Consejos útiles para candidatos de derecha

Soliloquios de un tipo que se pone y saca el traje de periodista todas las mañanas, pero que, en el fondo, gustaría contestar a la pregunta: “¿Profesión?”, con un seco: “Comediante”.

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 Foto: Juan Pablo Buceta – Ilustración: Luciano Cotarelo

Ya sé a quién voy a votar en estas elecciones.

La verdad es que esa decisión fue tomada luego de algo que me pasó. Hace unos días contraté a una persona para que me instale una alarma en casa, porque –como todos sabemos- así no se puede vivir. Resulta que el tipo que me colocó el sistema de seguridad resultó ser un ladrón, que se quedó con todas mis pertenencias y me dejó encerrado en mi propia casa. Antes de huir, el muy turro activó la alarma y no me pasó la clave.

“Adiviná: es el nombre de mi perro”, exclamó mientras se llevaba cosas de muchísimo valor, como joyas, dinero en efectivo y un sobre de queso rallado.

Afortunadamente, cuando el malviviente se disponía a escapar, fue atacado en la vereda por otro malhechor, quien le disparó en la vereda y le quitó el botín.

Pero como todos sabemos, el crimen no paga (Alvarado tampoco, pero ése es otro tema). Fue así que el ladrón que asaltó al delincuente que me robó subió a una camioneta y salió raudamente, chocando en la esquina contra una moto en donde venían otros tres cacos que escapaban de la policía luego de haber reventado un polirrubro.

Para colmo, cuando finalmente pude salir de casa para efectuar la denuncia (afortunadamente el perro del instalador de alarmas se llamaba “123456”), fui atropellado por una camioneta de Prefectura. Yo sabía que esto de sacar las Fuerzas Federales a la calle iba a traer problemas, pero no pensé que los iba a traer tan rápido.

Así no se puede vivir tranquilo.

Yo soy un marplatense como cualquier otro. Me levanto temprano, leo el único diario de la ciudad y le creo, escucho radio y les creo a los periodistas que se la juegan día a día para denunciar injusticias. Como casi todos alguna vez en Mar del Plata, he jugado al fútbol en el Parque Camet, he ido a escuchar al santiagueño que cuenta chistes en la Rambla, le tengo miedo a la juventud y me he robado un par de zapatillas en la casa de deportes de Peatonal y Santa Fe. Y como cualquier marplatense de ley, yo también le he dibujado con aerosol un órgano genital de grandes dimensiones al pato de fibrocemento que está camino al Faro.

Por eso voy a votar a la derecha. Porque estoy harto de soluciones a largo plazo. No me vengan con esas boludeces tipo “acá hace falta educación y todo eso”, porque es mentira. Si les interesara la educación en la Vieja Terminal estarían construyendo una Escuela de Oficios y no un shopping.

Ya lo saben. Sedúzcanme. Transpiren esas chombas tan caras y rosas que tienen. Atráiganme con camperas de carpincho y trajecitos sastre, la ropa que usan los hombres y mujeres de bien.

Métanme miedo. Mucho miedo. A casi todo.

Quiero que Mar del Plata sea la Capital Nacional de los Botones de Pánico. Que haya una fábrica en el Parque Industrial que fabrique esos pulsadores las 24 horas, hasta que todos tengamos uno.

Voy a votar al que proponga una ciudad más linda. Ojo: no hablo de una ciudad mejor, ni por asomo. Hablo en términos estéticos. La derecha es mucho más linda que la izquierda. Y más organizada.

Vamos, no sean cagones. Insistan con ponerle ruedas a la Cárcel de Batán y sáquenla a pasear por los barrios periféricos, como si fuera un Trencito de la Alegría, pero sin el Spiderman que baila cumbia.

Propongan tomar a todos los desocupados y ponerlos a contar los autos que entran a la ciudad en verano o mandémoslos a encuestar a los turistas, para saber cuáles son sus preferencias, qué lugar de la Feliz les gusta más, en qué restaurante le arrancaron la cabeza con más saña o qué puede haber más feo que un árbol de Navidad hecho con botellas de plástico.

Presenten un proyecto en donde se ponga en funcionamiento un grupo parapolicial que se lleve a los feos (o a los pobres, es lo mismo) a Balcarce. Quiero una ciudad hermosa, sin ladrones, ni mendigos, ni estatuas vivientes, que abarque de Juan B. Justo a Constitución y de Jara a la Costa. Lo demás sobra.

Suspendan el traslado de la Villa de Paso. ¿Dónde vamos a conseguir mano de obra barata en barrios como Los Toncos o Chauvin? Si se llevan los villeros a Don Emilio ¿a quién le vamos a echar la culpa de los robos? ¿A la policía? A la inoperancia de la Departamental? Discúlpenme, pero prefiero mil veces inculpar de un asalto a un negro sospechoso –aún sabiendo que es inocente- que mancillar el azul impoluto del uniforme policial.

Voy a votar al candidato que me permita seguir lavando mi conciencia con un par de monedas a esos pibes que se acercan a mi pintoresca mesa de café caro, dejándome estampitas con unos santos incomprobables.

Háblenme bonito. Díganme cosas que tengan que ver con la República y con volver a ser aquel país europeo que jamás fuimos. Háganme extrañar esas épocas en las que nadie salía a la calle, los tíos llevaban a debutar a los más chicos de la familia y la mujer era poco menos que una pastalinda.

Inflen globos. Regálenmelos.

Saquen lo peor de mí.

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