#NiUnaMenos

Mar del Plata se sumó al #NiUnaMenos con una de las movilizaciones más numerosas de los últimos años. Miles de personas colmaron las calles para denunciar la violencia contra las mujeres, un grito de confrontación para una realidad insoportable: cada 31 horas matan a una mujer en Argentina. La mayoría, asesinadas por sus parejas o exparejas.

Pero la muerte es apenas el final del recorrido. El camino completo pudo leerse en las campañas, los carteles y las banderas que vistieron la convocatoria previa y la movilización. El #NiUnaMenos se convirtió en la más grande denuncia que se haya realizado en nuestra historia contra el machismo como sistema cultural que alimenta formas sutiles y formas explícitas de violencia. Un machismo que se sabe alimentado por mandatos familiares, dogmas religiosos, programas televisivos, lógicas publicitarias, pornografía importada, sexualidades colonizadas. Un machismo que se ha encargado desde hace demasiados años de cosificar a la mujer hasta reducirla a simple objeto de consumo.

La viralización de la convocatoria le dio a la marcha una pluralidad inesperada. Desde los grupos feministas y organizaciones sociales y políticas que sostienen la lucha contra la violencia sexista desde hace muchos años, hasta personas de todas las clases sociales que tomaron conciencia en los últimos días y decidieron participar, pasando por políticos y políticas que vieron en la consigna una simple oportunidad de tener sus cinco minutos mediáticos en un año electoral.

Como sea, la marcha de este 3 de junio cumplió su objetivo.

Ahora hay que pensar qué debería haber más allá de la consigna, más allá de la movilización, más allá de las fotos. Hay que pensar en el 4 de junio, en el 5, en el 6.

Ahora hay que contar el paso de las horas, y respirar con alivio sólo cuando hayamos superado las 31 horas sin una menos.