#AnuarioDeAjoEnPapel

Con 148 páginas de textos, fotografías e ilustraciones, el material impreso en Espacio Dársena y a un costo de $200, se encuentra disponible a la venta en Mar del Plata y Buenos Aires.

Vivimos una época en la que la vida parece correr a saltos. Hacer Revista Ajo fue nuestra forma de detener el mundo, el circular imparable del tiempo, con su intensa vorágine de información hiperconectada que parece tragarse todo, incluyendo medios de comunicación y periodistas.

Revista Ajo es hija de una crisis. De una de las más grandes que ha atravesado el periodismo en su historia. Un crisis ética y de credibilidad, de sentido y de forma, de público y de audiencias, de modelo de negocio y de rentabilidad.

Quienes fundamos este proyecto estábamos asqueados de los medios de comunicación. Pero resulta que eramos periodistas, así que teníamos dos opciones: o nos tapábamos la nariz o inventábamos algo.

No partimos de cero.

Los amigos de la cooperativa lavaca nos recomendaron un buen punto de arranque: pensar la época y recuperar el sentido de la comunicación como relación social. Los amigos de La Garganta Poderosa nos propusieron abandonar las cinco “w” del periodismo clásico (Who, What, Where, When, Why) y reemplazarlas por cinco “p”: por qué, por qué, por qué, por qué y por qué. El amigo Tomas Eloy Martinez, desde donde quiera que esté, nos advirtió: “cada vez hay menos empresarios dispuestos a arriesgar la paz de sus bolsillos y la de sus relaciones creando medios donde la calidad de la narración vaya de la mano con la riqueza y la sinceridad de la información”. No dijo autogestión, no dijo cooperativa, pero…

Y hubo más amigos.

Así de acompañados, inventar resultó más fácil de lo que creíamos.

Luego de mucho escuchar y de mucho intercambiar, arribamos a algunas conclusiones, que no sabíamos si eran las mejores, pero eran las nuestras:

  • Que no queríamos ser alternativos ni el plan B de un modelo de periodismo decadente: queríamos ser el futuro.
  • Que queríamos ser un medio, no un fin. La comunicación para un objetivo: aportar a cambiar la realidad.
  • Que queríamos repensar el futuro de quienes decidimos dedicarnos a la comunicación. Empezar a imaginarnos a nosotros mismos y a las nuevas camadas de periodistas desde un nuevo lugar: ser periodistas asalariados no es nuestra única opción, también podemos ser creadores de medios.
  • Que queríamos ser una cooperativa. Autosustentar el proyecto, consiguiendo fuentes de recursos nobles que financien nuestras producciones, en donde haya una participación importante de quienes nos lean, para materializar aquella consigna de los medios autogestivos que propone: “No nos vendemos porque vos nos bancas”.
  • Que queríamos evitar la fragmentación del análisis de la realidad que reproducen los medios comerciales. Evitar las “Secciones” (Sociedad, Economía, Política…), porque suponen una ideología que separa causas de consecuencias (la desigualdad social no recibe sus líneas en las secciones de Economía de los diarios).
  • Que queríamos crear nuevas formas de organizar y tematizar los hechos y las historias que contásemos.
  • Que queríamos invertir una realidad cada vez más naturalizada en los medios: la que hace que hoy en las redacciones las operaciones políticas estén superando al periodismo, la que empujó a nuestra profesión a un lugar utilitario, puesta al servicio de intereses que no tienen nada que ver con el derecho a informar y recibir información. Que queríamos una redacción en la que no hubiese lugar para operaciones de ningún tipo.

Y entonces, Revista Ajo.

Un intento de rescatar los géneros periodísticos en extinción: la investigación, el fotorreportaje, la crónica narrativa. El periodismo de largo aliento. Los menos rentables para los bolsillos empresariales, pero los que más y mejores herramientas ofrecen a periodistas y lectores para contar, conocer e interpretar la realidad. Acaso el fin último de todo esto.

Nos decían que la gente no lee mucho. Que las notas largas ya no van. Que las personas necesitan consumir información rápido y seguido. Que mensual mejor no, que cooperativa para qué, que del papel olvidate.

Y un día nos dimos cuenta que el año había pasado, que teníamos un sitio web funcionando, colaboradores escribiendo y contenidos en circulación. Que, para colmo, había miles de lectores que nos decían que sí. Que por fin. Que gracias.

Comprobamos que la gente sí lee notas largas. Que el periodismo tiene todavía cosas para decir. Que no todo tiene que ser una carrera por los clicks y los me gusta. Que tener un mes para producir, investigar, reportear y escribir o hacer fotos sí hace la diferencia. Que los géneros no se están extinguiendo: los empresarios de medios los están matando. Que sí se puede funcionar en cooperativa. Que no necesitamos un jefe. Que se puede respetar al periodista como trabajador. Que se puede soñar con publicar en papel, hacer una editorial, producir spots, organizar eventos o lo que se nos ocurra.

Fuimos aprendiendo que el límite que tiene nuestro proyecto está sólo delimitado por nuestros miedos y nuestra prudencia. Que Ajo puede ser todo lo que seamos capaces de soñar e imaginar.

Y entonces, este Anuario.

Una foto de cumpleaños: nuestro intento de inmortalizar este primer tramo del proyecto, una selección de algunas de las notas que circularon en estos 12 números, concentradas en un libro, el más lindo que pudiéramos concebir, de esos que queríamos tener en nuestras bibliotecas.

Una excusa para vernos a la cara con quienes nos leen. Para agradecer el apoyo recibido, dimensionar lo hecho, sentir que el desafío dio sus frutos. Y que valió la pena.

Para confirmar, finalmente, lo más importante: que inventamos un lugar en el que, aún en medio de la crisis, encontramos sentido a seguir haciendo periodismo.


(Texto de Presentación del Anuario 01 de Revista Ajo)