Que no decaiga

Aguafuertes marplatenses de un renegado periodista nacido en el Interzonal. Ojo de halcón que ve en simultáneo el plano general y el plano en detalle (que es lo mismo que decir: Jorge, el que no puede dejar de encontrar el pelo en la sopa).

 que_no_decaiga

Foto: Juan Pablo Buceta – Ilustración: Luciano Cotarelo

 

Barney es un dinosaurio

que vive en nuestra mente

y cuando se hace grande

es realmente sorprendente!

Él le brinda su amistad

a grandes y pequeños

después de la escuela

juegan todos muy contentos.

Se aleja la canción, fade out por distancia, se mezcla ahora con los sonidos del tránsito. Ha pasado el Tren de la Alegría, y todavía reverbera en el asfalto su felicidad empecinada, estridente hasta la náusea.

Allá va, con alegres pasajeros y con pasajeros que se quieren matar. Todos llevan maracas y gorros de plástico y zanahorias gigantes y toda la artillería que compone lo que en los casamientos es el siniestro pasaje del carnaval carioca. Vocệ Abuuuusou. Tío levantate, vení al trencito, no seas amargo.

Paró en un semáforo, todavía se lo ve. ¿Lo ves? Es un tren, aunque tiene forma de barco y no es más que la carrocería disfrazada de un colectivo. Por algo en el nomenclador municipal figuran como Vehículos de Fantasía. Los hemos imaginado, lo hemos urdido como sociedad para pasearnos felices por las calles, para que todos sepan que estamos felices, viajando con los personajes que salieron de la tele.

Hace muchos años veraneábamos en Mar de Ajó, y una mañana fuimos hasta San Bernardo. Ya estábamos por volver cuando Cami, que tenía 5 años, vio a Tigger parado junto a uno de estos trenes de la Alegría. Así que bajamos y la niña corrió a abrazarse con el inquieto y hermoso tigre amigo de Winnie Pooh. Mientras buscaba el ángulo para inmortalizar el momento con mi cámara de fotos, quedé en medio de Bellota y de la Pantera Rosa. Parece que venían con problemas, porque la Chica Superpoderosa, agitaba sus desnudos y oscuros brazos, musculosos y con cicatrices y tatuajes tumberos, movía sus extremidades como aspas por fuera de su vestidito verde, mientras hacía oír su voz aguardentosa, llena de furia pero asordinada por la gomaespuma de la máscara.

  • Sí, y decile a Digimón que la próxima le bajo todos los dientes.

   Los muñecos están siempre un paso por detrás de la moda infantil; es que debe ser difícil confeccionar los trajes. Así se ha visto a la dupla Bananín y Bananón soliviantando a los pasajeros mucho después de haber salido de cartel. Pero otros, como Pedro Picapiedras o la (¿el?) Pantera Rosa o los Power Rangers han sabido pasar a la categoría de clásicos, acompañando al pasaje del trenbarcolectivo, aunque ninguno de los niños los haya visto jamás por televisión.

Después de lo de Tigger en San Bernardo, quedamos con Cami en hacer el viaje acá. Uno es capaz de sufrir así por los hijos. La ciudad desde arriba impacta, supongo que como impacta al ser llevado en ese otro ritual abominable, el de las despedidas de soltero, cuando se es transportado por energúmenos amigos de los amigos de los conocidos, medio en bolas, con los labios pintados en el baúl abierto de un coche. Hola, sí, que tal, soy víctima de una pseudo felicidad tortuosa que yo mismo desprecio, emanada de razones antropológicas insondables, quévaser, easí.  Bocina, bocina, qué lindo todo. En el Tren de la Alegría es lo mismo. Uno atisba a extrañar la normalidad de luchar con la impresora, salir a comprar el pan, llevar la cara de culo que le venga en gana. Y está ahí, aturdido por cumbias y reguetones, animado a la happiness por monigotes medio muertos de calor. ¿La estás pasando bien, pequeña?

Los disfraces vistos de cerca son metáfora de la posible decadencia terminal de la civilización occidental. Un Bart Simpson con la cabeza deforme habla agachado con el conductor invisible; el traje de Barney no estaría tan mal, si no fuera porque el lejano parecido cesa de golpe entre el brazo y la muñeca, cuando uno espera que remate con una mano gordita y acolchada, aparece un vulgar guante de lana rojo, que revela una humanidad cualunque trabajando de lo que puede.

Hay una maquillada tristeza en el Tren de la Alegría. No se si será que Bob Esponja pierde la voz en su versión monstruosa, no se si es el desgano poco tropical en el uso de las maracas o el recorrido gris de esta felicidad rodante, pero algo de lo que se promete no termina de cumplirse.

Barney nos enseña muchos juegos divertidos,

el a b c, el uno, dos, tres

también son sus amigos.

Barney viene a jugar

cuando lo necesitas

él también te ayudará

si crees en fantasías!!!

 

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