El juego del Papa

Algo se modificó en la lectura de Francisco. Ya no se lo interroga desde Bergoglio, y para el macrismo aparecieron señales de distancia. Sin embargo, el Sumo Pontífice tiene huevos en todas las canastas y sabe manejar bien los pliegues de la diplomacia. ¿A qué juega el jefe de la iglesia católica?

El juego del Papa I

  Fotos: AFP, EMMP, prensa Vaticano

El juego es entretenido, aunque quizá, al final, sea poco productivo. Se podría denominar así: “Construye tu propio Francisco”. Lo hacen los políticos sin distinción de partidos, los periodistas, los sindicalistas, las celebridades, los futbolistas, los artistas, los teólogos y cada uno que se le ocurra. Cada mensaje del Sumo Pontífice muestra la versatilidad propia de la lengua, pero también la dificultad para alcanzar una interpretación irrefutable. La mayoría de ellas no reviste mayor interés. Un poco fetiche, otro poco por la disputa de poder para ver de qué lado está el representante de Dios en la tierra. La cosa viene así desde el 13 marzo de 2013 cuando Jorge Bergoglio se sentó por primera vez en la silla petrina, y parece que así seguirá hasta que la abandone.

Sin embargo, algo parece haber cambiado en la decodificación del mensaje de Francisco después del traspaso de la banda presidencial de Cristina Fernández a Mauricio Macri. Ya no se interroga al Papa desde Bergoglio, como ocurrió con el último gobierno kirchnerista a partir de los chispazos iniciados cuando estaba al frente del Arzobispado de Buenos Aires. Ahora, aparecen otros conceptos para matizar y comprender la relación entre ambos jefes de Estado.

No obstante, más allá de la agenda mediática y política, hay otros temas que conciernen a la Iglesia católica en el país, los cuales coexisten y no son menos problemáticos. Van desde las débiles respuestas ante los curas pedófilos, la ambigua postura frente a quienes reclaman la eximición de la condena de las personas que cometieron delitos de lesa humanidad, el renovado  vínculo con facciones de la ultraderecha católica -como la Fraternidad San Pío X y el Opus Dei- hasta la relación económica con un Estado que se pretende laico.

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Mientras paseaba por Europa, la bahiense Juliana Conget aprovechó el paso del papamóvil por la plaza San Pedro para mostrar un cartel escrito con lapicera negra: “Jorge: la corrupción mata!!!¡¡No seas cómplice!!”.

Brutalmente, ponía frente a las narices del Sumo Pontífice su destino argentino. La imagen que difundió el periódico conservador La Nueva Provincia tenía contexto. Por esos días, había sido detenido in fraganti el ex secretario de Obras Públicas José López mientras  cinematográficamente arrojaba valijas a un convento. A lo que se sumaban las turbulencias luego de que Francisco ordenase a Scholas Occurrentes que no aceptase el subsidio no reintegrable de 16 millones de pesos que le había otorgado el gobierno nacional. Y como si no alcanzase, poco antes tras la breve y fría recepción al mandatario nacional, Bergoglio había acogido a la titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, y, casi en simultáneo, había enviado un rosario a la dirigente social Milagro Sala, detenida en una cárcel jujeña desde mediados de enero de este año. Desde la franja macrista leyeron una silenciosa declaración de guerra. Quizá quien más claramente lo expuso fue Ricardo Roa, uno de los columnistas de Clarín: “(…) cuando se trata de su país, Francisco queda reducido al padre Jorge: peronista de Guardia de Hierro y de Flores. El reformista que reivindica la honestidad en la política ampara al kirchnerismo que generalizó la corrupción en la Argentina. (…) No hay razones sino prejuicios para explicar la antipatía de Bergoglio con el macrismo. A sus ojos el de Macri es un gobierno de ricos para los ricos”.

Con la prisa propia de los generales que olfatean la inminente contienda bélica, se sostuvo que, más allá de las formalidades, la relación entre el ex arzobispo de Buenos Aires y Mauricio Macri estaba rota. Sin embargo, se le presta poca atención a que el Papa maneja como pocos los anversos y reversos de la diplomacia. Entre todos los canales confiables que tiene el Presidente con el Papa se encuentra Victoria Morales Gorleri, secretaria de Bergoglio durante diez años cuando formó parte de la Vicaría General de Educación (VGE). Es tan estrecho el vínculo que a su última hija la llamó Francisca. A mediados de la década pasada, Morales Gorleri se sumó al PRO, que la ungió como legisladora porteña. Allí, presidió la Comisión de Educación. A pesar de los rumores que la situaban con posibilidades de reemplazar a Esteban Bullrich en la cartera educativa de la ciudad de Buenos Aires, Morales Gorleri, hija del militar retirado Claudio Morales Gorleri, formado en la Universidad del Salvador y director de la Maestría en Historia de la Guerra en la Escuela Superior de Guerra “Tte. Gral. Luis María Campos”, actualmente es subsecretaria de Responsabilidad Social del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.

Activa militante contra el aborto, en 2012, Morales Gorleri encabezó el ataque contra el fallo de la Corte Suprema de Justicia sobre la interrupción del embarazo en mujeres violadas. El Tribunal Superior dictaminó, en el caso de una joven de 15 años, que había sido abusada por su padrastro, un oficial mayor de la policía de Chubut, que podía abortar sin necesidad de autorización judicial previa ni temor a sufrir una posterior sanción penal. En el recinto, ese mismo año, la entonces diputada porteña María José Lubertino apuntando a Morales Gorleri y al rabino Sergio Bergman, quienes se oponían al proyecto  para regular la práctica de abortos no punibles cuando corre riesgo la vida o la salud de la mujer, o cuando el embarazo proviene de una violación, les gritó: “Morales Gorleri y Bergman: saquen sus rosarios y sus kipás de nuestros ovarios”.

El vínculo de la funcionaria con la VGE se mantuvo, tal como lo demuestra el programa Escuela de Vecinos. Esta iniciativa de Bergoglio fue diseñada por Morales Gorleri y respaldada por la cartera que dirigía Bullrich, con el fin de llegar a los jóvenes de las escuelas secundarias. Bajo la idea de alcanzar nuevamente un ámbito que, fuera de lo privado, parecía escapársele, Francisco hizo lo propio desde el Vaticano, usando como antecedente Escuela de Vecinos para darle forma a Scholas Occurentes, que ya se encuentra en 70 países de los cinco continentes.

Morales Gorleri es la mentora de la organización juvenil La Macacha. Al tipo de militancia que practican lo describió con precisión Nicolás Balero Reche, uno de sus asesores y parte de la Secretaría General de la Presidencia: se trata de “reflejar los valores de la Iglesia en la política (…) Es una militancia extraña, es una militancia desde la Iglesia en la política, específicamente en el partido del PRO”.

El juego del Papa II

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A pesar de que se pretende laico, la relación entre el Estado argentino y la Iglesia es intensa. La primera característica que se destaca es la económica: el presupuesto del gobierno nacional para este año contempla 134 millones de pesos para la Iglesia católica. De esta manera se sostiene a 132 obispos y arzobispos, 568 sacerdotes y 1.120 seminaristas. Más difícil de cuantificar es el monto que reciben los arzobispados para la refacción de, por caso, capillas, por parte de gobiernos provinciales y/o municipales. Asimismo, más allá de que está exenta de IVA y Ganancias, percibe subsidios para las escuelas religiosas.

Pero también, y menos conocido, es el vínculo político. El 7 de abril de este año, la Agencia Informativa Católica Argentina (AICA) anunció que, en el Congreso, se había creado la Dirección de Culto Legislativo de la Nación. En otras palabras, la oficialización del lobby católico. Llamativamente o  no,  nadie, en la Cámara de Diputados, se percató que, de un día para el otro, la oficina 109 del primer piso del Congreso pasó a estar ocupada por personas que velan por “efectuar un seguimiento parlamentario de cuestiones inherentes a la relación entre la Iglesia Católica y el Estado argentino”.

En realidad, quien la constituyó  fue el exseminarista y exprecandidato a gobernador bonaerense, Julián Domínguez, el que, por la Resolución 4/2015, dio forma a la Dirección de Enlace con Cultos y Entidades Religiosas (DECyER), dependiente de la Dirección General de Relaciones Internacionales de la Presidencia de la Cámara de Diputados.

Al confrontar el contenido de la gacetilla y el texto de la mencionada resolución salta a la vista que ni la nomenclatura ni las funciones especificadas en el documento original tienen que ver con las señaladas por AICA, órgano de difusión de la cúpula católica. Con precisión, en la letra del trámite sellado el 16 de enero de 2015, quedaron explicitados los objetivos de la DECyER: “Ejecutar las políticas institucionales relacionadas con los cultos, confesiones y comunidades religiosas; desarrollar y mantener vínculos con los distintos cultos, iglesias confesiones, comunidades o entidades religiosas y acompañar las políticas que, en la materia, fije la Presidencia de la HCDN; Planificar y programar actividades tendientes a generar y mantener vínculos con los distintos cultos y a garantizar la libertad religiosa”.

El autor de El mito de la Argentina laica, Fortunato Mallimaci, explicó con precisión quirúrgica las causas de este vidrioso vínculo político: “(Existe) La creencia en la sociedad política de que debe tener buenos vínculos con lo religioso para que en algún momento ese religioso legitime la crisis que le va a llegar a la política. Ese vínculo es muy fuerte en la sociedad política argentina, y no necesariamente en la conciencia de los argentinos que ejercen de una manera muy cuentapropista, donde cada uno de su conciencia, de su vida, de su práctica religiosa hace lo que quiere, están alejadísimos de las normas de la mayoría de los cultos; y, sin embargo, en la sociedad política esto crece”.

El juego del Papa III

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La complejidad de la figura del Papa se nota cuando se contempla su aspecto doble: es, por un lado, el jefe institucional de una religión que, como tal, no admite fronteras; y, a la vez, es cabeza de un Estado, que se encuentra a contramano de cualquier avance que signifique la democracia. El primer aspecto le permite, reverencias mediante, erigirse en un referente moral de proyección mundial. El segundo le trae complicaciones terrenales, como la corrupción y las fricciones con pares.

Su lógica de claustro logra que la mayoría de las tensiones internas se disimulen. Por caso, la reconstrucción de los vínculos con los lefebvrianos o la centralidad del Opus Dei. No obstante, muchos problemas salen a la superficie cuando se tornan incontrolables, y quedan torpemente desnudos ante los ojos de la sociedad. Los extendidos y numerosos casos de curas acusados de pedofilia brindan un ejemplo notable.

Fundada por el obispo de Tulle Marcel Lefebvre, en 1974, como reacción al Concilio Vaticano II y en defensa de la tradición, en Argentina la Fraternidad San Pío X está en 11 provincias y en la Ciudad de Buenos Aires. Uno de los seis seminarios que tienen en el mundo se encuentra situado en La Reja, Moreno, que a su vez es localmente la sede más activa.

Fue prácticamente congelada por el Vaticano a fines de la década del 80 cuando Lefebvre consagró a cuatro sacerdotes sin la autorización de la Santa Sede, lo que fue considerado un acto cismático por Juan Pablo II. Poco después de que el Vaticano levantase la excomunión, en 2009, el obispo británico Richard Williamson manifestó, en una entrevista con un canal de la televisión sueca, que el nazismo no había asesinado prisioneros en cámaras de gas: “Creo que no hubo cámara de gas, sí. Hasta donde estudié las evidencias- se jactó Williamson-, no me guío por las emociones. (…) Creo que de 200 mil a 300 mil judíos perecieron, pero ninguno en la cámara de gas”.

En noviembre de 2013, los fieles de la Fraternidad brotaron violentamente mientras se realizaba la conmemoración del 75º aniversario de la Noche de los Cristales Rotos, organizada por el Arzobispado de la Ciudad de Buenos Aires y BnaiBrith Argentina, también en la Catedral porteña. A la vez que algunos con boina roja o sotana rezaban a los gritos, otros distribuían volantes que contenían una orden: “Fuera adoradores de dioses falsos del templo santo”, a lo que añadían que “los pastores que llevan a los hombres a confundir el dios verdadero con dioses falsos son lobos”. Sin embargo, con Francisco, quizá porque la San Pío está presente en más de 60 países, el Vaticano tendió puentes, sabiendo el costado reaccionario que caracteriza a la Fraternidad. Una de las propuestas las acercó el Opus Dei, cuyo vicario general es el argentino especializado en comunicación Mariano Fazio. Para la Obra, la Fraternidad debería convertirse en prelatura personal, estatus que hasta ahora sólo ostenta la organización creada por el aragonés José María Escrivá de Balaguer. Fazio no se sale ni un ápice de la cosmovisión conservadora del Opus Dei, tal como lo dejó en claro a fines del año pasado, en entrevista con Infovaticana, cuando se refirió a la participación política de los católicos: “En el tema de la participación en la vida pública, los fieles del Opus Dei tienen la misma libertad que todos los católicos y, en el momento en el que la jerarquía diga que no se puede formar parte de este partido o apoyar una determinada plataforma, un católico consecuente se lo tendrá que plantear en serio”. Retornando a los lefebvristas, las negociaciones quedaron truncas, como lo reveló, a fines de junio, el superior general  Bernard Fellay por medio de un comunicado en el que aseveró que la Fraternidad “no busca ante todo un reconocimiento canónico, al que tiene derecho por ser una obra católica”.

Es común que las diferencias internas ante los reacomodamientos de la ultraderecha católica generen enfrentamientos que pocas veces salen a la luz en su dimensión ideológica. Pero el costado más retrógrado de la institución queda a la vista de todos cuando se conoce, verbigracia, la proliferación de abusos sexuales por parte de sacerdotes y el consiguiente encubrimiento de los obispos. Verdadera bola de nieve, recién en junio de este año Francisco dio a conocer un decreto por el cual buscó reforzar los artículos del Código de Derecho Canónico en los que se estipula la posibilidad de expulsar a un eclesiástico por “causas graves”. Una de ellas sería haber actuado con “negligencia” en casos de abusos sexuales. Esto podría culminar con la suspensión de los obispos, hasta ahora intocados. En Argentina, la lista es nutrida.

Pero lejos está de conformar a las víctimas, a causa de que nada dice de llevar a los obispos ante la justicia ordinaria para que su participación en los casos de abusos sea investigada. El abogado canonista, Carlos Lombardi, se mostró escéptico: “Es otro barniz de ’legalidad’. Es una aberración jurídica, donde juegan a ser transparentes pero todo lo cocinan ellos, se juzgan entre ellos, nombran comisiones con juristas digitados por ellos, las personas que se elijan tradicionalmente no pueden pensar distinto, se fomenta el contubernio, el lobby y la violación de derechos. Si se lee en detalle, el acusado puede ’encontrarse’ con los superiores de las congregaciones. Eso se llama alegato de oreja”.

En tanto que  Julieta Añazco, víctima del cura Ricardo Giménez y referente nacional de la Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico, quien viene denunciando la complicidad del Obispado de La Plata, fue contundente: “No le creo nada. A pesar de los anuncios e intenciones, las victimas de Argentina continuamos sufriendo abuso de poder por parte de los obispos. En La Plata hay un obispo que debería ser expulsado por encubrir al cura Giménez”.

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Siguiendo rigurosamente el juego, en Argentina, a Francisco le cuelgan muchos carteles: “Un Papa populista” (revista Criterio, Nº2426); “Bergoglio propone una distinción entre pecadores y corruptos” (Página 12, 10/7/16); “No es peronista kirchnerista, pero tampoco puede tocar la melodía del antikirchnerismo más cerril” (La Nación, 19/10/14) y “El Papa se ve afectado por un prejuicio anti Macri que es inocultable” (Clarín, 13/6/16).

Una mirada religiosa de la política o una mirada política de la religión suelen generar confusiones e interpretaciones amañadas según el analista y la ocasión. Es por eso que, habitualmente se confunden los espectros a la hora de realizar un análisis sobre los movimientos papales. Son pocos los que entran y salen en ambos campos con pericia. Bergoglio es diestro en ello, sin que esto signifique que resulte indemne. Hábil, recibe fríamente a Macri y lo elogia por medio del principal columnista de La Nación. Recibe a Hebe de Bonafini y deja que la desautorice Peter Robledo. Aunque a muchos les parezca audaz, quizá sólo juega a lo que sabe jugar.