Arrollados por Arroyo

Soliloquios de un tipo que se pone y saca el traje de periodista todas las mañanas, pero que, en el fondo, gustaría contestar a la pregunta: “¿Profesión?”, con un seco: “Comediante”.

arrollados

 Foto: Juan Pablo Buceta – Ilustración: Luciano Cotarelo

―Hola. ¿De qué trabajás?

―Trafico órganos y robo chicos para venderlos en el exterior ¿Y vos?

―Yo hago encuestas para las elecciones en Mar del Plata.

―Ah, pero sos un hijo de puta…

Este diálogo -improbable pero no imposible- se me vino a la cabeza luego de conocer los resultados de las PASO en la ciudad. Y cuando hablo de resultados me refiero a los verdaderos, a los que aparecieron en horas de la madrugada, no a los que salieron a mostrarse antes de la medianoche.

Ahora que lo vuelvo a leer, tal vez haya exagerado y no quiero faltarle el respeto a nadie. Les pido mil disculpas a los traficantes de órganos.

Volviendo a los sondeos pre-electorales: ¿Cómo se pudo haber errado tanto? ¿Qué onda con las encuestas en esta ciudad? ¿Las hace Higuaín?

Lo cierto es que nadie vaticinaba el triunfo de Carlos Arroyo. Al menos, no en los términos en los que se dio.

Uno podía suponer que iba a imponerse a Vilma Baragiola en la interna de Cambiemos, sobre todo después de que unos genios de la propaganda política le sugirieran a la concejal de la UCR hacer un spot en donde se mencionara un video que ya había sido olvidado y en donde le tiraran un balde de mierda en la cara. Genios del marketing. No veo la hora de contratarlos para lanzar mi carrera de comediante (ojalá no me sugieran matar un perro en el escenario).

Ahora la ciudad está partida al medio.

Arroyo divide las aguas (qué chiste malo, por Dios).

Por un lado están los que disfrutan de la Arroyomanía, un grupo muy numeroso de personas que ven en el excapo de Tránsito a una especie de Pepe Mujica de derecha, amante de la educación y del orden, que no usa celular, pone las pilas al sol para que se vuelvan a cargar y compra fideos en un Todo Suelto.

Por el otro, los que padecen Arroyofobia juran y recontrajuran que tiene 1500 años, no se refleja en los espejos y que cuando alquilaba videos en Blockbuster, los devolvía sin rebobinar.

En el medio está él, ajeno a todo.

¿Lo acusan de milico? No pasa nada: responde comparando su triunfo en las PASO con el desembarco en Normandía.

¿Le recuerdan su paso por la función pública en la Dictadura? Ni se inmuta y contesta obviedades, mientras un par de believers apuran al periodista que pregunta eso.

¿Cuál será el verdadero Arroyo?

¿El que imaginan sus detractores o el que defienden sus militantes?

¿Es Chaplin en “El Gran Dictador” o el viejito simpático de “Up”?

¿Doctor Jeckyll o Mister Hyde?

¿La Momia Blanca o Karadagian?

Creo, sinceramente, que hay que parar con la sobreactuación. Vivimos en una ciudad que -todos los santos días- nos da señales muy concretas de estar en sintonía con lo que Zorro 1 representa. Esos votantes estaban esperando a alguien con estructura que los pasara a buscar.

Todos tenemos -en la familia o en nuestro ámbito de trabajo- un potencial votante de Arroyo. Todos conocemos a alguien que piensa que esto es un bardo, que alguien tiene que ponerle coto a lo que vivimos diariamente (dicho en tono de republicano al que le duele el país). Y también algunos más pasados de rosca, a los que ya no les interesa tanto si se encarcela al que mandó a matar y a robar bebés hace 30 años porque ahora te matan por un celular.

Están ahí, no me digan que recién ahora se dan cuenta, no jodamos.

Pelearse con la realidad es lo que peor que nos puede pasar. También hay que decir que si lo han elegido es porque el resto de la oferta política no ha resultado tan atractiva, seamos sinceros. Acá nadie hace autocrítica, está prohibido.

Casi todos los facheros de la ciudad (fachero = facho + tachero) aseguran que con él llegará el orden a Mar del Plata. Un montón de gente con buenas intenciones también afirma lo mismo.

Orden y Progreso, como aparece en la bandera del país que se comió 7 contra Alemania.

Sería bueno que nos dijeran qué entienden por “poner en orden la ciudad”.

Pregunten ustedes porque yo tengo miedo.

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