¿Déjà vu en el Concejo?

No es la primera vez que el Concejo Deliberante vive una crisis que tiene a su presidente en la mira. Lo que sigue pasó hace 23 años y es una muestra más de que, más allá de la superficie, abajo hay un sistema que cruje.

Deja Vú HCD
Fotos: Revista Ajo

Un presidente del Concejo Deliberante que quiere ser intendente. Una polémica ordenanza para ampliar un hotel. Una negociación que lo complica. Dos colaboradores que hacen su aporte para hundirlo y un recinto que clama su renuncia. Los elementos son casi los mismos. Pero esta historia no se sitúa en mayo de 2014, sino en marzo de 1991. El hotel involucrado no es el del sindicato de camioneros sino el Continental. Y la protagonista no es la radical Vilma Baragiola sino un peronista: Pascual Scotti.

El Concejo de Mar del Plata se repite a sí mismo. 23 años antes de que surgiera el video que exhibió a Baragiola junto al secretario del Concejo, Antonio Costantino, y al asistente de prensa, Emiliano Mensor, en una reunión con la secretaria general del sindicato de Camioneros, Eva Moyano, la política local se escandalizó con un caso que obligó a renunciar al hombre que ocupaba el sillón principal del cuerpo legislativo. No es un dato aleatorio que, como ahora, el intendente de turno fuese rival político del presidente del Concejo, caído en desgracia.

La noticia estalló en los diarios el 15 de marzo de 1991. Miguel Ángel Secco, argentino, casado, de 41 años, auxiliar del Concejo y vendedor de seguros, había quedado tras las rejas de la alcaidía de Tribunales por “asociación ilícita” y “tentativa de estafa”, mientras que José Alberto Nicolini, argentino, casado y de 63 años, sólo había evitado correr la misma suerte porque le supuraba una herida de una reciente operación y estaba en el Hospital Interzonal General de Agudos.

“¿Cómo es que un expediente de obra culmina con 20 policías, con teléfonos intervenidos, con seguimientos, con un escándalo tan grande que conmueve a toda una ciudad de manera tan inesperada? ¿Tan inesperada?”, se preguntó uno de los denunciantes en un documento que difundió en esos días. Y él mismo se respondió: “No se cometa el error de pensar que unos pícaros coimeros torcieron el rumbo de esta historia. No se lo piense, porque se cometerá un error”. Son líneas que pueden ayudar a entender lo que sigue, un episodio singular en la vida institucional de la ciudad.

Billetes sobre una mesa

Es martes y de noche. Alrededor de una mesa del café Central, en Luro casi Independencia, tres hombres hablan de política. Sin ideales, sin ideología, sin propuestas ni visión de futuro, pero hablan. Y toman café. Hasta que llega el momento decisivo, el que los tres esperaban, el que los tres habían planeado desde que la administración del intendente radical Ángel Roig empezó a poner reparos para avalar la ampliación del hotel Continental.

Uno saca un manojo de billetes que suman 15 mil dólares y lo entrega. Otro lo toma y lo guarda. El tercero consiente. Pero los que reciben el fajo se sorprenden cuando, como si hubieran surgido de entre las sombras, un grupo de policías vestidos de civil que estaban en distintos lugares del local, irrumpen en la escena. Lo primero que dice Miguel Secco cuando le piden que se identifique es que es “asesor de Scotti”. José Nicolini, en cambio, asegura ser “amigo personal” del presidente del Concejo.

El que les había entregado la plata era Horacio Ferro, el arquitecto encargado del proyecto de ampliación del establecimiento hotelero. Meses atrás, el mismo Ferro había presentado junto con Vicente Carretero, el propietario del hotel, la denuncia del pedido de coima ante el fiscal de primera instancia Carlos Pelliza, quien había informado al juez en lo criminal Reinaldo Fortunato.

Esa noche, al operativo lo organiza el comisario de la seccional primera, Ricardo Clavín. Los 15 mil dólares eran la mitad de la suma acordada para que la ordenanza fuera aprobada por dos tercios del Concejo, dicen las primeras informaciones. Pero no habrá segunda mitad, y la primera volverá al bolsillo del que salió.

El bloque de concejales peronistas, del que forma parte Scotti, no espera casi nada. Dos noches después del operativo en el café Central, emite un comunicado en el que solicita a Scotti que “presente su dimisión” a la presidencia del Concejo y que, “hasta tanto la Justicia determine los grados de responsabilidad, pida una licencia en sus funciones como edil”.

Archivo prensa

El documento, respaldado por todos los integrantes de la bancada, explica que “la situación afecta la credibilidad pública de los concejales peronistas firmantes” porque uno de los implicados es “un directo colaborador” de Scotti. Agregan que debe pedir licencia “en beneficio del ético ejercicio de la función pública delegada por mandato popular”.

El texto es dado a conocer justo después de una reunión de presidentes de bloque y de que los concejales Gustavo Pulti, del MID (Movimiento de Integración y Desarrollo), y José Luis Pérez, del PJ, solicitaran informes sobre los nombres y apellidos de los empleados involucrados, preguntaran a órdenes de quién trabajaban y reclamaran detalles acerca del grado de participación de cada uno de ellos en el hecho.

Scotti queda paralizado. “Me cuesta creer que Secco haya tomado una actitud de ese tipo”, dice. No es para menos: hace siete años que trabaja con él y no había escuchado ningún rumor que lo hiciera sospechar de nada. Incluso comenta que Secco últimamente no aparecía mucho por el Concejo porque “tenía que trabajar como productor de seguros para mantener a su familia”.

Influencias en venta

En la tarde del 15 de marzo, un día después de que su bloque en pleno se lo pidiera, el contador Pascual Scotti retira sus pertenencias de la presidencia del Concejo Deliberante, las mismas que había acomodado en diciembre de 1989, cuando sus pares lo eligieron para ocupar el sillón principal del recinto de sesiones. “No tengo nada que ver con el caso de coima”, jura.  Acepta que Secco “fue puesto” por él como auxiliar del bloque, pero aclara que no puede hacerse responsable de sus actitudes ni de la de ninguno de los que están a su cargo.

Está nervioso, Scotti. Lo notan los periodistas a los que, como si se tratase de su acto final en el cargo, recibe en el despacho de la presidencia. “Ya he informado a los presidentes de bloque. Les dije lo que sé sobre el caso, que es muy poco, realmente, porque hay secreto de sumario. Lo único que sé es que hay un colaborador mío que está preso”, les declara. “Si bien no hay causales para que me aleje, renuncio como presidente y pido licencia como concejal. Si hubo corrupción, fue la corrupción de un empleado. Nadie está exento de que se vendan influencias de un concejal, de varios concejales, o de todo el Concejo. Como tampoco de la Legislatura, de los gobernadores, hasta del presidente. Alguien puede ir y decirle a alguien ‘soy amigo de fulano y te saco tal cosa’”.

Los administradores del hotel Continental querían ampliar sus instalaciones para convertirlo en un establecimiento de mayor categoría. Scotti, mientras se va, asegura que no intervino en el tratamiento que le dio al proyecto de ordenanza la comisión de Obras: “Fue un trámite claro y cristalino, y hacía días que estaba la voluntad de que la ordenanza se promulgara. Por eso me pregunto qué es lo que se vendía aquí, qué influencias se vendían”.

Una socialista sube al trono

Sin demora, el Concejo se ajusta al artículo 84 de la Ley Orgánica de las Municipalidades: “En todos los casos, los vicepresidentes reemplazarán por su orden al presidente del Concejo y podrán convocar a los concejales cuando el presidente dejare de hacerlo”. La sucesora es, entonces, la concejal de Unidad Socialista María del Carmen Viñas, quien todavía no sabe (no puede saberlo) que 23 años después otra mujer se va a jactar de ser la primera en presidir el Concejo Deliberante de Mar del Plata. Y que nadie la va a desmentir.

Deja vu en el HCD II

Los pronunciamientos están a la orden del día. El consejo del Partido Justicialista local califica a la corrupción como “un cáncer que corroe a la sociedad”, y advierte que, “aunque estén afiliados al partido, los corruptos no son peronistas”. El comunicado, firmado entre otros por el histórico dirigente de empleados de comercio Buenaventura González, felicita a los ciudadanos que, ante el intento de coima, “no vacilaron” en denunciarlo ante la justicia.

En el peronismo algunos respaldan a Scotti en su peor momento político. Incluso apoyan su candidatura a intendente. “Una de las verdades peronistas dice que para un peronista no hay nada mejor que otro peronista, y hoy nos encontramos con que nuestro candidato -que además es el mejor candidato del peronismo marplatense- es blanco de injusticias provocadas por hombres corruptos que se amigan del poder para poner en tela de juicio la conducta de los dirigentes capaces”, proclama en un comunicado la Agrupación Unidad Justicialista.

Mientras, el escándalo suma capítulos. El arquitecto Ferro, el mismo que había iniciado la denuncia, difunde un documento bajo el título “Un viaje al infierno”, en el que, si bien menciona a “los pícaros de la coima”, señala a los funcionarios radicales del Ejecutivo municipal como los verdaderos responsables de que todo haya llegado tan lejos.

“Hoy observo a un concejal sospechado y a un bloque político lastimado, mientras los verdaderos generadores de esta conmoción y delirio se informan de sus consecuencias leyendo diarios, sentados en sus cómodos e impunes escritorios, sin dedos acusadores ni barrotes. Allí se originó el acto de corrupción, porque la coima y el ‘favor’ están y estarán siempre indisolublemente pegados a una zancadilla administrativa demasiado extensa y demasiado malintencionada”. Así, Ferro desata su furia contra los funcionarios que trabaron (“obstruyeron”, escribe él) el expediente administrativo, y no contra los que más tarde quedaron tras las rejas.

Una cama en el pasillo

¿Quién es el culpable de que la mácula de la corrupción haya manchado al Concejo? En pocos días los rumores empiezan a correr por los pasillos. El bloque radical, presidido por Manuel Fernández Daguerre e integrado por Jesús Porrúa, Oscar Pagni, Elio Aprile, José Cano y Hugo Chade, admite que ha comenzado a circular una versión sobre “una cama política” tendida por ellos para acceder a la presidencia. Y se propone desmentirla en una conferencia de prensa. “Queremos dejar aclarado que tales versiones carecen totalmente de fundamento”, dicen los ediles. Pero advierten: “Es obligación de quienes ejercen una función pública colaborar con la investigación aportando los elementos de nuestro conocimiento que permitan un total esclarecimiento del tema, y así lo hemos hecho en esta oportunidad”.

Enseguida revelan que del hecho se habían enterado en diciembre, es decir, tres meses antes de que llegara a los medios. “El bloque de la Unión Cívica Radical nunca se ha quedado en gestos declamativos (sic), por lo que cuando en el mes de diciembre recibe una denuncia referida a los hechos que terminaron con la detención de asesores o influyentes de un concejal, requirió del denunciante su presentación en la justicia”.

El mismo día que los radicales se atajan, Scotti vuelve al Concejo. “Estoy aquí de vuelta. Afectado, lógicamente, pero seguro, porque está visto que no tengo nada que ver con todo esto”, dice. Ya no se instala en la presidencia, sino en una oficina del bloque peronista, en el cuarto piso del palacio municipal. Ha pasado sólo una semana desde que un grupo de policías irrumpiera en un café en el que se negociaba en su nombre un expediente legislativo. Una semana de intrigas, especulaciones y tensión política. Una semana que, 23 años después, casi nadie recordará.