Cipayos en almíbar

Soliloquios de un tipo que se pone y saca el traje de periodista todas las mañanas, pero que, en el fondo, gustaría contestar a la pregunta: “¿Profesión?”, con un seco: “Comediante”.

 cipayos

 Foto: Juan Pablo Buceta – Ilustración: Luciano Cotarelo

¿Viste cuándo un montón de gente cumple sus sueños?

Bueno, Barack Obama estuvo en Argentina. Y no solo anduvo por aquí, sino que se juntó con nuestro Presidente.

Y nuestro Presidente es Mauricio Macri.

Obama y Macri. Ébano y Marfil (temazo).

Cartón lleno.

¿Hay algún otro bingo en la sala?

Vimos mucha gente emocionada. De verdad.

No es para menos, ya que visitó nuestro país el Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica (o América, según Presidente Mau). El Hombre Más Poderoso del Mundo.

En realidad no sé si es tan poderoso. Si realmente fuera así, no tendría que andar de acá para allá con un montón de guardaespaldas y tener blindados hasta los lentes de contacto. Poderoso es otra cosa.

Lo digo yo, que vengo de ver Batman versus Súperman.

Vimos a La Bestia pasar a toda velocidad por las calles de Buenos Aires, como si fuera el Rally Dakar, pero sin atropellados por sacar fotos de cerca. Nos enteramos –gracias al enorme trabajo de investigación a las que nos tiene acostumbrados el periodismo serio de Argentina– que el vehículo de Obama pesa casi como un elefante, que está blindado, que es tan alto que ningún limpiavidrio puede llegar a manotearle el limpiaparabrisas y que además tiene aire acondicionado, levantavidrios, frigobar, cancha de tejo y dependencia de servicio.

Y que una vez se quedó atorado. Datazo.

Supimos lo que comió Obama. Que pidió agua sin gas. Que fue al baño y se llevó un diario. Que tomó mate por primera vez en su vida. Que quiere llevarse yerba para allá.

Qué vivo: a él se la van a dejar pasar.

Nos enteramos que Michelle, su esposa, es recontra elegante. La verdad es que –además– la Primera Dama es una mujer muy inteligente, con altísimos estudios y con un carisma para inspirar cambios en las demás personas que asombra. Pero acá a los canales de TV sólo les importa qué vestido usa. Seguramente, en invierno las chicas bien agotarán los vestidos estilo First Lady de los locales de ropa de Recoleta. Y gastarán millones en cama solar para lucir más negras.

No tendría que sorprendernos viniendo de TN, un canal que al bloque en donde hablan de noticias estúpidas lo llaman “Todas Nosotras”. Porque solamente las mujeres hablan giladas.

Pudimos apreciar al Obama íntimo. Al ser humano. No al que ordena invadir países sin medir consecuencias o que habla del narcotráfico como si USA fuese un país habitado solamente por granjeros amish. Nos emocionamos con ese pariente lejano que vino del Norte y que aprobó los cambios que el macrismo le metió al país en estos 100 días. Esto es: devaluación, legislar para los megaempresarios, despidos de estatales, refuerzo de la mano dura y bailar Gilda en los balcones. Un genio.

Del otro lado, un montón de personas que no entendemos por qué la misma gente que hace dos años se meaba cada vez que Pepe Mujica dejaba la yerba secándose al sol para ahorrar, ahora provoca avalanchas y se abraza porque “ya no vamos a necesitar visa para ir a Estados Unidos”.

Están dulces los cipayos. En almíbar.

Sienten como están formando parte de un capítulo de House of Cards. Y se ríen porque Michelle nombró a Margarita Barrientos y no mencionó a Milagro Sala. Y lo gritan como un gol. Y se sacan fotos con las banderitas yanquis de fondo. Y nos gritan: “Si sos tan antinorteamericano, ¿por qué usás Nike y tomás Coca Cola?”

Y uno empieza a pensar que –tal vez– esto de la Grieta no sea tan malo como parece.

Ya sé que Obama es el menos puteable de los presidentes norteamericanos y que prometió abrir archivos de inteligencia.

No me lo expliquen.

Yo quiero saber por qué secuestraron a los analistas de política internacional de los lugares que solían frecuentar y me pusieron a Pablo Vilouta.

Quiero saber cuánto nos va a costar esta joda.

Hace diez años, en Mar del Plata le dijimos no al ALCA.

Y lo enterramos.

La verdad, es que por primera vez voy a coincidir con Mirtha Legrand.

Parece que el ALCA no estaba en el cajón (*).

 

 

(*) este chiste se lo robé descaradamente a mi esposa Valeria. Ofrezco las disculpas del caso.