Más papistas que Bergoglio

Con gestos cargados de simbolismo, Francisco ha anudado a actores muy diversos. El Vaticano renace gracias a la figura de un líder carismático. ¿Quién es el Sumo Pontífice que ha seducido al mundo? Una invitación a leer la intersección en la que se mueve el Papa argentino.

Más papistas que Bergoglio I

La compleja y multidimensional figura de Francisco no admite simplificaciones, justamente por eso se ridiculiza a quienes analizan si blanco o si negro. El Papa vive en la intersección. Ahí donde se entrecruza su pasado argentino y su presente como jefe de Estado.

Pero: ¿cuál es el verdadero papa Francisco? ¿El que reconoce el Estado Palestino o el mismo que no avanza sobre el aborto? ¿Es el que operó para que EEUU rompa el bloqueo sobre Cuba o es el que acompañó con su silencio cómplice los múltiples casos de abuso sexual cometidos por curas y encubiertos por obispos? ¿Cuáles son las diferencias entre el cardenal Bergoglio, que militó en contra del matrimonio igualitario, y este Papa, que ha sugerido a la comunidad homosexual que la Iglesia se modernice y los acepte? ¿Cómo y cuánto afectan sus múltiples facetas a los distintos actores (obispos, laicos, políticos, medios de comunicación, etc.)? ¿Es admisible interrogar a Francisco desde Bergoglio?

El enigma Francisco

Abarcar la figura del 266° jefe del Vaticano, resulta difícil si se toma en cuenta que detrás de él existen alrededor de 1200 millones de fieles, sin distinción de fronteras, capaces de realizar inverosímiles quijotadas y sacrificarse por sus predicas.

Cada visita del Papa en cualquier punto del mundo se convierte en una fuente de generación de riqueza. Por caso, en su última visita por Ecuador ―que continuó por Bolivia y Paraguay― se calcula que generó ganancias cercanas a los 135 millones de dólares. La situación es calcada en los diferentes destinos, donde se congregan millones de peregrinos, entre ellos muchos argentinos, que gastan lo que no tienen sólo para estar cerca.

Lo cierto es que la hiperkinesia de Francisco tiene una explicación, para la cual Argentina sirve como muestra. El reemplazante de Benedicto XVI tomó nota de datos reales que, por caso, se pudieron comprobar en la “Primera Encuesta sobre creencias y actitudes religiosas en Argentina”, realizada por el Conicet en 2008. En ella, emergieron algunos elementos inquietantes para la jerarquía católica: 9 de 10 consultados creen en Dios; el 76,5 por ciento profesan la religión católica; el 92 por ciento estuvo “muy de acuerdo” con que se brinde educación sexual en las escuelas; el 63,9 por ciento piensa que “el aborto debe estar permitido sólo en algunas circunstancias”; el 76 por ciento asiste poco o nunca a los lugares de culto y, por último, la mitad consideró que hay que financiar a todas las confesiones religiosas o en su defecto a ninguna.

Bergoglio fue erigido Papa en medio de una crisis signada por los Vatileaks, la multiplicación de casos de pedofilia y el escándalo en el Banco del Vaticano por fraude y corrupción. Todo esto conspiró contra el alemán Joseph Ratzinger. En 600 años, el de Baviera fue el primero en dimitir, aspecto nada menor si se tiene en cuenta que una de las características fundantes, a nivel institucional, es la perentoriedad.

Por eso, como buen líder carismático, Francisco supo desde el inicio del peso de la cercanía. Si, como dice la citada encuesta, los fieles se han alejado de los templos, el nuevo ocupante de la silla petrina salió a buscarlos. En efecto, la simbiosis entre la estrategia del Vaticano y la necesidad de los fieles resulta circular y, a la vez, diseñada desde la necesidad.

Como si fuese una estrella de rock, el hecho de estar cerca, escucharlo, acariciarlo sigue siendo el combustible de la fe cristiana que todo lo puede. Complementariamente, en Roma no desestimaron adaptarse a los canales de comunicación actuales. Hoy, cada mensaje del Papa llega a más de veintidós millones de seguidores que Francisco tiene en un su cuenta oficial de Twitter, clonada a ocho idiomas a través del dominio @pontifex. Cifra muy superior a las de muchos mandatarios nacionales. Vale un número: 132.000 fueron los tuits por minuto durante las dos horas siguientes a su elección.

Ahora bien, en este contexto subyacen más preguntas: ¿cuál es la transformación que se le puede exigir a su santidad desde su rol de autoridad máxima de la iglesia?

¿Es justo pedirle a Francisco que reclame sobre el matrimonio igualitario y el aborto libre cuando es un emergente de una institución que nació sobre los cimientos de una doctrina basada en la represión y la castidad?

¿Sería torpe pensar que el Papa podría ser antisistémico? Es decir, ¿que sus acciones sean tan revolucionarias que socaven la esencia de la Iglesia católica?

O, ¿debemos resignarnos a que se hace lo que se puede y que los nuevos líderes tocan intereses pero hasta cierto punto? ¿En que se convertirán entonces los mensajes acerca del capitalismo salvaje? ¿Cuáles son las estrategias y los objetivos reales de la emancipación vaticana?

¿Qué hará Francisco con los probados delitos económicos del Banco Vaticano, las alianzas con intereses mafiosos, con el celibato sacerdotal, con la incorporación de la mujer al sacerdocio y, qué orden emitirá, finalmente, con la proliferación de curas pedófilos y su multiplicidad de juicios que avanzan lentamente?

Las preguntas resuenan urgentes para debatir y profundizar el análisis sobre el gerente máximo de una institución que vuelve a limpiar su imagen. Su estudio es imprescindible para este momento, en donde los medios de comunicación masivos transportan la figura pulcra del papa Francisco por el mundo.

Hola, habla el Papa

A los fieles que festejaban su elección en Plaza de Mayo; a una abuela por su cumpleaños; al portero del Arzobispado de Córdoba; a una docente de una escuela de Ameghino, Misiones; a la novia del cantante de Callejeros; a la madre de un financista que se lo tragó la tierra y a un periodista enojado. Pero, también, a un joven abusado por curas en el Arzobispado de Granada, España; a cristianos refugiados en el campo de Ankawa, en el Kurdistán iraquí; a la familia de un periodista norteamericano asesinado por ISIS.

Ambas series expresan dos recorridos bien diferentes. Los dos fueron trazados en simultáneo por los llamados telefónicos del Papa desde marzo de 2013.

Sólo la magnitud del poder permite que una llamada telefónica se convierta en un hecho político. Y si son recurrentes, mucho más aún. Pero lo que ese poder quizá no hubiese querido conceder es que justamente esa acción sea útil para entender cómo es la intervención en diferentes contextos con correlaciones de fuerza divergentes.

Ambos encadenamientos perfilan a dos sujetos distintos en uno. O, mejor, a un mismo sujeto en dos escenarios en los que su historia pesa de manera diferente. En el local, el Papa nunca dejará de ser también Bergoglio, el mismo que se opuso al matrimonio igualitario y reclamó marchas en su contra, el que es acusado por su dudosa participación durante el secuestro de los jesuitas Francisco Jalics y Orlando Yorio en la dictadura, el que tiene a una de sus principales asesoras, Victoria Morales Gorleri, como uno de los alfiles del PRO en la defensa del sistema educativo excluyente de la Ciudad de Buenos Aires.

En cambio, para el resto del mundo, nació como Francisco; condenando los ataques con tintes religiosos; enviando el perdón por el aborto; mimando a los divorciados, reconociendo a Palestina, etcétera. Es decir, irrumpe como hombre de Estado.

Las llamadas de Francisco no serían tales sin el efecto multiplicador de los medios de comunicación. Al punto que el diario italiano Corriere Della Sera publicó un breve protocolo para saber cómo reaccionar si alguien recibe una. Ahora bien: ¿qué permite entender la funcionalidad de las llamadas de quien ocupa la silla petrina? Su destinatario. Por eso, es necesario ver a quiénes y porqué telefonea el Papa.

En el ámbito local, los receptores suelen ser personas que atraviesan un mal momento personal, quienes festejan un cumpleaños o, por caso, luego de las críticas, el periodista Alfredo Leuco, al que le agradeció los cuestionamientos. El motivo es individual, no hay llamados que denoten una intervención que pueda afectar intereses. Son comunicaciones sin mayor alcance que ése, el circunstancial. El que llama es un tío entrado en años que se radicó en el exterior.

Cambia por completo fuera de Argentina. Ahí emerge un costado más comprometido, lo que entabla una relación por oposición. Por eso llama a una víctima de abusos en la iglesia o a cristianos que se encuentran en zonas bélicas.

Una de las interpretaciones inmediatas que ofrecieron los analistas es que Francisco, en franco proceso de pérdida de católicos, lo que busca con la utilización de este recurso es reducir la distancia con los fieles. Sin duda, Bergoglio no pertenece a la estirpe del alemán Ratzinger, sino que se inscribe en la de Wojtyla. Por eso, se suele protagonizar actos propios de las movilizaciones políticas del siglo XX. Pero a ese rasgo, le sumó el contacto en la expresión más atomizada posible.

La Iglesia se moderniza, no porque le resulte cool sino para sobrevivir. El sentido de modernidad, no es fáctico, sino discursivo. Aquí los medios tienen un rol determinante. Esto es más añejo que la propia institución milenaria. Resulta interesante, de todos modos, analizar en la era digital cómo los medios operan de modo prácticamente unilateral sobre una figura del papa bondadosa y austera.

Más papistas que Bergoglio II

Un Hombre, la iglesia: el Poder

Bergoglio fue un fiel conservador del status quo dentro de la Iglesia argentina tras la dictadura que comenzó en 1976. Aunque su trayectoria política lo muestra como parte del peronismo de derecha, a raíz de su paso por Guardia de Hierro, fundamentalmente aquel rasgo afloró cuando presidió el Episcopado tras la crisis de 2001. Bergoglio lideró la tropa católica entre 2005 y 2011, años en que la verba antineoliberalismo predominó en el nuevo sentido común.

Como arzobispo porteño, se mantuvo obediente ante los principales postulados de la curia local en cuanto a temas ríspidos, como el matrimonio igualitario, los avances en materia de derechos de educación sexual, la despenalización del aborto y los derechos de las minorías sexuales.

Lejos estuvo de romper con el díctum eclesiástico ante casos como el de Christian Von Wernich y el de Julio César Grassi, ambos condenados. Tampoco, recorrió un camino inverso ante los privilegios que tiene la Iglesia en materia financiera y en el control sobre el proceso educacional, que atentan contra el carácter laico de las democracias modernas.

Ese es, también, Francisco.

¿Qué cambió?

Muchas miradas relacionan al Papa con la posibilidad de que no se puede modificar una usina de poder de un día para el otro y que un hombre como sujeto no puede transformarlo “todo”.

Asimismo, la tendencia de los medios de comunicación es mostrar un Papa noble, humilde, que trabaja por la paz y la unión y que, en el ámbito local, emite una inyección que resulta adicta para el ego de los criollos: fue convertido en un nuevo integrante del panteón de dioses vernáculos.

Sentir que se pertenece resulta seductor. Este efecto es muy explotado por los medios de comunicación que han desarrollado un objeto de consumo revitalizado. Con el aporte fundamental de la industria cultural, la Papamanía se reproduce con fuerza, ingresa en las casas, en los libros, en los manuales, en el entramado social.

Puede ver el peregrinar de la clase política de todo el mundo trabajando y obteniendo la foto del Sumo Pontífice. Ese correlato del poder a través del mensaje, de la imagen, de la posibilidad de los dirigentes políticos de sumarse a ese engranaje mundial del relato.

¿De qué capitalismo habla el Sumo Pontífice cuando esto ocurre? ¿Estamos en presencia de un cambio real o discursivo? ¿Cómo afectan esta proliferación de imágenes en las sociedades más pobres? ¿Qué estructuras políticas moviliza el plano simbólico?

¿Qué hará el Vaticano, la Iglesia católica diseminada en el mapamundi, con esta nueva acumulación de poder?

Diversas caras son las que se muestran sobre Jorge Bergoglio. Sin embargo, el análisis desmenuzado de su figura no evade una singularidad: El papa Francisco es uno solo.

Financiamiento de la ley de culto

La sociedad argentina merece un debate sobre las distintas religiones que se presentan en su conformación cultural. Sería interesante que ciertos sectores progresistas, o por qué no, el gobierno de turno pueda establecer a través de la discusión parlamentaria un nuevo eje de discusión acerca del rol del Estado respecto a la proliferación religiosa.

En Argentina rige una ley vetusta, instaurada en la última dictadura militar. La reglamentación le exige al Estado Nacional pagar el salario del obispado argentino. La ley lleva la firma de Jorge Rafael Videla.

 Videla y Martínez de Hoz, determinaron en pleno gobierno militar asignaciones mensuales, pasajes y jubilaciones aportadas por el Estado a los Arzobispos y Obispos con jurisdicción sobre Arquidiócesis, Diócesis, Prelaturas, Eparquías y Exarcados del Culto Católico Apostólico Romano.

La ley 21.950, del 7 de marzo de 1979, en su artículo 1º dice: “Los Arzobispos y Obispos con jurisdicción sobre Arquidiócesis, Diócesis, Prelaturas, Eparquías y Exarcados del Culto Católico Apostólico Romano gozarán de una asignación mensual equivalente al 80% de la remuneración fijada para el cargo de Juez Nacional de Primera Instancia, hasta que cesen en dichos cargos”.

Luego continúa:  “Artículo 2º: Los Obispos Auxiliares de las jurisdicciones señaladas en el Artículo 1º y el Secretario General del Episcopado tendrán una asignación mensual equivalente al 70% de la remuneración fijada para el cargo de Juez Nacional de Primera Instancia, hasta que cesen en dichos cargos”.

Ante los cuestionamientos, la jerarquía eclesiástica suele justificar los fondos erogados por el Estado con el artículo 2º de la Constitución Nacional: “El Gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano”, pese a que deja en clara desventaja a las otras religiones.

En nuestro país, la partida que recibe la Secretaría de Culto de la Nación del Presupuesto nacional ronda en los 32 millones de pesos anuales. Además, los cardenales no pagan impuestos, no tienen cargas sociales, no aportan a Ganancias ni jubilación, la cual es también cubierta por el Estado.

Para tener un parámetro la remuneración que tienen los obispos es equiparada con un Juez Nacional de Primera Instancia. Estos en la actualidad perciben un sueldo de entre $22.000 y $40.000 neto, en algunos casos, el bruto, asciende hasta los $53.000.

En tanto que un docente que en su etapa inicial en Argentina recibe $5600 a nivel nacional, $7000 en la provincia de Buenos Aires y una cifra similar para la pudiente ciudad autónoma de Buenos Aires. Por su parte, un médico de hospital público los sueldos oscilan inicialmente entre los 10 y 14 mil pesos.

Es necesario aportar a este debate que en la región los Estados de Brasil, Uruguay y Chile no sostienen ningún tipo de culto.

¿Qué pasa en las principales potencias de Europa?

Si bien en España se han organizado diferentes manifestaciones para achicar el financiamiento a la Iglesia, la jerarquía eclesiástica recibe enormes beneficios de las distintas Administraciones del Estado, que contrastan con la ausencia de ayudas al resto de religiones. Cada año, el Estado financia con más de 6.000 millones de euros las actividades educativas, sociales, sanitarias y de culto de la Iglesia católica.

Además, la Iglesia católica goza de exenciones fiscales y numerosas ventajas en cuestiones no solo tributarias. Sin embargo, recientemente, el gobierno de España firmó un acuerdo con la Conferencia Episcopal Española a través del cual se puso fin a la donación directa del Estado y se subieron los aportes voluntarios del impuesto a las rentas.

El caso de Italia, que cuenta con Roma y la sede del Vaticano, la asignación tributaria asciende al 0,8% del impuesto de la renta sobre las personas físicas, además de existir exenciones fiscales para la Iglesia católica.

En Francia: se aprobó una ley que ponía fin a la financiación de los grupos religiosos por parte del Estado. Al mismo tiempo, declaró que todos los edificios religiosos serían propiedad del Estado y los gobiernos locales, corriendo con los gastos de mantenimiento y reparación de aquellos que se construyeron hasta esa fecha. Así, se financian a través de donaciones.

Alemania: la iglesia católica, evangélica y protestante se financia a través del impuesto eclesiástico que pagan sus fieles a través de Hacienda (cerca del 9% extra de la declaración de la renta). Además, las donaciones desgravan y las confesiones religiosas están exentas de algunos impuestos.

Holanda y Reino Unido: en estos países la Iglesia tampoco tiene dotación presupuestaria estatal. El Gobierno solo destina fondos públicos al “mantenimiento y conservación de los edificios de interés artístico” propiedad de las autoridades eclesiásticas.

Más papistas que Bergoglio III

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Mientras el Papa desembarcaba en Sudamérica, en distintos puntos del país los obispos organizaron una marcha contra el protocolo sobre el aborto, obviando que se estima que en el país hay 500.000 por año y es la principal causa de muerte materna. En su era pre papal, el jesuita consideraba “lamentable” reglamentar abortos no punibles en la Ciudad, exhortando a las autoridades a que se adopten “medidas positivas de promoción y protección de la madre y su niño en todos los casos”. Este hecho se encuentra emparentado con las marchas contra el Matrimonio Igualitario, que el propio Bergoglio organizó en la puerta del Congreso. Al calor de aquellas discusiones parlamentarias, expresó que la boda entre personas del mismo sexo “es la pretensión destructiva del plan de Dios”. Afirmó, además, que en ese proyecto “está la envidia del Demonio que pretende destruir la imagen de Dios”.

La gran diferencia es que, ahora, la raquítica movilización no tuvo lugar en los medios y fue ocultada por las corporaciones mediáticas.

En paralelo, la Agencia Informativa Católica Argentina comunicaba que el Episcopado argentino dará a conocer una guía para prevenir y actuar ante abusos a menores, cuyo texto fue aprobado por el plenario de obispos en abril de 2013 y enviado a la Santa Sede para su revisión. Algo similar fue lanzado meses atrás en Chile. En esa oportunidad, el presidente de la fundación Para la Confianza, José Andrés Murillo, manifestó que “esta estrategia sigue centrándose en lo sexual del abuso y no en su característica principal que es el abuso de poder”. Luego, insistió diciendo que “el problema que tiene la Iglesia cuando enfrenta los abusos sexuales es la manera en que lo entiende. Lo considera una relación sexual que se manifiesta abusivamente. Por eso, al condenarlo, acuden al sexto mandamiento (el de la sexualidad). Pero el abuso, especialmente el que involucra a sacerdotes, es un abuso de poder”.

La lentitud en este tema es manifiesta, más aún si se tiene en cuenta que, en 2009, el delegado del Vaticano, Silvano Tomassi, había precisado, en una declaración ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que, según las estadísticas internas del Vaticano, entre el 1,5 y el 5% del clero católico estaba involucrado en casos de abusos sexuales a menores. Los miembros del clero en todo el mundo son 440 mil, por lo que, de acuerdo con esa cifra, entre 6 mil y 20 mil curas habrían cometido delitos de pederastia.

En nombre de Dios

Sería torpe arribar a conclusiones ante un sujeto político que no puede verse definido ligeramente. Especialmente, si se toma en cuenta que cada domingo, el Papa abre las ventanas frente a la plaza San Pedro para dar su homilía ante una multitud de fieles que le rinden pleitesía y una porción enorme del mundo que espera su mensaje.

Encuadrar al Papa en un par de conclusiones sería construir una mirada sesgada.

En efecto, el camino apropiado es el del interrogante. Hacen falta más preguntas y cuestionamientos.

Conceptos como: manipulación, persuasión, poder, fe, necesidad, deseo, consumo, orden, prédica, pobres e Iglesia; deben ser arrastrados nuevamente al estado de pregunta: ¿Qué estrategia real se dará el Vaticano cuando el papa Francisco deje su pontificado?

¿Bastará con la confraternización con los pobres? O ¿será necesario evaluar que de lo que aquí se trata es de predicar que la pobreza no tiene que tener una relación sumisa con el poder religioso?

La Santa Sede se mantiene activa permanentemente. Los jóvenes 78 años de Francisco luego de dos años y medio de papado comienzan a necesitar medidas que superen las expresiones simbólicas. Tal vez, Francisco logrará poner en práctica la “doctrina social de la Iglesia” y seguirá emitiendo su postura crítica acerca del “dios dinero”, continuará pidiendo perdón por los 700 muertos en el naufragio de un barco con migrantes que según él “son hombres y mujeres como nosotros que buscan una vida mejor”; acciones todas que le han otorgado una impronta esperanzadora a su figura.

Restará descubrir entonces si su obra quedará en el límite entre el sujeto que ocupa un determinado rol en un imponente engranaje de poder y que sobre él recae la posibilidad de torcer el rumbo o, simplemente, será funcional a un sistema que por los siglos de los siglos ha fracasado respecto de la integración de los pobres y la asignación de derechos de éstos en el mundo.

Tal vez, todo podría perecer en la intersección. Esa en la que hábilmente ha sabido pararse el Papa. Entre Bergoglio y Francisco: vale todo, siempre que se trate de dios.