¿Por qué los policías hablan así?

Soliloquios de un tipo que se pone y saca el traje de periodista todas las mañanas, pero que, en el fondo, gustaría contestar a la pregunta: “¿Profesión?”, con un seco: “Comediante”.

 policias

 Foto: Juan Pablo Buceta – Ilustración: Luciano Cotarelo

Mediodía. Zapping televisivo. Noticiero con información policial.

—Gracias, Alfredo. Estamos en vivo con el comisario Garmendia, de la Distrital para que nos cuente lo que acaba de ocurrir hace instantes en uno de los barrios de nuestra querida Mar del Plata. Buenos días, comisario, ¿qué ocurrió?

—Buenos días. En el día de la fecha, ocurrió un terrible hecho delictivo, luego de una sangrienta persecución. En horas de la mañana —y en la intersección de las calles Marcelo T. de Alvear y Vértiz— un individuo masculino, de 35 años de edad, cuyo nombre según lo certifica el documento nacional de identidad es Emiliano Lobo, se apersonó con la intención de acceder a la finca en donde vive otro masculino de 22 años, argentino, instruido, de nombre Oscar González y conocido en el barrio con el apodo de El Chanchito.

Aparentemente —y luego de una discusión porque el propietario de la casilla no accedió a franquearle la entrada— Lobo procedió a soplar con fuerza, provocando el derrumbe de la humilde vivienda.

—Y qué sucedió?

—En ese momento, comenzó una persecución de a pie por las calles del barrio, en donde Lobo arrojó varias piedras a manera de proyectil, provocando que Chanchito González se apersonara en una finca a tres cuadras de donde ocurrieron los primeros incidentes. En dicha vivienda, se encontraba Daniel González, 25 años, quien ante requerimiento policial manifestó ser hermano de Oscar y también apodado El Chanchito.

Ante las amenazas e insultos de Lobo, los dos hermanos González salieron en busca de un tercero: Emiliano, 33 años, argentino, instruido, domiciliado en la intersección de las arterias Los Tulipanes y Las Margaritas, en el Bosque Peralta Ramos. Aparentemente, este grupo de ciudadanos formaba parte de alguna especie de asociación ilícita, porque también el último de los González afirmó ser conocido bajo el seudónimo de El Chanchito.

Finalmente, Lobo llegó hasta el inmueble en donde se refugiaban los Tres Chanchitos González. Con la intención de acceder al interior de la misma, el agresor hizo uso de un arma de fuego calibre 45, sin permiso aparente para su utilización. Efectuó un par de tiros al aire con el objetivo de amedrentar y —al no conseguir respuesta alguna— se apersonó hasta la chimenea trepando por los techos.

—¿Los hermanos eran menores de edad?

—Si usted procediera a prestarme atención, señor periodista, habría caído en la cuenta que le dije que las edades eran 22, 25 y 33…

—Mil disculpas, pero me veo obligado todo el tiempo a preguntar eso.

—No importa. Según manifestaron los vecinos del Bosque consultados por efectivos de la Departamental, Emiliano Lobo se arrojó por el hueco de la chimenea, sin tener en cuenta que Los Tres Chanchitos González lo estaban esperando a la salida de la misma con un recipiente metálico —más conocido como cacerola— en cuyo interior había agua hirviendo. Al caer en el agua, Lobo encontró la muerte en el acto, lo que fue comprobado por los peritos en un allanamiento posterior.

Por último, se procedió a la captura inmediata de los hermanos González, alias los Tres Chanchitos, acusados de homicidio agravado. En la última vivienda, además, se pudo incautar una gran cantidad de teléfonos celulares, 35 gramos de marihuana, varios talonarios de cheques falsos y un automóvil cortado, por lo que se presume que en ese lugar funcionaba un desarmadero.

—¿Qué pena les cabría a estos malvivientes? Porque son malvivientes, ¿verdad?

 —Eso quedará en manos de la justicia, ya está el fiscal trabajando en el caso. También quisiera informar que Emiliano Lobo, el occiso, tenía un establecimiento de faenado de chacinados en Batán, por lo que no se descarta que la discusión inicial respondiera a un ajuste de cuentas.

—Muchas gracias, comisario. Lo amo.

—Yo también procederé a hacer lo mismo.

—Volvemos a estudios centrales. Adelante, Alfredo.