El alfil que jugó con los reyes

El ajedrecista Gustavo Manuel Kanefsck tiene apellido ruso, pero no es ruso. Es argentino, salteño, y vive hace muchos años en Mar del Plata. Maestro Internacional, forma a jugadores desde que tienen apenas 7 años. En su larga trayectoria disputó partidas con los más grandes ajedrecistas del mundo.

Gustavo Manuel Kanefsck I

Fotos: Pablo González

“Según las leyendas, los lentos juegos bélicos emparentados con el ajedrez nacieron hace dos mil años en la India, y gradualmente fueron evolucionando mientras recorrían un largo camino a través de Asía Central, Persia y los países árabes de Oriente Medio hacia la Península Ibérica. Por otra parte, la versión indoeuropea acerca de los orígenes del ajedrez es conocida desde fines del siglo XVII. Acerca de su autenticidad, sólo es posible afirmar que el ajedrez actual surgió a orillas del mediterráneo a mediados del siglo XV. Se trata, por tanto, de una clara invención europea: juego de intelecto que constituye una suerte de simulación psicológica de la guerra”. 
Garry Kasparov

 

Gustavo Manuel Kanefsck es Maestro Internacional de ajedrez. Tiene 47 años. Nació en Salta, pero obtuvo su título ya establecido en la provincia de Buenos Aires. Son las tres de la tarde cuando me recibe en su departamento céntrico de la ciudad de Mar del Plata. El calor es temerario y nos cubre esa incómoda y gelatinosa capa de sudor, que para un marplatense sólo puede ser apaciguada por el agua del mar. En este noveno piso, nada más alejado del sueño turístico de la playa.

En el ambiente hay una mesa circular donde reposa el tablero de madera, las treinta y dos piezas, algunas intentando tomar posición en una casilla, otras acostadas, otras desorientadas por completo. También hay un cenicero de madera que tiene la forma de un caballo, el termo, el mate, y varias revistas y libros que se apilan según el maestro vaya pensando las clases del día para sus alumnos. En el fondo, la biblioteca: un enorme sillón aplastado por cientos de libros, apuntes, fotocopias y revistas de ajedrez.

Cuando se enciende el grabador, no me mira a los ojos, es más bien esquivo, como el andar de un alfil. Se levanta y habla desde la cocina. “Yo aprendí a jugar al ajedrez en Salta a los quince años, me enseñó mi padrastro, pero la verdad que no me gustaba mucho. En una parada de taxi ponían unos tableros y ahí jugábamos”.

El padrastro insistió, lo anotó en un torneo y compitió por primera vez. Ganó las primeras tres partidas y “me pareció que era todo muy fácil, pero entonces perdí las seis partidas siguientes. Hice tres puntos de nueve”.

Al tiempo lo llamaron de la Federación de ajedrez para que participe en un torneo zonal, compuesto por Tucumán, Jujuy y Salta. “Me llamaron no porque fuera bueno sino porque había pocos chicos de mi edad”.

Aún en Salta, en 1987, aunque ya le gustaba un poco más el ajedrez, todavía no había tocado un libro sobre el tema: “No había nada, buscabas en librerías y a veces encontrabas algunos libros, lo que se podía. Otros me fueron regalando algunos amigos del ambiente. Pero no era como hoy, con internet y con toda la información que hay”.

Gustavo enciende un cigarrillo. Ahora se sienta. El humo se hace amigo de las paredes, mientras va recordando el hilo de su adolescencia.

-¿Cuándo obtuviste tu primer reconocimiento?

– En 1988 salí subcampeón argentino sub 26, pero todavía era eso nada más, no lo pensaba como algo profesional. A partir de ese resultado, el gobierno me da una beca del Centro Nacional de Alto Rendimiento, un organismo estatal, y me fui a vivir a Buenos Aires. Pero todavía el ajedrez no estaba en mis planes como algo serio. Éramos pocos, había muchos deportistas pero éramos unos cuatro o cinco ajedrecistas becados. Íbamos a recibir alojamiento, comida, y clases de unos maestros importantes. Pero justo en esa época se va Alfonsín y con la llegada del gobierno de Menem no apareció nada de todo eso, nunca vimos a ningún maestro… ni la comida. Solamente jugamos algunas partidas y ahí quedó todo. Ahí me puse de novio con una chica y empecé a trabajar para ganarme la vida, tuve diferentes trabajos, lo que se podía.

La chica era Nora Vega, otra destacada deportista local, con quien tuvo a su primer hijo, Pedro. El aire nos estruja como si fuera una boa. Gustavo hace una pausa mientras toma un mate lavado. A él no le afecta el calor.

– En esa época empecé a estudiar Derecho pero no me gustó. Al año siguiente me vine a vivir a Mar del Plata. De alguna manera yo soy resultado del ajedrez, lo que soy y lo que no soy se lo debo al ajedrez. García Palermo, un ajedrecista muy importante, decía que, para él, recibirse de abogado fue muchísimo más fácil comparado con lograr el título de Gran Maestro.

Los títulos importantes en el ajedrez son dos: Maestro Internacional y Gran Maestro. Se obtienen cumpliendo “normas” que se logran con buenos resultados frente a oponentes fuertes, ya titulados, en torneos internacionales.

¿Cuándo empezaste a ser un ajedrecista profesional?

– La primera norma la hice acá en Mar del Plata, en el año 90, en un torneo que se hizo en el Hotel Hermitage. Las otras dos normas llegaron en el año 97: en otro abierto de Mar del Plata hice la segunda, y la definitiva, con la que me titulé, la hice en Saenz Peña, un pueblo de Chaco.

Gustavo me comenta que en aquel pueblito conoce a una mujer con quien tiene a su segunda hija, Sofía. De fondo, la computadora prendida muestra una foto de ella.

Gustavo Manuel Kanefsck

Fischer vs Spassky

– ¿El ajedrez es un deporte popular en nuestro país o, más bien, algo marginal?

– Si bien no es tan masivo, creo que el ajedrez es popular en Argentina. Todo el mundo lo respeta; saben que es algo complejo, difícil, pero les llama la atención. Antes, cuando yo era pibe, si vos decías que eras ajedrecista eras un marciano, era algo mucho más marginal. Después se hizo muy popular con el enfrentamiento entre Fischer y Spassky.

En 1972 se disputó un match por la corona mundial entre el norteamericano Robert James Fischer y el soviético Boris Spassky. El contexto de la Guerra Fría le dio a la contienda una fuerza simbólica que no tuvo comparación con ninguna otra. El norteamericano, con su aprendizaje autodidacta, se enfrentaba a la vasta tradición ajedrecística de la Unión Soviética, para arrebatarle la gloria al defensor del título. Y la disputa fue también psicológica: antes de comenzar el evento, Fischer apareció con todo tipo de reclamos, quejándose por la calidad de las piezas, por las luces, por la ubicación de las cámaras que no le dejaban pensar con claridad. El 11 de julio, día de la primera partida, Fischer llegó tarde al encuentro y se le dio por perdido el primer punto. Al siguiente día, por nuevas quejas sobre la disposición de las cámaras, del público, o el tamaño de la sala, decidió no presentarse. Así, el match comenzaba 2 a 0 a favor de Spassky, sin haberse movido una sola pieza. La disputa culminó 12 puntos y medio a 8 puntos y medio para Bobby Fishcher, coronándose como el nuevo campeón mundial.

Los campeones mundiales

– ¿Cómo se expresaba la popularidad del ajedrez en esos años?

– Yo me acuerdo que la gente se juntaba en el club, no sé a qué hora se jugaban las partidas del match, y lo escuchaban por radio. Yo todavía no jugaba al ajedrez, pero me acuerdo de eso. Armaban el tablero y se ponían a analizar las jugadas. Por la radio transmitían cada movida en vivo, por ahí pasaba una hora hasta que llegaba una jugada nueva, y la gente como podía reproducía y analizaba la partida en su casa, en el club, en el café. Fue el momento de mayor popularidad del ajedrez a nivel mundial, pero eso también por la Guerra Fría, cuando todavía existía la Unión Soviética. Por eso cuando se habla del ajedrez, todo el mundo conoce a Fischer, si vos decís ajedrez, todos dicen Bobby Fischer, pero la verdad es que yo no creo que haya sido el mejor. Kasparov ganó más de cien torneos internacionales importantes, Kaspárov más de noventa, no sé; en cambio a Fischer no se le pueden contar más de cuatro o cinco.

– ¿Por qué tuvo tanta popularidad?

– Es como en el fútbol, viene Palermo y hace cientos de goles, se convierte en una leyenda, después puede aparecer alguno muy habilidoso, pero dura un par de años y desaparece. Lo más meritorio de Fischer fue vencer a toda esa maquinaria soviética, a esa escuela de pioneros, desde la soledad. Pero también fue agrandado por ser norteamericano, por el propio gobierno que lo agigantó en el contexto de la Guerra Fría que se estaba viviendo. Si hubiera sido un jugador holandés seguramente que no se enteraba nadie. Él ganó el match contra Spassky y después ya no se presentó a jugar por la defensa del título contra Karpov, que asumió el campeonato mundial sin jugarlo, pero después lo defendió unas cuantas veces, y hoy es un indiscutible.

Gustavo Manuel Kanefsck

Fischer y los rusos

– La carrera de Fischer fue vertiginosa, por supuesto que era un talentoso, y debe estar entre los cinco mejores de la historia, pero no se puede comparar porque tuvo una carrera muy corta. Yo creo que su problema fue psicológico, no pudo soportar la tensión, y un ajedrecista necesita tener una cabeza muy resistente, es un juego muy psicológico.

Anatoli Karpov se destacó como un gran jugador muy tempranamente. Ya en el año 1973, gracias a sus éxitos deportivos, obtuvo una plaza para jugar las “partidas de candidatos”, el torneo de donde surge el retador a la corona mundial, que en ese momento estaba en manos de Bobby Fischer. Luego de vencer en cuartos de final a Lev Polugayevski, sorprendió en semifinales derrotando al favorito Boris Spassky, y en la final logró un apretado 12 y medio contra 11 y medio frente a otro coloso del ajedrez: Viktor Korchnoi. Así tuvo el derecho de enfrentarse a Robert Fischer por la corona mundial, aunque este no se presentó a jugar. Defendió su título dos veces frente a Korchnoi, en 1978 y 1981, siendo el número uno indiscutido hasta que llegó Garry Kasparov.

Gustavo ha tenido su experiencia propia con campeones mundiales. Tuvo el privilegio de conocer y jugar con los dos más importantes de toda la historia del ajedrez: Karpov y Kasparov . En uno de tantos libros que andan dando vueltas por su casa, hay una foto donde se lo ve jugando una partida contra Karpov, que cumple la función de señalador.

– Con Karpov jugué, y bueno, me tocó perder. Antes había jugado con Kasparov una partida por internet, un evento organizado por Clarín, pero te hablo del año 97, donde internet ni existía como se lo conoce ahora. Fue una experiencia difícil, no se podía medir bien el tiempo de los relojes, las jugadas llegaban más tarde… pero fui unos de los pocos jugadores, de mi generación te digo, que pudo jugar con estos dos monstruos del ajedrez. Hoy quedan pocos jugadores de mi edad, te diría que en Argentina pero también a nivel mundial. Hoy un jugador profesional de alto nivel tiene entre 23 y 25 años, como Alan Pichot en nuestro país, que en 2014 se consagró campeón mundial juvenil.

Otro ruso que Gustavo Kanefsck pudo conocer fue Vladimir Kramnik. Cuando lo conoció todavía no era famoso a escala mundial. Por el nivel que tenía no podía salir de la Unión Soviética.

– Me acuerdo que hablábamos en un idioma que habíamos inventado, porque él no hablaba ruso y yo tampoco sabía inglés, y él me decía, como podía, que se tenía fe, que veía que le podía ir bien con el ajedrez, pero lo decía con mucha humildad, y bueno, el tiempo le dio la razón.

Kramnik aún hoy sigue siendo un top ten del ajedrez mundial, y fue quien derrocó al más grande todos los tiempos, al barrilete cósmico ruso, Garry Kasparov.

Gustavo Manuel Kanefsck

El Mago de Riga

“Tuve suerte porque 1960 fue bisiesto y pude ser campeón un día más. Pero eso no me preocupa, porque el título de campeón es provisional, mientras que el de ex-campeón es eterno”
Mijaíl Tal

Gustavo también tuvo la oportunidad de conocer a Mijaíl Tal, originario de Riga, Letonia, quien fue el octavo campeón del mundo de ajedrez. De Tal se podría hablar mucho sobre su estilo profundamente psicológico y táctico, sobre su amistad con Fischer, sobre el título mundial, o su afición por el whisky y las mujeres.  Pero hay un detalle muy curioso que pasa desapercibido: su última movida. En su última partida, ya enfermo, antes de que su oponente abandone la lucha, el rey blanco de Mijaíl vuelve a la casilla “e1”, es decir, a su casilla de origen. Se podría decir que después de una larga peregrinación por lejanas batallas, había vuelto el monarca, ya cansado y viejo, a despedir para siempre a su fiel amigo Tal.

En 1990 fue invitado a Mar del Plata a participar de un torneo por la Federación Marplatense de Ajedrez y Gustavo tuvo oportunidad de jugar varias partidas.

Una partida con el Che

Corría el año 1962. Miguel Najdorf (o Don Miguel, como lo llamaría luego Garry Kasparov, admirador suyo) viajó a Cuba invitado como figura de la cultura por el nuevo gobierno revolucionario de Fidel Castro. Entre otras actividades de la visita, jugará una partida contra el Che Guevara. Según cuenta él mismo, en determinado momento le ofreció tablas, como gesto de cortesía. Sin embargo, Guevara las rechazó, fiel a su testarudez, y le contó que cuando era muy joven, participó de unas simultáneas en Mar del Plata brindadas por él, y perdió, así que ahora quería empatar el score. “Y bueno, le tuve que ganar”, comentó luego el polaco.

Gustavo también tuvo su encuentro con Najdorf. La primera vez que jugaron le ganó. Según Gustavo, eso le permitió ganarse su respeto. La revancha fue de Najdorf; la tercera un empate. Cuando Najdorf venía a Mar del Plata lo invitaba a Manantiales, donde él se alojaba, y se pasaban la noche entera hablando, jugando al ajedrez, analizando partidas.

– Él fue otro monstruo del ajedrez, sin dudas el más grande de la Argentina, aunque no era argentino, era polaco nacionalizado argentino. Tenía una memoria increíble. A veces jugábamos una partida y me decía “esta posición la jugué en el año 58 contra tal jugador”, y vos después la buscabas en la base de datos y era cierto.

Gustavo Manuel Kanefsck

Pensar en ajedrez

– ¿Exige mucho el deporte en ese nivel?

– A veces necesitás que la cabeza se apague, le pedís que pare un poco, pero las maderitas se siguen moviendo. Por eso muchos jugadores, excelentes jugadores incluso, tuvieron que dejar de muy jóvenes el ajedrez, no podían superar los nervios, la tensión del juego. Y otros no tan buenos tuvieron buenos resultados porque pudieron manejar bien los nervios. Se necesita una cabeza muy fría, porque estás jugando contra otro jugador, y el otro también quiere ganar, le pasan las mismas cosas. Por eso la derrota es muy dura en el ajedrez. Se lo compara mucho con el tenis, porque la victoria es toda tuya, pero la derrota la tenés que enfrentar en soledad. Y duele mucho, porque uno se acostumbra a que ganar es el resultado obvio, el que se tiene que dar, pero perder es algo terrible.

Boris Spassky le contó a la prensa, hace no mucho tiempo, que es habitual para él soñar con Fischer. “Por ejemplo -dice Boris- una vez le pregunté cuál es mejor como primera jugada, e4 o d4. Y me dijo que d4, porque ese peón está defendido, y el otro no”.

– Yo sueño muchas veces con partidas, con oponentes. Ahora ya no me pasa tan seguido, pero antes por ejemplo me despertaba a la madrugada y encontraba una jugada que no había podido descubrir sobre el tablero, durante una partida que había jugado. Entonces me levantaba de la cama y tenía que comprobar si esa jugada era la correcta, y sí, muchas veces pasaba que sí, que descubría la jugada correcta dormido. El ajedrez te cambia la manera de pensar, te cambia la cabeza en muchos sentidos.

– ¿Hay jugadores supersticiosos?

Hay mucha gente que está esperando que pase algo y los salve, como cuando tienen una enfermedad grave, esperan un milagro. En ajedrez es muy difícil ser supersticioso, todo depende de vos. Sin embargo, es increíble que una figura como Kasparov (y no es el único) sea tremendamente supersticioso, al nivel de jugar siempre con la misma lapicera, anotarse en la habitación número trece del hotel para los torneos, es increíble que en un juego tan lógico haya tanta superstición.

– Le das clase a chicos, ¿te parece que aporta a su desarrollo?

El ajedrez a cierta edad es muy bueno, por eso estaría bueno que en los colegios haya ajedrez obligatorio, no para que haya más ajedrecistas profesionales, sino para que los chicos aprendan a razonar mejor, a pensar de otra manera.

Gustavo Manuel Kanefsck

Vida en simultáneas

– ¿Se puede vivir del ajedrez?

– Aunque el gobierno actualmente está destinando más fondos para el ajedrez, en Argentina no se puede vivir de esto, salvo que seas el número uno o dos del país. Si no, te la arreglás como podés, yo por ejemplo doy clases en un colegio, y en mi casa tengo mis alumnos. Pero después de dar clases todo el día no podés dedicarle mucho tiempo a seguir estudiando para vos. A veces me quedo un par de horas estudiando a la noche, pero no es fácil. No se puede dar clases a chicos de siete, ocho años y que te sirva a vos también. Yo tuve la oportunidad de viajar a Europa y elegí otra cosa. Por eso no aspiro a ser Gran Maestro, eso sería un logro personal, estaría bueno pero no es una meta, algo que me preocupe. Además sería un record Guiness, a mi edad. La mayor alegría que me dio el ajedrez no fue mi título, fueron algunos torneos que he ganado, cuando salimos campeones en el torneo Playas, de Necochea, por ejemplo, me gusta mucho jugar en equipo.

Después de apagar el grabador, Gustavo me cuenta que en pocos días más viaja al sur, donde están programas unas partidas simultáneas contra veinte tableros. La Federación de Ajedrez Chubutense publica el evento: “El Maestro Gustavo Kanefsck brindará una simultánea abierta al público en general, en la localidad de Trelew. El Campeón Marplatense 2014, a partir delas 18hs del sábado 7, estará presente en la peatonal de Trelew dando una sesión de partidas simultáneas”.

– La gente a veces no entiende que es lo mismo jugar contra veinte tableros que contra cuarenta. Unas vez me preguntaron, “pero ¿y si te cambian una pieza de lugar y te no das cuenta?”. Esas cosas no pasan, pero es porque atrás hay mucho estudio. Me hace acordar cuando los chicos de primer grado se sorprenden porque conocés los colores de las casillas sin mirar el tablero.

Nos vamos despidiendo. Mientras me acompaña hasta la planta baja, no deja de hablar. Hace rato que se olvidó de la entrevista, pero sólo habla del ajedrez, la pasión que lo acompaña cada uno de sus días. Me dice que antes los ajedrecistas eran muy ermitaños, porque el estudio los obligaba a pasar mucho tiempo encerrados, pero eso ahora está cambiando con las nuevas tecnologías; me dice que él es muy sociable; que no habrá otro jugador como Kasparov; que Brostein y Tal fueron, además de geniales ajedrecistas, excelentes personas.

Una vez en la vereda, el sol nos sacude con otro hachazo en la nuca. La figura alargada de Gustavo se pierde con el paso oblicuo de un alfil, buscando un lugar donde conseguir más cigarrillos.