Goles guevaristas

El club 2 de Mayo nació en 1999 por iniciativa de un grupo de estudiantes. Hoy juegan 140 pibes de diferentes barrios. Critican el individualismo y plantean el deporte como un derecho. Proponen un juego por fuera del mercado y tienen como denominador común la autogestión. En 2015 ganaron la “Copa América Alternativa Hombre Nuevo”.

Goles guevaristas I

Fotos: Pablo González

“La casa está un poco desordenada, pero prefiero eso al silencio”, confiesa Lucas Narbais, treintañero y alma mater delDosde, con un pasado como vendedor de repuestos en el comercio de su padre y un presente en la administración pública. Lo que no cambia es su amor por el fútbol y el trabajo social.

Los dos pibes que aloja en su vivienda —y aniquilan el silencio— tienen 9 y 14 años, son hermanos y están preparando algunas materias que deben compensar antes del inicio de las clases. Hace un año estaban a punto de ser desalojados del hogar que compartían con su madre en 20 de Septiembre casi Libertad y quedaban en la calle. Junto al hermano mayor, que tiene 17 años, fueron a parar a lo de la abuela y luego, a la hora de estudiar, a lo de Lucas que les trajo una profesora para darles apoyo escolar. Él también se ocupó de conseguirles escuelas para que no perdieran el año cuando tuvieron que mudarse de barrio: la número 2, la 46 y el Colegio María Auxiliadora.

—Hablé con los directivos y les hicieron lugar; cuando aparecen las situaciones de vulnerabilidad por falta de alimentación, vivienda o vestimenta tenemos que estar, buscamos humanizar el deporte.

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Sobre la calle Dorrego hay una canchita pelada, un páramo donde cada pelota dividida deja una nube de polvo en suspensión. Una de las divisiones menores del club —chicos de 9 años— practica ante la mirada de Nahuel, que también fue jugador. Los pequeños futbolistas corren con entusiasmo de potrero. Son tantos que la cancha queda chica, por eso cada partido dura sólo unos minutos; cuando escuchan la orden del entrenador dejan el campo de juego a otro grupo que hasta el llamado estaba practicando con unos conos anaranjados. El intercambio se hace rápido, como si no quisieran perder el tiempo.

Visten camisetas de clubes diversos, más o menos gastadas. Están los que llevan las infaltables de los equipos grandes del fútbol argentino, como River y Boca, y también el que se acerca a saludar con la de Rosario Central. Varios tienen la de la Selección Nacional. A uno de los arqueros le gritan Barovero, está vestido igual y su figura se parece a la de Trapito.

De pronto, surgen algunas peleas por cuestiones del juego y Agustín (un defensor con fama de pocas pulgas) suelta al aire un par de puteadas hasta que interviene el entrenador, que amaga con mandar a los contendientes a sentarse a un costado. La advertencia los calma. Al rato se amigan, termina el partido y todos los que participaron del incidente se piden disculpas. En general, el clima de la práctica es bueno, están unidos, son equipo, se reconocen como compañeros. Y saben que no están permitidas las recriminaciones a un par por ninguna causa. El club propicia las palabras de aliento, las que motivan. Y esas son las que prevalecen.

Para los voluntarios, cambiar el paradigma de la violencia que se vive en la sociedad (en el barrio, en la escuela, y que también se filtra a través de los medios de comunicación masivos) es uno de los objetivos más importantes. Tampoco hay imposiciones ni afán competitivo, “la idea es que pasen un buen momento con amigos”, repiten cada vez que pueden.

La Plaza Pueyrredon, a diez cuadras del mar, es uno de los pocos espacios verdes de La Perla. La zona, tradicional y exclusiva, combina caserones de principios del siglo XX con lujosos edificios a estrenar. Cada martes y jueves, varias divisiones del club barrial 2 de Mayo desafían los carteles que indican que está “Prohibido jugar al fútbol”.

En las cuatro manzanas de la plaza conviven grupos diversos: los maratonistas obsesivos que controlan sus tiempos bajo las órdenes de un entrenador; las murgas, que se divierten pese a las amenazas de los trasnochados de las esvásticas; un par de equilibristas que intentan pararse en una soga atada a dos árboles, y los pibes del 2 de Mayo zigzagueando conos con la pelota pegada al pie, mientras sueñan goles antológicos.

Goles guevaristas II

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Antes de empezar a hacer los ejercicios de calentamiento pre-competitivo, los pibes permanecen parados en ronda por un largo rato. Conversan animados, se cuentan las experiencias del fin de semana, las salidas. Un grupo se sienta al borde de los canteros y otro, más ansioso, ya corre detrás de una pelota. Es el instante del ocaso, los pájaros se refugian en los árboles de la plaza mientras abajo, en la superficie polvorienta, la acción está por comenzar.

—Acá, de vez en cuando nos cortaban la luz, sospechosamente cada noche que veníamos. Nos quedábamos a oscuras en esta manzana sola— dice Nahuel.

A algunos vecinos les molesta la presencia de tantos pibes. Lucas recuerda que en este lugar los neonazis hicieron pintadas contra las murgas. El grupo de extrema derecha ganó visibilidad en los últimos años por un sinfín de actos violentos: incendiaron el monumento Memoria, Verdad, Justicia frente a la Base Naval; escracharon el Centro de Residentes Bolivianos (la causa por estos hechos fue elevada a juicio); a fines de 2015 golpearon con caños rellenos con cemento a dos jóvenes que iban a participar de una marcha contra Monsanto y se enfrentaron con las participantes del Encuentro Nacional de Mujeres. Para completar el cuadro reaccionario, este verano atacaron con palos y piedras el bar de Javier Moreno Iglesias —presidente de la Asociación Marplatense de Derechos por la Igualdad (Amadi)— a quien amenazaron de muerte. Esa madrugada, al menos uno de los nuevos nazis marplatenses portaba un arma de fuego.

Lucas empieza a contar una discusión con un hombre que se acercó a la práctica para quejarse, un vecino del barrio que vino a increparlo:

—Me preguntó por qué pisábamos el césped de la plaza, y yo le contesté si prefería que los pibes estuvieran en las esquinas sin hacer nada, sin contención y corriendo riesgos.

El municipio hizo modificaciones en los canteros y puso los carteles que prohíben jugar al fútbol a partir de esas quejas, sin embargo ningún inspector vino a decirles nada. Ellos piensan que no se atreven, que sería el colmo, porque el club barrial ocupa un espacio que dejó vacío el Estado.

La Municipalidad de General Pueyrredon, a través del Ente de Deportes y Recreación (EMDER), también organiza torneos de fútbol barrial, aunque no destina los recursos necesarios; muchas veces no dispone de micros para trasladar a los chicos y el fixture es de apenas dos meses y medio —juegan sólo 10 partidos, el resto del año queda sin actividad—.

Cada verano, el Club lleva a los chicos al camping municipal de Balcarce para que tengan un día de recreación. En 2016, el cambio de signo político en la tierra de Fangio demoró el viaje hasta mediados de febrero; finalmente los jugadores y sus familiares disfrutaron de las piletas del predio.

—Nos esperan cuatro años duros, no vemos un gobierno afín a lo social. Nosotros no hacemos proselitismo, pero con los profes tratamos de orientar a los chicos para que ellos puedan discernir y sacar sus propias conclusiones.

El gran sueño de los dirigentes es tener un predio propio, pero por ahora resulta difícil debido a que no hay campos cercanos a la plaza y entonces, en el caso de conseguir un lugar alejado, habría que disponer de mayores recursos para el transporte. De todos modos, eso no les impide que la pretemporada, el trabajo físico intenso, lo hagan en Parque Camet.

Con el dinero de una rifa, el Dosde montó un pequeño taller de serigrafía donde se hacen las impresiones de las camisetas. A la marca textil la denominaron Cienfuegos, en homenaje al revolucionario cubano Camilo Cienfuegos.

En el plano deportivo, a 2015 lo definen como un año excelente e histórico. Se consagraron como el club más fuerte de la liga barrial: 2 de mayo consiguió 10 títulos, incluidos los torneos bonaerenses, el campeonato que organiza el EMDER, y la Mar del Plata Cup —una copa que disputan los colegios privados— convirtiéndose en el primer equipo de Mar del Plata en obtenerla.

No quieren anquilosarse en esos logros, sino aprovechar el envión deportivo para fortalecerse institucionalmente. De eso van a hablar dentro de un rato, cuando los voluntarios se reúnan en la casa de Lucas. A falta de sede social, es uno de los sitios donde se discuten los asuntos dirigenciales.

Goles guevaristas III

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En 1999, antes del inicio de la etapa final de los Torneos Bonaerenses, surgió la idea de presentarse con un equipo. Lucas y sus amigos tenían 15 años, iban al Colegio Don Bosco y como los habían excluido del cuadro representativo de la escuela decidieron armar otro para competir. A partir de ese momento no pararon un segundo. Y cuando los torneos provinciales fueron un límite —pueden participar chicos menores de 18 años— se metieron de lleno en el fútbol barrial.

El que llega ahora a la plaza es Alejandro Almirón, también dedicado a transmitir mucho de lo que aprendió. Entró al club en 2004, con 13 años. Cuando surgió la idea de armar un equipo para sacar a los chicos de la calle, no dudó en sumarse.

—La primera semilla fue acá en el barrio La Perla, cuando nos quedamos sin edad para competir en los Juegos Bonaerenses. Ahora nucleamos chicos de Villa Primera, La Perla, Malvinas Argentinas, 9 de julio. Actualmente tenemos 140 chicos participando, el 2 de Mayo  empezó a funcionar como club en 2008.

Casi todos viajan en colectivo. Hacen el recorrido de la línea 531 por la avenida Libertad, provienen de los barrios del oeste de la ciudad. A los que no pueden afrontar el gasto, el club les paga el transporte.

 La única ayuda que recibe 2 de Mayo  son cinco mil pesos anuales de un subsidio, es decir $ 35,71 por chico, lo que significa $1,16 por día.

—Los profes que están a cargo de las categorías fueron formados acá, en inferiores, eran pibes que jugaban y hoy los consideramos hombres nuevos para la sociedad; ellos transmiten desde el ejemplo, con el trabajo voluntario y la solidaridad, el sacrificio que hay que hacer para lograr un objetivo. Figuramos como una alternativa al fútbol competitivo pero algunas cuestiones no se soslayan, el cumplimiento en los entrenamientos, el horario de los partidos. Lo que tiene de diferente esto es que acá no hay prueba, no hay filtro, de 14 años para abajo los chicos juegan todos, independientemente del resultado. Y se va gestionando también el proyecto social además del deportivo.

Lucas se muestra locuaz, con ganas de contar los avances del proyecto que define como deportivo y social. Dice que los pibes se insertan rápido porque se hacen bien las cosas, y porque trabajan sobre los principios guevaristas del Hombre Nuevo.

Ese modelo que el club tiene como horizonte es el que, según el Che, debe construirse “al calor del proceso de transformaciones sociales, a medida que la conciencia se va desarrollando y va dejando de lado las formaciones mezquinas y egoístas que imperan en el capitalismo. Cada persona no marcha sola. Su vida y el futuro de la sociedad están ligados”.

Goles guevaristas IV

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Una decena de entrenadores le da vida al Dosde; los más jóvenes, nacidos en 1997, empiezan a sumarse a las prácticas y colaboran activamente con el club.

Lucas asegura que hay pibes que tienen condiciones altísimas desde lo deportivo pero que eligen quedarse en el club por los amigos, por el trato y por la ausencia de presiones.

—Después están los chicos que llegan porque no tienen las condiciones futbolísticas para integrar un equipo de la Liga Marplatense de Fútbol pero saben que acá tienen su espacio y que los domingos juegan. Hay categorías en las que tenemos 30 chicos y armamos dos equipos para que nadie se quede afuera.

 Alejandro, asiente con la cabeza. Su historia cambió por el fútbol barrial. Talentoso, veloz y dueño de una pegada precisa, se destacaba en Deportivo Norte. Un día, al notar el desinterés de algunos integrantes del grupo, largó el club para dedicarse de lleno al voluntariado en el 2 de Mayo. A los 24 años es locutor y estudiante de la licenciatura en Comunicación Social; trabaja como cronista de Canal 10, juega en la primera división barrial y entrena a las categorías menores.

—En mi casa me querían matar cuando se enteraron que dejaba Deportivo Norte— relata con una sonrisa.

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El logro deportivo más importante del Club 2 de Mayo  fue la obtención de la “Copa América Alternativa Hombre Nuevo” (cuarta edición) disputada en 2015 en Fray Bentos, Uruguay. El torneo internacional —del que participan equipos de América Latina y Europa— es un desprendimiento de la Copa del Mundo Alternativa que comenzaron a jugar equipos antifascistas europeos a fines de los años 90.

Critican el mercantilismo y plantean el deporte como un derecho cuyo acceso está vedado a los sectores populares. Coinciden en una mirada: no hay lugares públicos acordes para el desarrollo del fútbol de carácter no comercial.

El primer campeonato lo organizó en 2012 el Club Ernesto Che Guevara de Jesús María, Córdoba. A diferencia del resto de los competidores, la entidad cordobesa también participa de las ligas oficiales que dependen de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) pero no permite que empresas, representantes o intermediarios hagan negocios con la venta de jugadores. Tampoco retienen a los chicos del club; al que quiere irse a otra institución, se le da el pase libre.

El documental Copa Hombre Nuevo, una película de fútbol, dirigido por Esteban Giachero, refleja la confraternidad de equipos argentinos, brasileños, chilenos, ingleses y hasta lituanos que proponen un juego por fuera del mercado y tienen como denominador común la autogestión. Los clubes se financian a través de la venta de rifas y la organización de festivales, no reciben dinero del Estado ni de patrocinadores.

En el inicio de la película, Mónica Nielsen, presidenta del club anfitrión, arenga a los pibes de una forma poco tradicional, no les habla de dejar la vida en la cancha en pos del resultado ni de la inconveniencia de perder sino del esfuerzo que hicieron compañeros de distintos lugares del mundo para viajar: “Acá no viene la clase dominante, acá vienen los trabajadores, los oprimidos”.

Sobre la falta de apoyo estatal, Nielsen no vacila en su juicio. “Ellos dan a los que les pueden sacar, y a nosotros no nos pueden sacar nada. Ni cancha tenemos. El trabajo con los chicos no les interesa, me da vergüenza decirlo pero el municipio de Jesús María nos dio 6 mil pesos en cinco años”, remata.

Ariel, uno de los voluntarios de La Cuchimarra de Gualeguaychu, asegura que “El Estado nunca los acompañó, debería haber campos de entrenamiento y juego en todos los barrios populares.” El club barrial funciona en un predio prestado por un vecino donde planean construir un playón con cancha de basquetbol y aulas para dar talleres culturales.

“No concordamos mucho con esta idea de Fútbol para Todos en virtud de que no es fútbol lo que practica la gente sino que se trata de espectadores pasivos, uno puede ver pero no puede practicar, eso es cada vez más difícil. Hay un deporte de elite al que el Estado aporta, donde hay mucha plata en juego pero a los clubes de barrio les llegan migajas”, dicen los organizadores.

Contra hegemónicos. Horizontales. Sin autoridades ni personas jerárquicas en el grupo. Así se definen los representantes de Autónomos Futebol Clube, un equipo nacido de la iniciativa de un grupo de punks y anarquistas de San Pablo, Brasil, que compitió en los torneos antifascistas europeos y uno de los principales animadores de la Copa América Alternativa ganada por el Dosde. Para Danilo, uno de sus jugadores, la democracia directa a la hora de tomar decisiones y la división de tareas es fundamental.

Mientras el fútbol se vuelve cada vez más exclusivo y se privilegian los intereses de las corporaciones que lo televisan, en contrapartida resulta difícil realizar actividades en los espacios públicos. Ante ese panorama, los brasileños destacan la necesidad de formar ciudadanos con conciencia social antes que futbolistas profesionales; rescatar el fútbol como práctica del pueblo, más allá de edades, género, posición social; algo tan sencillo como volver a las fuentes. “Figuras como Messi o Neymar, que son imitados por chicos de todo el mundo, hacen que se pierda el espíritu colectivo. Y el fútbol es difícil de concebir sin espíritu colectivo”, sentencian.

La idea del deporte como una herramienta que derriba barreras de intolerancia —étnica, religiosa u homofóbica— es la que predomina en la competición. Ese es el ejemplo que dieron los participantes británicos de Easton Cowboys y República Internacionale. Éste último es uno de los clubes políticos antirracistas pioneros. Fue fundado hace tres décadas en un bar en el que confluían estudiantes de tendencia socialista de la Universidad de Leeds, Inglaterra; era una forma de activismo durante los años que gobernó con mano de hierro la líder conservadora Margaret Thatcher. A diferencia de lo que ocurre en la Premier League inglesa, el club alternativo se permite el juego mixto entre hombres y mujeres sin límite de edad.

El 2 de Mayo  venía preparándose desde hacía tiempo para el torneo contra hegemónico disputado en Uruguay. Lucas recuerda que fue enriquecedor el encuentro con equipos autogestionados de diferentes latitudes, y “levantar la copa con la cara del Che, más aún”.

Goles guevaristas V

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Una de las razones que hace que los chicos se acerquen y permanezcan en el club 2 de Mayo  es la baja cuota social, de sólo 30 pesos, que además no es obligatoria. Pero no es la única, los dirigentes se muestran activos, si no tienen botines se los consiguen. Otras veces trascienden las necesidades de calzado o indumentaria.

El Che sobrevuela la plaza, aparece en la conversación. Lucas sintió que se abría una ventana impensada cuando llegó a él por casualidad.

—Lo empecé a leer desde chico, me llamaba la atención, y me cautivó mucho su vida, uno puede estar de acuerdo o no con su política y los recursos que utilizó, pero su entereza como persona y el trabajo voluntario, el dar sin esperar nada a cambio, es lo que hay que replicar.

Como voluntarios, buscan formar nuevos cuadros que rompan con la lógica del sistema, jóvenes que empiecen a valorar la tarea social.

—Por generación, rescatamos un par de chicos que son el futuro de esto. Estamos convencidos, como decía el Che, que somos una gota en el océano, pero el océano sin esa gota no sería el mismo. Si hoy formamos tres hombres nuevos, y esos tres forman otros seis, algún día seremos muchos hombres nuevos.

Una docena de clubes participan del fútbol barrial. Hay todo tipo de organizaciones: escuelas, iglesias evangélicas, y por supuesto, clubes de barrio. Los profesores no son rentados. Son dirigentes y entrenadores a la vez.

El nombre de 2 de Mayo  es un homenaje a los combatientes de Malvinas. Ése fue el día, de 1982, que un misil lanzado por el submarino británico Conqueror hundió al Crucero General Belgrano provocando más de 300 víctimas.

Cómo si hiciera falta, los voluntarios aclaran que reivindican “a los soldados que fueron a dar la vida en una guerra absurda y no a los tres borrachos que tenían el cargo de oficiales”.

Goles guevaristas VI

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Mar del Plata es una ciudad con un alto índice de desempleo, primer conglomerado del país en el primer y tercer trimestre de 2015 (11,8 %), según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), superando la media nacional (7,1%). En tanto, el subempleo demandante (los que quieren trabajar más que 35 horas semanales) ronda el 5%. Si se suman los desocupados y los subocupados, unas 60 mil personas económicamente activas tienen dificultades laborales en el distrito.

La teoría marxista sintetizó esta característica hace dos siglos: se trata de una parte de la población que resulta excedentaria como fuerza de trabajo respecto a las necesidades de la acumulación del capital. “Un Ejército Industrial de Reserva — un ejército de desempleados permanente—, es necesario para el buen funcionamiento del sistema de producción capitalista y la necesaria acumulación de capital. Un contingente disponible, que pertenece al capital de un modo tan absoluto como si se criase y se mantuviese a sus expensas”.

En este contexto de precariedad laboral que sufren los adultos, son muchos los chicos que no tienen acceso a actividades recreativas y deportivas básicas que estimulen su desarrollo y los alejen de la calle. Para un hijo de subocupado o desempleado, jugar en un club afiliado a la Liga Marplatense de Fútbol se convirtió en un lujo difícil de alcanzar, las familias no pueden pagar la cuota social y mucho menos el transporte hacia los campos de entrenamiento, o la indumentaria y calzado necesarios para la práctica del deporte.

La desigualdad reinante redunda en exclusión para un vasto sector de la sociedad. En los barrios periféricos es común que los jefes de familia tengan trabajos precarios o vivan de changas; así las cosas, el subempleo se transforma en una variable de ajuste más de la sociedad capitalista.

Además del acceso a la práctica deportiva y la contención, el proyecto del 2 de Mayo  tiene como norte el seguimiento de la actividad escolar y el fomento del estudio como vía para lograr inclusión.

Si el Estado se encuentra ausente o no cumple su rol en forma satisfactoria (es quien tiene la responsabilidad primigenia de que las posibilidades de movilidad social no queden estancadas) son los sectores del campo popular los que intervienen y accionan para generar un horizonte menos hostil. Los factores que oprimen, la enorme desigualdad social, la explotación laboral, la tasa de desempleo (o el mantenimiento del Ejército Industrial de Reserva al decir de Marx) no dejan florecer oportunidades para cientos de niños de los barrios de Mar del Plata.

La existencia de este colectivo —y de tantos otros grupos sociales que trabajan silenciosos— se vuelve fundamental, imprescindible. Es una brizna del Hombre Nuevo. Apenas una gota en un océano de individualismo y vanidades. Porque sin el Club 2 de Mayo, esos 140 pibes no serían los mismos.

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—La cuestión de la edad influye porque soy más afín a los chicos —dice Juan Cruz, 17 años, bermudas de jeans y chomba, preparado como para la foto.

Iba a la escuela media 23, en Dorrego y Rivadavia, y siempre pasaba por la plaza hasta que terminó enganchándose con el club. Es uno de los jugadores que se convirtió en entrenador de las divisiones infantiles y está feliz. Dice que es un gusto dirigirlos pero que eso conlleva una gran responsabilidad.

—Estás a cargo de muchos chicos en una edad complicada, en medio de muchos cambios; al principio tenés que ganarte el respeto y el cariño porque no te ven como autoridad.

— ¿Y cómo haces?

—Se forja una gran relación, cuando yo jugaba sentía que estaba jugando con mis hermanos y eso te hace defenderlos a muerte, fortalece mucho el vínculo. Uno se siente muy cómodo en todos los grupos que tiene el club; no es difícil llegar, acá puede venir a jugar cualquiera, lo difícil es irse.