A Moncloar que se acaba el mundo

Soliloquios de un tipo que se pone y saca el traje de periodista todas las mañanas, pero que, en el fondo, gustaría contestar a la pregunta: “¿Profesión?”, con un seco: “Comediante”.

 moncloar

 Foto: Juan Pablo Buceta – Ilustración: Luciano Cotarelo

Amo cuando la ciudad entra en tiempos de campaña política.

La gente en la calle parece más buena, como cantaba Palito Ortega, el Elvis Presley que nos tocó por padrón.

Los candidatos salen de abajo de las baldosas y se esfuerzan en demostrarnos que están todo el tiempo pensando en nosotros, en nuestros hijos, en nuestra economía, en nuestra seguridad. En nuestro voto.

En las esquinas, pibes con computadoras se pelean por informarme dónde tengo que ir a votar. Pensar que el resto del año tengo que amenazar con prenderme fuego para que alguien me diga dónde se puede cargar la SUBE.

Me encanta sacar ventaja de esa situación. Los candidatos nunca dicen que no: siempre sonriendo, siempre dispuestos. Uno podría pedirles plata o dejarles el auto para que lo laven. O pedirles un auto y dejarles plata para que la laven.

Da lo mismo: estamos en Mar del Plata.

Lo que me molesta de las campañas no son los spots infumables que pretenden ser graciosos o convincentes. Me molesta que los candidatos no se pongan de acuerdo en las pequeñas grandes cosas. Porque es obvio que todos quieren bajar la desocupación, combatir el delito y mejorar la vida de los marplatenses.

Obviamente que hay matices. Cada candidato tiene su receta.

Algunos buscarán mejorar Mar del Plata redistribuyendo la riqueza, otros propondrán meter a los bolivianos en una cárcel con ruedas y llevarlos lejos. Eso es lo lindo que tiene la Democracia (?).

La Agenda de los Grandes Temas está bien, pero se impone ponerse de acuerdo en boludeces.

Hay que hacer una especie de pacto de la Moncloa: no tengo idea de qué es eso, pero lo escucho muy seguido en programas serios de la TV, como Hora Clave, A Dos Voces o Pasando Vergüenza con Los Leuco.

Es por eso que a la hora de Moncloar —acabo de inventar ese término, patente en trámite— propongo que todos los aspirantes a tomar el poder en la ciudad (Pulti, Arroyo, Fiorini, Farías, Martínez y Aldrey Iglesias) se comprometan a resolver de inmediato estos temas de vital importancia para los marplatenses de ley.

  • Algo hay que hacer con las “fuerzas vivas”. Empanadas es un buen comienzo.
  • Desterrar a los que abusan de las selfies, en cualquier lado y por cualquier motivo.
  • Exilio a los comerciantes que te hacen dejar el bolso en la puerta de sus locales.
  • Cárcel efectiva al musicalizador de la Calesita de la Plaza Colón.
  • Decir la verdad con respecto a “Mar del Plata tiene la bufanda más larga del Mundo”. Nunca vinieron del Guiness a chequear nada. De última, postularnos como “la ciudad que menos chequea las noticias”.
  • Juntar todas las panzas de los policías en un solo lugar. Entrenarlas y mandarlas a vigilar a sus propietarios.
  • Cobrarle una sobretasa a los espectáculos infantiles que abusan de la colaboración del público, preguntándole a cada rato a los pibes qué es lo que hay que hacer o dónde está escondida la Bruja.
  • Eliminar a los fanáticos de Spinetta que redactan las cartas de algunos restaurantes.
  • Aleccionar a los que escriben con mayúsculas en facebook
  • Efectuar un pedido de informes para ver realmente cuántos pianos vende por día la Casa de los Pianos. La transparencia sobre todo.
  • Declarar de interés municipal el robo a casa de deportes.

Creo que es un buen comienzo como para despegar. Los que aspiren a ser intendentes tienen que saber que hay un montón de marplatenses que estamos oprimidos por estas pequeñas cosas que nos atosigan.

Que se junten todos los candidatos en un lugar neutral (la vereda del Hermitage es un buen sitio) y firmen una Carta Compromiso.

Porque nos merecemos una ciudad mejor.

Y porque Mar del Plata no tiene techo.

Un montón de gente tampoco, pero eso es otra historia.