Blade Runner

Aguafuertes marplatenses de un renegado periodista nacido en el Interzonal. Ojo de halcón que ve en simultáneo el plano general y el plano en detalle (que es lo mismo que decir: Jorge, el que no puede dejar de encontrar el pelo en la sopa).
Jorge Kostinger Blade Runner

Foto: Juan Pablo BucetaRomina Elvira

Cada vez son más los que corren, cada vez corren más. El número de runners crece como una bacteria adicta al ácido láctico, a la vera de la costa. Ropa carísima ceñida al cuerpo; ropa que se dice indumentaria, levanta las cachas y afina las gambas, ropa que parece uniforme.

Allá va una mujer promedio. Lleva el pelo bamboleante atado en una coleta, visera y gafas de sol. Lo que queda al aire de su carita parece de piedra, en un gesto de no me jodan estoy corriendo. Su mediana estatura se embute en el atuendo negro: el culo parece un par de aceitunas enfundadas, los tobillos de gorrión, los pies metidos en altas llantas fluorescentes.

Quinientos metros por detrás (la distancia a la que podría acceder quien suscribe sin que tengan que llamar a Vital) viene un tipo promedio. La mujer de antes no se, este tiene una cara de garca que mete miedo. Llega, se baña y echa a alguien. Rubión, pelo corto. Él va desabrigado pese a que en esta ciudad es casi siempre invierno. Chiva una remera verde flúor, pantalones cortos, piernas torneadas de un color que no se me da. Fu fu fu resopla acompasado este tren de la salud.

Hay lobos solitarios y también hay grupos, tribus, manadas, teams. Se los ve en el Parque Primavesi dando la vuelta azuzados por una voz imperativa, se los ve elongando al borde del contorsionismo y del divorcio. Nunca falta entre ellos algún Di Stéfano, anciano venerable que saca a pasear altivo sus muchas décadas de entrenamiento, demostradas con sus patas magras de cordero patagónico.

Son todos K. 10K, 15K, 21K, 42K, pocos llegan a un mega. Está cuasi prohibido decir mil, está mal visto medir en cuadras. No imagino a un runner de izquierda, no se me antoja que en la carrera se den cita pobres. Prejuicioso que soy.

¿Qué hay detrás de este fenómeno creciente, aparte de las endorfinas que libera la actividad física y el anhelo de superación personal, eh? Algún día lo sabremos, cuando les preguntemos. Hasta que eso llegue, con una excelente crónica de alguno de los egregios redactores de esta revista, divagaremos enchastrados de ignorancia como es de uso en muchos medios y en las redes sociales. Sin ofender.

Mientras trato de fumar un pucho con el encendedor que sistemáticamente me apaga el viento de la costa, pienso que algo de la afición por lo saludable se apropia de lo moral, es como un imperativo categórico, no una elección como tantas, sino la encarnación de lo que debe ser y algunos caprichosos todavía desobedecemos. La humanidad avanza hacia una toma de conciencia, ya no comunitaria y grandilocuente, sino saludable, individual y obvia.

Pero allí están para desmentirme las maratones solidarias, organizadas por oenegés. Esos días especiales, miles de corredores alegres llevan remeras que concientizan sobre -por caso- algún tipo de cáncer. ¿Podría pasar que algún porcentaje gordo de runners, ya de civil y con sus votos, avalen reducciones presupuestarias para ciencia y tecnología? Cómo saberlo. Pero la ciencia un día podría curar el cáncer, está comprobado que puede ser más efectiva que las cintas de colores.

Allá viene una pareja. No son runners, creo. A él le dio un bobazo y el médico lo mandó a caminar. Su amada esposa le hace la gamba y vienen los dos a paso ligero, pero en cualquier momento paran; no dan. Se nota por la ropa (él se puso la malla) y por el blanco venoso de las pantorrillas que la actividad marital es muy reciente. Chau asados, chau vino, chau pucho, hola galleta de arroz, hola milanesa de soja, hola semillas de chía que recomendó la cuñada. Esto sí que es vida. Ahh sí.

En cambio aquellos dos se visten como il faut. Se compraron el atuendo en composé. Dos gorras, dos pares de anteojos, todo así, negro y flúor. Veinte lucas mínimo. Algo tenían que hacer juntos y pintó esto. Hay que hacerse el tiempo, que viva el amor.

Quién es uno para juzgar los circuitos de la felicidad que cada quien elige. Sigan corriendo chicas y chicos de todas las edades, vayan por nuevas metas, supérense, just do it, impossible is nothing, come together now, come together now.

Me voy a mi casa coreando a Lennon. Capaz que un día se me da por correr. Tengo que comprar fiambre antes de que cierre el chino.