Una aventura de Gustavo Sala, el dibujante desaforado

Caminó el under desde Mar del Plata hasta el reconocimiento internacional. Y aunque se convirtió en un artista de culto, sigue siendo el mismo de siempre: un genio desquiciado y sensible. 

Gustavo Sala 1

 Fotos: Facundo Nívolo

Primera cuestión: Gustavo Sala es dibujante porque no podría ser otra cosa. Esté donde esté el tipo saca un lápiz, un cuaderno y boceta ideas, cuadros breves, piñas silenciosas y efectivas que conectan todas a la mandíbula de lo absurdo. Lo inesperable es apenas el punto de inicio, no le tiembla el plumín para hacer humor con caca, abortos, violaciones, personas enfermas o lo que sea. Puede ser revulsivo, sí, pero es un revulsivo sensible, entre los vómitos, la zoofilia y los extraterrestres hay citas inteligentísimas al rock, al cómic, al cine, a la literatura, a la política. Ahí es donde el asunto toma otro vuelo.

Segunda cuestión: en las tiras de Gustavo Sala lo que no se dice es el núcleo del humor. Un muchacho que le quiere mandar un mensaje de texto a una mujer para concretar una cita, pero se lo manda a su abuela monja, que lo recibe mientras está en la cama con un señor musculoso, y la monja le manda un mensaje de texto a Dios para avisarle que pecó, pero se equivoca y se lo manda al diablo, y el diablo lo recibe mientras está teniendo sexo con Dios. Y dios que le dice al diablo que está muy caliente.

La confusión llevada al máximo posible.

(¿Una abuela monja?)

La irreverencia frente a la solemnidad.

La estupidez del mensaje inmediato para comunicar todo.

La estupidez de todo.

Es eso: la estupidez de todo.

Sin caer en la estupidez,

por la estupidez misma.

Una genialidad.

Gustavo Sala 2

Sus primeras ediciones se remontan a principios de la década de 1990. Viajaba de Mar del Plata a Buenos Aires con unos cuantos fanzines Falsa Modestia para venderlos en comiquerías y convenciones de historieta independientes. También los distribuía por correo: él recibía un sobre con un billete de dos pesos y los datos del comprador, un peso lo usaba para pagar el envío del fanzine, el otro peso era su ganancia. Mientras, seguía produciendo, sin saber si alguien iba a publicar ese trabajo. Tampoco le importaba. Recuerdo una noche, en mi casa, hace muchos años, me dijo: “Dibujo porque tengo la necesidad de llenar un espacio en blanco”. Nunca me olvidé de esas palabras, me hicieron entender que su trabajo es el punto de encuentro entre la ansiedad y las ideas brillantes. Algo que parecería imposible.

Y entre tanto humor desencajado pienso en su mamá.

Y le pregunto qué opina su mamá de tanto humor desencajado.

“Mi mamá no dice mucho de mi trabajo porque trato de que no lo vea. Ella piensa que soy Liniers”.

Y me río a carcajadas.

La calidad de su trabajo y el caudal de producción, era obvio, dieron frutos. Tiene tres libros publicados con Ediciones de la Flor –en abril sale el cuatro Bife angosto–, además de la edición de “Hijitos de puta” (material de la revista Barcelona), Lo que no importa está acá (material que apareció en Rolling Stone), Ordinario, Amasala, Enfermito (Chile), viajes por el mundo, retrospectivas en museos y trabajos junto a otros talentosos como Carlos Trillo, Maicas, Lucas Varela y más. Mucho más. Es cantante melodramático, hombre de radio y un gran improvisador de historias.

Hay una conexión directa entre las tiras y el funcionamiento de su cabeza, o lo que parece ser el funcionamiento de su cabeza. Es uno de los tipos más memoriosos que conozco, se acuerda de todo, actores, músicos, años, fechas, títulos, publicidades televisivas, marcas de golosinas, y no es una memoria aplicada a un enciclopedismo estéril. Por el contrario, su memoria es un laboratorio de detalles, y son esos detalles los que proponen un segundo y hasta un tercer plano de lectura en su trabajo.

Por ejemplo, las remeras de los personajes.

O los carteles que aparecen en la calle mientras suceden los diálogos.

Incluso los títulos de las tiras, tan suyos.

Gustavo Sala 3

– ¿Cómo te das cuenta, en el proceso creativo, si una tira funciona o no?

– La mayoría de las veces uno sabe si la tira que manda a un diario funciona o no, si es buena o es una boludez, si es algo logrado y nos convence o es lo que único que se nos ocurrió. Y bueno, hay que mandar algo porque se viene la entrega. Otras veces puede pasar que uno manda una tira casi con culpa pensando que es una boludez total y después vienen comentarios de lectores copados diciendo que les pareció buenísima y cosas así. Y al revés, uno puede mandar una tira que considera lograda y vienen comentarios reprobatorios, acusándolo a uno de ladrón, choto, amigo de Nik y violador de jubilados.

– ¿Qué espera entonces el dibujante?

– Lo que uno espera, supongo, es lograr un mínimo de tiras que funcionen a lo largo del tiempo, viendo todo el trabajo en perspectiva.

– ¿Cambió tu forma de dibujar en los últimos diez años? ¿Cómo te ves?

– Espero que haya cambiado, y si es posible para mejor. A veces es inconsciente, cambia la forma de entintar, la línea, el pulso, la cantidad de elementos gráficos que uno mete en una viñeta. La idea es, con el tiempo, usar mejor el dibujo y los recursos de diseño para contar mejor y para que una idea esté mejor comunicada y controlar mejor el lenguaje.

– ¿Cómo elegís las palabras para escribir las tiras?

– Muchos de los personajes que dibujo en las tiras tienen que ver con la actualidad y la calle. Buenos Aires es un disparador diario de situaciones, ideas, escenarios. Tomar un café en un bar porteño, viajar en subte, caminar por el microcentro. Entonces la manera de hablar también tiene que ver con esto, supongo que quiero lograr que sea lo menos florida posible y que suene a la calle, a lo que nos rodea. Por eso debe haber tantas puteadas y malas palabras.

– ¿Y por qué hay tanto sexo en tus tiras?

– Hay sexo en las tiras porque me gusta pensar a los personajes como dibujos sexuales, personajes que cogen y transpiran y que tienen olor, olor a tinta china, en este caso. Y porque el sexo es lindo de dibujar.

– ¿Releés trabajos anteriores?

– No, nunca, porque no me gustan. No me gustan muchos de los que hago ahora, imaginate los viejos. Y también porque a veces uno por ansiedad o calentura ha publicado historietas y dibujos que no estaban para ser publicados y eso queda ahí, en algún lado, impreso en un papel. Por eso hay cosas viejas que no quiero ver ni en pedo.

– Gran parte de tus trabajos está bien subida de tono. ¿A qué responde la búsqueda en esos temas que pueden sonar revulsivos?

– Me gusta la expresión subido de tono, como si se tratara de tonos musicales, como si fueran dibujos que acoplan, historietas noise que generan bardo y hacen doler los oídos y los ojos a los que las miran. Dibujo cosas zarpadas y groseras porque soy un inmaduro de mierda. Porque me divierten los chistes de caca y abortos y porque en algunos de los medios en los que colaboro puedo hacerlo.

– ¿Cómo ves tu evolución en cuanto al material final? ¿Qué buscás hoy que antes no buscabas? ¿Qué recursos dejaste de lado?

– Hoy busco que las tiras y las páginas tengan más densidad, sean más gruesas, más sexuales, más negras. Y sintetizar. No meter boludeces por meter, que es un vicio muy tentador. Y tener mejores ideas que, en definitiva, es lo más importante. El dibujo sólo es la manera de representar las ideas y cosas que a uno se le ocurren contar. Te diría que sigo usando los recursos de siempre, probablemente sumando alguno.

– ¿Cuáles sumaste?

– Por ejemplo, muchas de las historietas las voy improvisando mientras las dibujo. Seguramente por una cuestión de ansiedad y no tener que esperar a tener la idea cerrada con el final pensando para empezar a dibujar. Eso puede dar frutos interesantes o lamentables.

– Ya que hablamos de los finales. No parecen tener demasiada importancia, de hecho, te burlás de eso en más de una tira. ¿En tu trabajo es más importante un detalle que un remate, por ejemplo?

– No. Pienso todo lo contrario. Para mí los finales tienen una importancia fundamental. Más tratándose de una tira, donde hay muy poco espacio, entre unas tres y cinco viñetas para desarrollar un guión. Quizás sea un error darle demasiada importancia al remate y uno termine, sin darse cuenta, convirtiéndose en un esclavo de la dictadura del remate, cuando una tira puede ser mucho más efectiva y hasta graciosa por la propia idea y el tono y lo que propone en todos los cuadritos que por el puto remate. Pero, de todas maneras, es importante calcular la cantidad de palabras que uno usa, cómo están dispuestas en el cuadro, etc. Y a veces una palabra o frasecita que cierre la ultima viñeta puede funcionar mucho mejor que un remate recontra graciocísimo.

– ¿Cuánto te importa el lector al momento de pensar una tira?

– El lector me importa mucho, más vale. Porque lectores somos todos. El que dibuja la historieta, el que la recibe en el diario, el editor, el que la lee en el diario o en internet. Y el lector se ríe o putea. Y completa el trabajo. ¿No? ¿Estoy diciendo muchas boludeces? ¿Alguien está leyendo esto? ¿Hola? ¿Están ahí?

– De tanto en tanto apelás al humor político: la marcha del 18F, Charlie Hebdo. ¿Cuál es el criterio para elegir un tema de actualidad? ¿Cuáles sí y cuáles no?

– Si bien no hago casi nunca humor político entendido como tal, a veces temas nacionales de la política piden ser dibujados o hacer algo con ellos. Así que cada tanto alguna cosa de actualidad de la hermosa política argentina aparece en mi trabajo.

– ¿Qué cosas? ¿Qué tienen que tener?

– Seguramente que trascienda lo meramente político y se convierta en un tema nacional, de discusión en todos los niveles. Pero fundamentalmente que me inspire alguna idea.

– Hablemos de tu rutina de trabajo…

– Es muy aburrida y estática. Básicamente es apoyar el culo en la silla, poner algo de música o algún programa en youtube de entrevistas, o algo que no necesite mirar, y dibujar lo que tenga que ir entregando. Y tomar algunos litros de mate, por supuesto. A veces el culo pide movimiento y traslado el trabajo a algún bar y de paso camino y miro a los otros seres humanos del planeta para robarles ideas. Sí, lo sé, es una profesión apasionante, llena de adrenalina y peligros.

– ¿Por qué seguís dibujando con plumín y tinta china?

– Porque necesito mancharme, necesito el dibujo sobre el papel y como soy muy progresista y muy de izquierda me gusta lo negro de la tinta.

– ¿Qué cosas, qué temas, en tantos años como historietista, te dejaron de importar?

– Creo que me importan los mismos temas de siempre. Y creo que ninguno me dejó de importar. Quizás ahora me interesen más los temas románticos o de amor, que antes no los tenía en cuenta como material para el trabajo de humor. Pero la idea es que se note lo menos posible que uno hace lo mismo desde hace bocha de años.

Gustavo Sala 4

Es cierto, el amor es una temática nueva en su trabajo. El año pasado inauguró el blog El amor enferma, nombre inspirado en una canción de Viva Elástico. “Son historietitas que empecé a dibujar a partir de una frustración amorosa y la necesidad de hacer algo con eso”, explica. “Empezó como algo circunstancial y de a poco se fue convirtiendo en una serie continuada que publico en la revista uruguaya Lento. Acá me hago el poeta y los personajes son bastante pelotudos. Al principio las tiras eran bien amargas y se iban iluminando de a poco. Igual no llega a ser Liniers, los personajes por lo menos putean”.

– Ya que estamos, recomendá tres bandas nuevas que estés escuchando.

– Muy bien. Tres discos nuevos que estuve escuchando en estos días: Remolino, de Acorazado Potemkin, Planes, de Franny Glass, y Deseos nuevos, de Julieta Sabanes.

Los fans hacen cola en la feria del libro para que les firme ejemplares.

Le dicen en su página de facebook que es el mejor de todos.

Lo invitan a abrir conciertos de rock con un monólogo improvisado.

Y él como si nada

en un café

mirando la hora

a cada rato

en su celular viejo

garabateando ideas deformes

con su cartuchera

con sus plumines

escondiendo chistes

en detalles

para una tira

que puede dar la vuelta al mundo.

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