Usted también sobra

El ajuste de la gestión Cambiemos no se detiene. Telegramas de despidos siguen llegando a las casas de trabajadores y trabajadoras del sector público y privado. Una crónica con historias para conocer el costo humano de la “modernización” neoliberal.


Fotos: Nicolás Villalobos Slepoy

Un sentimiento extraño. El 26 de junio, Lucía Ríos, tuvo un sentimiento extraño: un apretujón en el estómago, el estrépito de un escalofrío, la sensación de vacío, los ojos vidriosos. Se enteró que fue despedida de Télam, la agencia nacional de noticias.

También otros 356 compañeros, casi el 40% de su planta.

Aquel día, martes, la selección argentina jugaba su tercer y decisivo partido contra Nigeria por el Mundial. Fue la última noticia que la agencia cubrió. La misma mañana, los trabajadores desplazados se movilizaron de inmediato a los dos edificios del medio estatal, junto al sindicato de prensa.

—Todos juntos compañeros, todos juntos.

Circulaban las consignas por mensajes de WhatsApp y al llegar a las puertas decidieron, en asamblea, una permanencia pasiva en las instalaciones del organismo.

—De acá no nos movemos.

Decían para exigir, primero, una explicación por parte de sus autoridades, que tardó en llegar, y luego la reincorporación de los 357 trabajadores, que no llegó. Ese día, también, quienes no fueron despedidos recibieron un mail institucional de recursos humanos: “¡Felicitaciones! Sos parte de la nueva agencia Télam”.

Lucía, la misma tarde, volvió a lagrimear.

Es un miércoles de julio. Hace catorce días que los ahora ex trabajadores y ex trabajadoras permanecen en las dos sedes de Capital Federal para reclamar sus puestos de vuelta. Télam está paralizada, no cubre, no informa. Hay banderas en las paredes que dicen “vaciador” junto el nombre de Hernán Lombardi, titular del Sistema de Medios Públicos. También, retratos de los despedidos, en pequeñas fotos, cubren el resto del lugar, con una mirada escrutadora, como si hablaran y dijeran “acá sigo, acá estoy”.

En el portal web del medio, Argentina aún debe jugar contra Nigeria por su tercer partido y, al costado, un comunicado especial de sus directivos, dice: “La agencia tiene futuro” y acumula distintas razones para las desvinculaciones: “Hay que modernizarse y rodearse de profesionales”, “Luego de una minuciosa evaluación”, “No responden a nuestro perfil”, “Había un despilfarro”, “La nueva Télam será confiable”.

Diputados nacionales de distintos partidos se acercaron hasta una de las sedes en San Telmo. “Un abrazo simbólico”, explicará Lucía Ríos, entre el enjambre de periodistas y fotógrafos que se avalancha sobre los legisladores, dentro del edificio. Desde los despidos, las noticias penden de un hilo. Y es verdad: titulares publicados en Télam sobre feminismo, escritos por periodistas desplazadas, cuelgan del cielo raso, vetusto, y sobre la cabeza de dirigentes políticos: Axel Kicillof da una nota y pide la unión entre los diferentes partidos para frenar el ajuste debajo de “Otro femicidio en Mendoza” . Nicolás del Caño, del FIT, explica la estrategia neoliberal del Gobierno y, de reojo, mira arriba las “Masivas movilizaciones de Ni Una Menos en todo el país” .

—Ellos nos subestimaron mucho. Pensaban que nos íbamos a quedar en nuestras casas sin pelear por lo que nos corresponde.



Así dice Lucía, de 32 años, cuando le pregunto en un bar cercano si no temen que la policía los saque a la fuerza. Habla firme, los ojos negros como dos pasas de uvas y el pelo largo, encrespado, de igual color. Hace siete años que trabajaba en la agencia y no, no nos vamos a rendir hasta que reincorporen a todos y todas, repite, incansable.

—Desde que asumió el macrismo, apostaron al crecimiento del organismo. Capacitaron a mucha gente. Una periodista de internacionales fue seis meses a China para especializarse, otros cuatro compañeros ya manejan y operan drones. Invirtió en equipamiento, cámaras, computadores, islas de edición. Había una buena expectativa y terminan echando a la mitad de sus empleados, asegurando que es por la crisis presupuestaria. Rodolfo Pousá, actual presidente, dijo que quería ser la nueva BBC de Londres, que nos duplica en cantidad. ¿Cómo podes ser un ejemplar medio de comunicación nacional y público con tan pocas personas? Por eso decidimos esta medida de fuerza.

Lucía aclara que acá hubo, también, una “persecución” hacia la gente que participaba dentro del sindicato de prensa, que es mentira que no hay profesionales o que sobra gente.

—Desvincularon a personas muy capacitadas, algunos con premios importantes. Hubo un señalamiento de los que participaban en los sindicatos. Sabemos que el actual gobierno quiere limitar el poder de las organizaciones, pero medidas como ésta sólo hace que nos unamos más. La cantidad es irracional.

Sigue hablando y explica las actitudes frías de sus jefes días antes del despido, la llegada de su telegrama el 26 de junio, el abrazo fuerte que le dio a su hijo pequeño y su pareja, la lucha junto a sus compañeros, las lágrimas por su compañero “Quique”, también desplazado, pero, de repente, calla. El silencio de haber visto un reflejo gótico. Clava los ojos hacia arriba, una TV prendida en un canal de deportes.

—Perdón, es que pasaron una propaganda del Mundial con un micrófono de Télam. No caigo, a veces. Duele verlo desde afuera.

El 13 de julio, el juez nacional de Trabajo, Ricardo Jorge Tatarsky, ordenó la reincorporación de cinco trabajadores, al hacer lugar a una medida cautelar pedida por los gremios de prensa. Dicha medida sentaría jurisprudencia, también, con respecto al resto de los despedidos en caso que Télam acate la decisión. La respuesta todavía no llegó, pero sus trabajadores creen que será negativa, dejando las cosas igual: empleados sin puestos, para una Télam sin periodistas.

Las noticias penden de un hilo.


* * *

Cinco años de Sociología en la Universidad Nacional de Buenos Aires, dos para su Magister en Ciencias Sociales, cinco como becaria Doctoral del Conicet y uno más como becaria Pos-doctoral. Mercedes Krause cumple 13 años estudiando e investigando. Es 2016, tiene 30 años y está embarazada. Las becas no alcanzan para el alquiler. No tiene vacaciones, aguinaldo, aportes jubilatorios o un contrato formal del trabajo. Es hora, pensó, luego de tantos años y esfuerzo, de lograr el sueño académico para una científica: ser investigadora permanente del Conicet. Ese año, el organismo dirigido por el ministro de Ciencia y Tecnología de la Nación, Lino Barañao, cerró las plantas para investigadores. No más cupos. “No vean sólo este lugar como el único para trabajar”, declaró Barañao, luego de algunas manifestaciones. Pero, en el país, no sobran (históricamente) puestos para los investigadores. Entonces, Mercedes, comprendió:

Es joven, científica y precarizada.

Jueves por la mañana, el cielo es un manojo de nubes grises. En el Polo Tecnológico de la ciudad, en Palermo, donde funciona el Conicet, casi 50 científicos becarios de distintas ramas están reunidos. Hay biólogas, físicos, sociólogos. Discuten eufóricos sobre lo mismo, como si investigaran todos juntos un tópico que los mantiene intranquilos, algo que no pueden resolver luego de tantos años de estudio: el “ajuste a la ciencia”.

—Somos 11 mil becarios del organismo en todo el país, más de la mitad de los empleados. Pedimos que se respeten nuestros derechos laborales básicos: cobrar en blanco, tener aportes jubilatorios y un salario que no esté por debajo de la línea de pobreza. Además, no podemos dedicarnos a otro empleo, ya que no está permitido. Incluso, tenemos que pagar gastos laborales: congresos, seminarios obligatorios. También otros como jardín maternal u obra social. Las autoridades dicen que no pueden absorber a todos los investigadores para pasar a planta, que nos vayamos a otro lado. Pero en Argentina no hay otros lados, no es que somos unos caprichosos.

Dice Mercedes Krause, en un hilo de voz suave, pausado. Es parte de “Jóvenes Científicos Precarizados”, una organización creada en 2005 que lucha a favor de los derechos de investigadores e investigadoras. Ella y otros integrantes tienen hoy una reunión con representantes del Conicet, dentro del edificio. La actualización de sus paritarias, entre otros puntos, es el objetivo a lograr.

—Un aumento del 15% en tres cuotas es lo que se nos dio. Con la inflación descontrolada, es una miseria y por eso accedieron a reabrir la negociación, aunque hoy no estarán los directivos.

Mercedes se dedica a explorar las clases sociales. La presencia de atributos particulares de clases en la vida cotidiana y, también, los modos en que se reproduce a nivel hogar.

—Hago entrevistas biográficas con familias que tengan una historia de reproducción en la misma clase, para ver cómo se transmite esa cultura a nivel de las prácticas cotidianas.

En 2016, luego de terminar su beca Pos-doctoral, y al no haber planta para investigadoras, quedó sin trabajo.


—Aquella primer camada de despedidos tomamos el Ministerio de Ciencia durante siete días y conseguimos un acta acuerdo, donde ellos se comprometían a encontrarnos trabajo en otro organismo. Yo ingresé al Instituto Gino Germani, pero hay compañeros que todavía no fueron ubicados. Siempre fue un lugar problemático para los becarios, que son el futuro científico del país. Eso incentiva a querer irse y volver a la fuga de cerebros.

Termina de decir esto y la llaman para entrar a la reunión. Se va.

Indignación. Agustina es bióloga y dice sentir eso. Viste un buzo rojo y su pelo es rubio, pulcro. Se acercó para acompañar el reclamo porque no entiende como el Estado no apoya a la ciencia.

—Luego de haber invertido tanto dinero en mi formación, primero en la universidad pública, luego con la beca del Doctorado, el Pos-doctoral después y no tener posibilidades de continuar, es indignante. En el resto del mundo, los becarios tienen un contrato laboral y acá es una precarización encubierta.

Argentina invierte entre cinco y siete veces menos en investigación y desarrollo que los países más innovadores, según un último informe de la Unesco. Sólo el 0,6% de su PBI se destina a la ciencia, en tanto que, en Israel y Corea del Sur, quienes lideran el ranking, es del 4,3%.

Mercedes y su grupo salen de la reunión. Juntan a todos, forman una ronda. Un vocero toma la palabra, explica lo que hablaron, los reclamos exigidos, que no había directivos que tomen decisiones, que se comprometieron a rever los sueldos, pero a sus tiempos.

—Hay que seguir la lucha. Esto tiene para rato, pero no hay que ceder, debemos seguir presionando. No bajemos los brazos ahora —pide, mientras recibe un aplauso tímido.

Las caras son de tedio, cansancio. Pero, parece, entienden la situación.

Son jóvenes, científicos y precarizados.


* * *

Christian Flores disfrutaba ver la llegada de los barcos al atardecer bajo la penumbra de un sol naranja, tibio, que se reflejaba en el horizonte. Los navíos arribaban a la escollera y él se acercaba animoso, llevando bidones de agua que los tripulantes tomaban de un saque, entre anécdotas fluviales. La postal perfecta de un día de trabajo en el Puerto de Buenos Aires. Hoy, diez años después, aquel atardecer estival se volvió una tormenta impetuosa.

El 15 de julio la empresa Terminales Río de la Plata (TRP), que opera en el Puerto de la ciudad, presentó ante las autoridades del Ministerio de Trabajo un pedido de Procedimiento Preventivo de Crisis. En caso de ser aprobado, 160 trabajadores serán suprimidos.

—Los telegramas ya se enviaron, donde se advierten las posibles situaciones de despidos. Veníamos intuyendo la problemática. La crisis empezó por terminales, que es la división que hay en el Puerto, donde operan las distintas empresas concesionarias. Comenzaron a limitar paritarias y a reducir personal. Primero fue en la 5, después la 4 y ahora la 1, 2 y 3 que corresponde a TRP. Pero sólo con palazos de la policía nos sacan de acá.

“Acá” es una carpa térmica donde hace 17 días Christian Flores, de 38 años, junto a otros trabajadores, iniciaron una medida de fuerza para resistir la decisión de la empresa. Cuando se enteraron, resolvieron junto a distintos sindicatos portuarios hacer un acampe permanente hasta tener la certeza que no van a despedir a nadie.

—Nos vamos turnando y haciendo guardias. Esto lo hacemos por todos los compañeros. Estamos sufriendo las decisiones de los empresarios que buscan, con este nuevo gobierno, eliminar los derechos laborales ¿Cómo una multinacional puede decir que hay crisis cuando sale ganando todos los días con la suba del dólar? Yo hace diez años que trabajo acá. Arranque llevándole agua a los que están en los barcos y ahora soy supervisor en otro sector. A mí no me la van a contar. Acá hay otra cosa.

TRP es un holding de empresas multinacionales conformada por DP World, Latin American Infrastructure Fund y otros socios internacionales. Posee la concesión para la explotación portuaria de tres terminales hasta octubre de 2020. Luego, el Estado puede licitar.

—Acá hay un negocio inmobiliario muy grande. Muchas empresas quieren tener su lugar en el Puerto de Buenos Aires y los trabajadores quedan en el medio. Queremos que se nos garanticen los puestos hasta la fecha estimada y luego el Estado verá qué hace, pero nosotros no podemos quedar excluidos de eso. Nuestro promedio de edad es de 40 años. Estamos fuera del mercado laboral. La maqueta que está en la AGP ya nos confirma que no nos quieren.



La AGP es la Administración General del Puerto, que dirige Gonzalo Mórtola, elegido por la gestión de Cambiemos. En su oficina, explican los trabajadores, luego de varias reuniones, está la maqueta para el proyecto del “Nuevo Puerto de la Ciudad”. Hay nuevos ingresos para cruceros de lujo, traslado de edificios gubernamentales, pero donde deberían estar sus puestos de trabajo, dicen, hay un espacio en blanco. Mórtola se define en su biografía como “emprendedor” y “en todo momento Jugador de Rugby”. Jugó en el Colegio Cardenal Newman, el mismo al que fue Mauricio Macri. Y su proyecto más ambicioso es la “modernización del Puerto”.

—Nosotros coincidimos en que hay que modernizar. Pero capacitarnos a nosotros para operarlo. Creemos que el Estado está jugando el juego de la multinacional. Afortunadamente, tenemos el apoyo sindical: ya vino a la carpa el Secretario General de la CGT, Juan Carlos Schmid, también Facundo Moyano (diputado nacional). Estamos fuertes y unidos. De la carpa, nos sacan de dos maneras: con el acuerdo firmado de mantener los 160 puestos o con los balazos de goma de la policía.

* * *

El ajuste y los despidos de la gestión Cambiemos no se detienen. Al cierre de esta nota, ya circulaban nuevas bajas en la biblioteca del Congreso y Vialidad Nacional, como entes estatales, y en las empresas privadas Farm Frites y Barrier Solution . Cuidado. Usted también sobra.

#APORTÁ A REVISTA AJO