Ballotage: a cara o seca

En la tarde del 22 de noviembre la moneda giraba en el aire con sus dos caras. Mauricio Macri, de un lado; Daniel Scioli, del otro. Esperando que caiga al suelo y anuncie su suerte, hubo millones de personas en todo el país. Muchas fueron a esperar el resultado en los búnkers de los candidatos.

Por Federica González y Santiago Vellini

El 22 de noviembre de 2015 se llevó a cabo el primer ballotage de la historia Argentina. La inédita elección enfrentó a los dos candidatos que obtuvieron la mayoría de los votos en la primera vuelta electoral: Daniel Scioli y Mauricio Macri. Atrás de ellos, esperando con ansiedad los resultados, desplegaron su acompañamiento sectores sociales diversos, militancia de cada espacio político y un país entero que sabía que en ese resultado se jugaba el futuro de la Argentina.

A partir de las 16, militantes y simpatizantes comenzaron a llenar los búnkers de cada candidato. En el del Frente para la Victoria, ubicado en el NH Gran Hotel Provincial en Plaza de Mayo, la gente ocupó la plaza y las banderas colgaron de los edificios aledaños. Por su parte, en el búnker de la coalición Cambiemos ubicado en Costa Salguero, la convocatoria se dio en torno al escenario en el que horas mas tarde saldría su candidato a anunciar el triunfo.

Desde las 19:30, en ambos lugares comenzaron las primeras conferencias y especulaciones sobre el resultado final. Dos horas más tarde, el candidato por el Frente para la Victoria reconoció la derrota, confirmando la tendencia irreversible que declaró ganador a Mauricio Macri con el 51,40% de los votos.

La moneda cayó del lado de Cambiemos, pero la paridad que ofreció el resultado del ballotage terminó de expresar con claridad que vivimos en una Argentina partida casi en dos mitades iguales. Con sus múltiples matices, dos imaginarios sociales, culturales y políticos se pusieron en juego. Pero en las elecciones se vence o se es vencido y, entrada la noche, sólo una de las mitades pudo festejar.