiento, llevó al Ministerio de Cultura de la Nación a crear “Recalculando”, un programa de apoyo, profesionalización y fomento de la música emergente en el país. Actualmente, 23 proyectos fueron seleccionados para contar con asesoramiento en materia de circulación, formación, visibilidad e intercambio, a partir de encuentros federales, entre los distintos sellos.

Según muestra el mapa, también hay propuestas discográficas de gestión colectiva en Salta, Neuquén, Ciudad de Buenos Aires y Godoy Cruz; en Rosario, Formosa, Córdoba y Resistencia; en Tandil y City Bel y en La Plata y Mendoza.

“Somos parte de una corriente. Desde el Mar es parte de un momento, de una época. Si bien siempre existió el movimiento independiente, el ´hazlo tú mismo´, hace un tiempo que hubo un cambio más. El nuevo paradigma es ´hagámoslo juntos´”.

Músico gestor no se nace, se hace

En Mar del Plata hay otros sellos independientes, incluso de músicos amigos, pero su forma de gestión es distinta a la de Desde el Mar, que eligió la fuerza colectiva y el trabajo en horizontalidad.

En el sello hay bandas que tienen más de una década de escenarios y que de manera aleatoria, durante años y años, se cruzaron en la Vinoteca, hicieron fecha juntos en la Mula Plateada y se mantuvieron en contacto “ por si el cable, el parlante o el técnico que te hace el sonido”. Ninguno sabía que en esos gestos de solidaridad se estaba incubando una futura organización, una banda de bandas, como definió -lindo y cortito- Leo Ferro, de SLNT.

El primer contacto con la historia de Desde el Mar fue a través de Diego. La cita fue un lunes de febrero a las tres de la tarde cerca de la Universidad. Sólo dos bares estaban abiertos: uno con más pinta de aburrido que el otro. Elegimos el del toldo rojo, el que está más pegadito a Roca, la calle cortada. Una gaseosa, una cerveza y a tratar de neutralizar los vozarrones de un grupo de estudiantes de ¿arquitectura? que hablaron por casi dos horas a los gritos. En cambio, el comensal contiguo contempló, sin emitir sonido alguno, la mitad de la charla. Luego, saludó. En una de esas, se aparece en el próximo festival.

-¿Qué es un sello de gestión colectiva?

–Es como una empresa que genera producciones discográficas, pero con muchos más aristas y de manera independiente, sin plata de terceros. Los terceros, en este caso, somos nosotros mismos: nos juntamos y formamos una unidad que se encarga de todo. Se puede producir una banda desde cero, hacerla ensayar, grabar y editar sus materiales. También podemos hacernos cargo de distribuir los discos y encargarnos de la campaña de difusión. Además, pensamos las puestas en escena, las estéticas y un millón de tareas más.

Ese millón de tareas más significa manejar las redes sociales, el correo electrónico, pensar el diseño gráfico, montar la organización y logística con la sala donde se realizará el show y contratar y armar el sonido. Vender entradas, abrir la puerta, garantizar la prueba de sonido y, llegado el caso, servir el catering. Los viajes para cruzar experiencia con otros sellos, la personería jurídica, los recursos económicos y el vínculo con el Estado y los privados. “Un músico que no sólo se ocupa de los acordes. Un músico gestor”, define Diego.

Una banda de bandas bis

Los acordes de la gestión

La gestión colectiva implica organización. La organización, cuando la rueda gira aceitada, deviene en orden y eso permite proyección. Y qué linda es la proyección para una organización colectiva. Sin embargo, por todo lo que tiene que convivir con cierta coherencia bajo una misma estructura de funcionamiento, qué complejo es planificar y ejecutar con orden.

Cuando el día a día se va en preguntas para las que hay que construir respuestas o en intentos, muchas veces fallidos, de estructuración del trabajo, aparece el desgaste o la urgente modificación del organigrama “para ver si sale de una buena vez”.

Pero hay que hacer una aclaración para no incurrir en injusticias: esto no pasa porque se trata de una horda de desbolados que no saben organizarse y entonces ponen en riesgo su propio proyecto. No. Esto ocurre, en parte, porque no estamos educados, en casi ningún área de conocimiento, para gestionar y tener la opción de no ser empleados y encima vivir de lo que nos vuela la cabeza.

Claudia Villamayor, docente de la Universidad de La Plata y facilitadora de procesos de gestión en radios comunitarias en Argentina y América Latina, dijo una vez: “La gestión es arte y creación. Compromete la cabeza, el cuerpo y las emociones de los integrantes de ese espacio. Lleva tiempo construir una voz y organización colectiva. Hay que probar y hay que permitirse ser únicos, porque cada organización es única: crea su estructura, levanta su voz y termina de definirse en el entorno, junto a la comunidad donde se desarrolla”.

A todo esto, ¿cómo se organiza Desde el Mar?

Maru, de Tantra, lo resume rapidito y muy gráficamente: “Cuando arrancamos, parecíamos un equipo de fútbol: todos atrás del mismo cable. Pero después nos dimos cuenta que eso no servía y que teníamos que repartir tareas”.

Cuatro años después de ese “picadito”, Desde el Mar funciona por “Departamentos” y con una reunión semanal donde se ponen en común los trabajos de las áreas y se discuten los temas troncales del sello. En la mesa de la terraza, hay al menos un representante por banda. Y a ellos se suman, sobre todo en el último tiempo, algunos compañeros que sin tener banda, apuestan y forman parte del proyecto. Nicolás, que pasa música, y Nacho, que es actor, son dos buenos ejemplos.

Aunque el número varía según el acontecimiento, en Desde el Mar funcionan cuatro Departamentos de manera estable: Diseño, Comunicación, Logística y Sonido y MGNT, dedicado a la producción general y al papelerío del sello.

Actualmente, los Desde el Mar discuten su figura legal. Asociación Civil, no. Cooperativa, por ahora tampoco. Qué, entonces. El tema no los apasiona, se les nota porque lo cuentan con cierto desgano. Sin embargo saben que el debate lo tienen que dar. Posiblemente, lo tomen como otra instancia formativa: de eso también se trata el “músico-gestor”.

¿Por qué desde Mar del Plata al mundo?

En el reino del ser marplatense, hay dos grandes corrientes, pese a los mil grises: está la criatura local que defenestra “lo de acá” porque es “menos que lo de allá”. Ellos son los que consumen importados. Y está el marplanauta arengador, esa especie de fanático costero que encuentra en la ciudad mucho de lo que precisa para vivir. Ellos son los que también adoran a Mar del Plata en invierno, por “ese qué se yo, viste” del tanguito de Piazzola.

Aunque con sus matices, los muchachos de Simmur, Luzparís, Tantra, SLNT, Alfonsina, Zoot y Venus de Milo forman parte de la segunda camada. No sólo porque sus músicas tienen aire de costa, rambla y Casino. Ellos saben que la nostalgia de algunos temas es productor del ánimo de la ciudad. Integran la corriente del marplanauta arengador porque construyen identidad. Juntas o por separado, las bandas que sostienen Desde el Mar confían en que hay que hacer base, en que “hay que plantar bandera” porque “acá hay con qué”.

Para eso, hicieron que una serie de elementos se combinen. Por un lado, aprovechan –para dar potencia a los grupos y el sello- las bondades de las redes sociales y nuevas tecnologías. Según cuentan, la irrupción de internet les permite mostrar su música, tejer relaciones, promocionar sus shows y vender los discos, todo desde Mar del Plata.

Por otra parte, saben que en la ciudad hay músicos y oyentes inquietos. El éxito del Festival de Desde el Mar lo demuestra: dos, tres, cuatro, cinco días y noches a sala completa en pleno invierno. “Hay gente que escucha lo de acá”, jura Leo Ferro, remera rayada, pantalón ajustado, pelo corto y voz suave.

Pero ojo, porque nada de esto sería posible sin calidad y perseverancia. Al menos eso aclaran los Desde el Mar cuando hablan de las condiciones con las que se proyectan desde lo local. Y en esa línea es que apuestan a pensar shows que cierren, en lo posible, por todos lados. Para eso, piensan en el músico, pero igual o más en el público: “Para ellos, una puesta en escena, un concepto en el escenario”.

“Si bien impulsamos lo nuestro, por lógica, tratamos de hacer ver que Mar del Plata tiene una movida. Y esa movida te hace no estancarte. Te permite subir la vara, no desde la competencia, pero sí como ejercicio para seguir construyendo calidad en Mar del Plata. Y eso es un click del último tiempo: las bandas entendieron que tienen que hacer cosas de calidad. Tenés que producir integralmente, tenés que detenerte a pensar el cómo de una producción”, explica Diego.

Según agregaron los Desde el Mar, eso también es viable porque el “paradigma de la bandita de Mar del Plata cambió”. “Antes ibas a ver una banda local e ibas a ver algo más o menos. Venía Masacre y pagabas la entrada porque sabías que ibas a encontrarte con algo producido, bien puesto. Las bandas de acá empezamos a producir con dignidad y eso fue valorado por la gente. Hicimos al revés: en lugar de preguntarnos para qué hacer esto si no viene nadie, empezamos a entender que quizás no venía nadie porque no estábamos haciendo cosas buenas. Nos copamos y la gente empezó a responder”.

“Se trata de subir la vara”, razona Diego y el resto de sus compañeros se ríen. Al parecer, el cantante de Luzparís es devoto del término: para él, la “vara” es antes y después, es desafío y calidad de trabajo.

Música sustentable: ¿chau CD?

Toda organización precisa financiarse. Para hacer y pegar afiches, para solventar pasajes, para pagar un flete o sostener una fiesta. En todos los casos, se necesitan recursos, que a veces se llaman dinero y a veces, salas, cables, parlantes o traslados.

¿Qué vínculo tiene Desde el Mar con el Estado? ¿Y con los privados? ¿De qué modo logran financiarse?

“Con la secretaría de Cultura de Nación, a partir de la experiencia de Recalculando, tenemos una buena relación. Saben quiénes somos y cómo trabajamos. A nivel recursos, nos han ayudado y no siempre con dinero que entra derecho al sello. Nos han garantizado, por ejemplo, recursos para poder realizar charlas o para nosotros poder participar de otras”, comenta Ariel Di Rocco, guitarrista de Alfonsina.

 “Con Provincia no tenemos ese trato, pero tenemos que decir que este verano nos han sumado a muchos recitales en el Museo MAR. Para nosotros, esa convocatoria es muy importante. No sólo porque nos tienen en cuenta, sino porque es la manera de hacernos ver y escuchar desde Mar del Plata”, dice Nacho, el actor de lentes enormes, y Diego aclara: “A nosotros no nos genera contradicción vincularnos con el Estado. No estamos haciendo partidismo política. Estamos hablando del Estado. No confundamos y tampoco idealicemos: no nos dan un maletín con plata. Muchas veces, la gestión con Nación, Provincia o el Municipio tiene que ver con traslados, pasajes, salas. No siempre es plata”, remarca.

¿Y qué hay de la venta de los discos y los shows?

Maru responde sin repetir ni soplar: “Nuestra ganancia son los vivos, no los discos”.

Una banda de bandas

De hecho, en Desde el Mar discuten “qué hacer con el soporte”. “Lo estamos charlando, pero creemos que esa no es una definición del sello, sino de cada banda”, responde Emiliano Méndez, de Zoot, el que abrió la puerta de casa.

Hace unas semanas, como consigna del Club de los Perdedores, una sección de Maldita Radio, un programa que se emite en Metro y que este año festeja sus 15 años de radio en la ciudad, se preguntaba a los oyentes si “regalar un disco (CD) es de perdedor”. La mayoría contradijo al conductor, provocador él, que votó afirmativamente.

Sin embargo, la consigna devino en intriga: ¿Ya nadie paga por la creación de los músicos? ¿El tema, los discos, dejaron de ser fuentes genuinas de financiamiento de los proyectos musicales?

Así la piensan los Desde el Mar: “Nosotros somos músicos, pero también somos consumidores de música. Y es cierto que casi nadie paga por descargar música. Pero quizás hay que pensar cómo está la industria y el mercado y ver qué hacer para que la gente se interese por pagar música de Mar del Plata. No queremos dejar de apostar a eso y también queremos matar a los intermediarios. Por eso pondremos un carrito de compras en la web. Lo que sí sabemos es que vamos a tener que ser creativos al momento de pensar cómo hacerle llegar la música a la gente. Cómo se lo vamos a acercar. Hay mil maneras. Pero hay que activar la creatividad para diferenciarse. Todavía hay gente, y posiblemente la haya siempre, que compra discos”, remata Diego.

Hay proyectos que apelan al interlocutor para financiarse. Hacen participe al público del sostenimiento del proyecto. “No nos vendemos porque vos nos bancas”, reza Revista Mu, de la cooperativa La Vaca, que integra Arecia, una organización de publicaciones culturales e independientes que lucha por una legislación que contenga estos espacios de producción emergente.

¿Los Desde el Mar apuestan a eso mismo?

Nacho toma la posta: “Nosotros tenemos que encontrar la manera de transmitir que queremos saltear los intermediarios. Tenemos que generar ese discurso. Pero nosotros no tenemos que lograr que se compre el disco porque lo hace este sello colectivo, sino porque la música está buenísima”.

“Sí nos apoyamos en eso cuando hacemos el Festival. Pero antes y después, la propuesta es hacer buenos discos y buenos shows”, completa Leo.

Acá están los artistas

Lo que iba a ser un intercambio cortito se convirtió en una entrevista ampliada: 10 personas frente a un único grabador. La cosa llevó tiempo; tiempo robado a la reunión semanal del sello. Así que cuando la campana sonó, el micrófono se apagó. Pero antes, lo que sigue y vendrá con Desde el Mar.

A diferencia de años anteriores, en este 2015 –y como parte de la madurez de la organización interna- el grupo planificó en cartulinas. Tienen por escrito los desafíos y las tareas del año. “El objetivo es que se vean los artistas. El sello parece consolidado, aunque haya que seguir metiéndole. Hoy podemos usarlo como respaldo para promover las bandas, la música de los grupos. Así que planificamos la salida de nuevos materiales, con sus respectivas presentaciones. También vamos por el quinto Festival, que fue el principio de todo y el mejor modo de que tenemos de presentarnos”.

Ir a la barra de herramientas