Cura para el trabajo insalubre

Allá, al fondo, donde pocos marplatenses llegan, hay una montaña de basura en la que trabajan personas. Algunas lo hacen en la Quema y otras, en una planta municipal de reciclado que administra Cura, una cooperativa con 10 años de vida. Cómo es trabajar entre montones de bolsas, plásticos y mugre.

Por Federica Gonzalez

La cooperativa Cura (Común Unidad de Recuperadores Argentinos) cumple 10 años, pero su historia -aseguran los trabajadores- no siempre fue cooperativa. Hasta 2009, contrariamente a sus principios teóricos, no funcionó bajo las lógicas de la unidad voluntaria, la empresa social y el control democrático de sus acciones.

Sin embargo, desde ese año y tras varias instancias de formación en administración y gestión, un grupo de recicladores tomó la decisión de cambiar el rumbo de Cura, de convertir a la cooperativa en un espacio más digno de trabajo, pese al montón inmundo de residuos que lo rodea.

Camuflados bajo las vestimentas que estén a disposición, batallan hora a hora a un costado de la avenida Antártida Argentina. Son unos 70 trabajadores los que reciclan basura en un galpón para ganar no más de 200 pesos por día. Mientras, afuera, a unos cuantos metros, otros tantos hombres y mujeres revuelven mugre en la Quema, el fatídico basural a cielo abierto de Mar del Plata. Muchos, como es de esperar, sueñan con ser parte de la cooperativa alguna vez.

En la Planta Municipal de Separación y Clasificación de Residuos Sólidos Urbanos, como gustan llamar los funcionarios al galpón del basural, la privatización de los servicios públicos consiste en lavarse las manos. Y es justo que aparece allí, la gente que se las ensucia.

 

 

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