Antonio tiene quien lo quiera

El vínculo de amor que se establece con un hijo no tiene nada que ver con el género de quienes lo trajeron al mundo. La ley establece que no deben existir desigualdades entre matrimonios homosexuales y heterosexuales. Sin embargo, no acepta bebés con triple filiación. Conozcan a Valeria, Susana, Hernán y Antonio.

Por Romina Elvira

Familia de nuevo tipo

“Los saberes sobre nuestra sociedad se enriquecen con las
preguntas que nuestras sociedades le formulan…”

Eric Fassin

Valeria y Susana están juntas hace diez años, casadas hace dos, y hace cinco lo venían pensando. Como muchas parejas, querían ser mamás, querían querer, querían criar a un hijo y ayudarlo a crecer. La mayoría de las personas comparten este deseo y logran llevarlo adelante sin grandes dificultades, pero para ellas –y muchas otras parejas del mismo sexo– las opciones son bien variadas. Eligieron la menos usada, y acaso la más simple: un papá presente. El elegido fue Hernán, un viejo amigo: “sabíamos que no era fácil, porque la propuesta no era vivir con nosotras, sino ayudarnos a tener y criar un hijo”. Lo hicieron de forma íntima, sin intervención médica y en su casa. Nueve meses después, nació Antonio.

Como muchas veces, la ley -que, paradójicamente, en nuestro país es una de las más avanzadas en la materia- está por detrás de la realidad. Para el Estado argentino, Hernán no es el papá de Antonio y no tiene derechos legales sobre su paternidad. Es por eso que decidieron acercarse a la Federación Argentina LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y trans) para solicitar un recurso de amparo que reconozca la “triple filiación” y permita que Antonio tenga los tres apellidos. La discusión ya está planteada, el debate está abierto, sólo falta que la letra de la ley regule lo que, de hecho, ya es una realidad para varias familias de nuestro país.

Le parece extraño a Valeria tener que explicarlo, pero lo hace: “Es posible, hay todo tipo de familias y acá estamos”.