Para muestra basta un baño

En plena crisis de 2001, mujeres desocupadas ofrecieron su trabajo para mantener los baños públicos en las plazas de Mar del Plata. Con su lucha fueron logrando estabilidad relativa y sumar más personas a la tarea. Hoy, a 15 años, vuelven a estar al borde de quedarse sin trabajo. Déjà vu neoliberal.

Por Jerónimo González

Año 2001/2002. Record histórico de desocupados, pobreza, indigencia y fábricas cerradas. Brotan en los barrios variadas experiencias de la organización popular: comederos, roperos, asambleas, grupos de trabajo, entre otros. En ese contexto, surge la primera feria piquetera en Plaza Colón: un espacio donde cuatro organizaciones sociales intentaban vender lo poco que podían producir, una ilusión de mejor vivir. Y ahí nomás, un baño abandonado que un grupo de mujeres decide recuperar, poner en valor y a disposición de la gente, como una genuina fuente de trabajo.

Nacen así las trabajadoras de los baños públicos de las plazas de Mar del Plata.
Primero una. Después cinco. Después once.

Y después del después:

Año 2016. Alarmante crecimiento de desocupados; pobreza, negocios y fábricas que cierran. Y las 39 personas que trabajan en los baños de las plazas públicas, en su mayoría mujeres de edad avanzada, madres solteras, viudas y mujeres trans, de cara a un posible despido masivo, de nuevo peleando por la dignidad, por el derecho a trabajar.

Sus contratos anuales, forma de precarización laboral que la gestión anterior nunca resolvió, finalizaban y eran reanudados el último día de cada junio, pero este año el gobierno municipal, encabezado por el intendente Carlos Arroyo, con un sueldo por poco equivalente a la suma de todos los contratos, decidió no renovarlos y —ante la presión y el reclamo— decretó una prórroga por solo tres meses.

Son varias las versiones que se barajan respecto a lo que sucederá vencido el plazo, en su mayoría no muy esperanzadoras. Lo único cierto es la incertidumbre, el miedo y la angustia sembrados en trabajadores y trabajadoras que, ante un eventual e injusto despido, el mercado laboral no está preparado ni dispuesto a absorber.

Pero el caso de estas 39 personas incluso trasciende a estas 39 personas, y es mucho más que una noticia que se va haciendo vieja mientras la leemos, mucho más que una urgencia con fecha de vencimiento, mucho más que un simple conflicto coyuntural. Es el botón que sirve de muestra de un fenómeno extenso y espeso, que merece toda nuestra atención y exige el ejercicio de nuestra memoria.

Sus historias nos hablan de procesos de ajuste, mal llamados crisis, que impiadosamente golpean nuestro país de manera cíclica, con repetidos beneficiados y repetidos perdedores. Con unos pocos ricos que multiplican sus riquezas y una inmensa mayoría que paga con desocupación, hambre y miseria, ese crecimiento que le está prohibido. Sus pasados y sus presentes, como espejos enfrentados repitiendo al infinito un mismo reflejo, como una fotografía que nos muestra un momento que alguna vez ha sido y nunca será igual, pero al mismo tiempo y paradójicamente, lo concondena a un eterno retornar.