Currículum Vitae

Aguafuertes marplatenses de un periodista enojado con el mundo. El ojo del halcón que ve en simultáneo el plano general y el plano detalle (que es lo mismo que decir: Jorge, el que no puede dejar de encontrar el pelo en la leche).

Curriculum Vitae

Foto: Juan Pablo Buceta – Ilustración: Luciano Cotarelo

Agarrá y velo. El Currículum Vitae que te dejen. Miralo. Miralo, y hasta si podés sentate un toque con quien te lo trae. Escuchalo. Admití que es difícil resumirse en un papel, sintetizar en una lista de datos lo que uno es. Imaginá que sos vos el que está afuera, sentado a una máquina y escribiendo una serie de virtudes laborales que pretendés te conviertan en apto para ser incorporado, un ser deseable. Sentate, escuchalo, decile que lo que pueda decirte cara a cara es tanto o más importante que lo que haya escrito en el CV, mejor que la foto que eligió de entre muchas para que aparezca junto al teléfono.

Miralo, mirala a los ojos; interesate. Dejate fascinar, aunque no pienses contratarlo a él ni a nadie, dejate penetrar por la necesidad del otro, abrí los cantos del aparato productivo para que el otro sienta que ingresa aunque sea una puntita.

Acaso no sepas lo que es, acaso no hayas tenido la desgracia de estar afuera. La falta de confianza en uno mismo, el desánimo, el desprecio por esa biografía que, por tanto o por tan poco, te detiene en la nada. Los días se hacen largos y se llenan de preguntas propias y ajenas. ¿Y? ¿Qué hacés? ¿Llevaste algún currículum a algún lado? ¿Querés que te vengan a buscar? No va a pasar, eh, no va a pasar.

Corría el año 94’. Por aquel entonces el neoliberalismo estaba en su apogeo, el turco iba por la reelección, Susana recibía pilas de cartas, etc. Yo era cronista del canal. Una vez me mandaron a hacer una nota que estaba arreglada con una fábrica textil que había incorporado no sé qué máquinas. Me acuerdo que íbamos caminando con el tipo junto a una cosa larguísima, que sería la cadena de elaboración de los paños de lana. Como a la mitad había una cúpula de vidrio, parecida a una incubadora de bebés.

–Ves -me dice el  gerente- acá cada tantos minutos la maquinaria se detiene y salen estos brazos que aspiran la pelusa. Antes, este laburo lo hacían dos tipos.

Dos tipos.

Dos tipos que no estaban ahí aspirando.

Señor, va a ir desapareciendo el trabajo. Lo sabemos todos. Pero somos de la generación que no se preocupó, por pensar que no le tocaba.

El mundo del mañana, que empezó el otro día, deberá resignificar la existencia de los humanos, hoy definida por lo que hacemos o dejamos de hacer. Tendrá que ser otra cosa el ser.

Mientras tanto, agarrá el currículum con respeto, chitrulo. Dejá que el candidato sienta que dio un pasito: “Al menos ya repartí currículums, y el tipo de tal empresa me dijo que mi perfil era interesante. Habrá que esperar”.

Y si sos de esos que invierten en seguridad, que se desvelan por la propia, te digo algo más: no hay sistema de seguridad que valga, si la mayoría de la gente no es un poco más feliz.

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