La otra temporada

El circuito de centros culturales alternativos propone formas del arte ausentes en las salas comerciales. Asomando la trompa en una batalla desigual, aportan a la cultura marplatense una impronta singular, caracterizada por el compromiso social, el profesionalismo y la pasión por lo que hacen más allá del dinero. 

Texto: Ajo – Fotos: Pablo González

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La temporada es como un disfraz. Uno que se usa por tres meses y que, con bolitas de naftalina, se guarda en un cajón durante el invierno. Millones de personas llegan a Mar del Plata durante el verano y quienes habitan en la ciudad esperan hacer una diferencia de dinero aprovechando que la multitud está dispuesta a gastar en sus vacaciones.

Además de la playa y otros paseos al aire libre, el otro gran atractivo son los espectáculos que se montan en los teatros locales. Son cientos de propuestas que, en su gran mayoría, vienen de la ciudad de Buenos Aires. Se estrenan en “La Feliz” para luego, durante el año, hacer temporada en Capital Federal. Con algunas bailarinas, una vedette vieja, un cómico que se ríe de lo común y, sobre todo, muchas plumas y concheros, las grandes producciones capitalinas se instalan en la Costa Atlántica, encandilando, con sus luminosas marquesinas, la propuesta de los artistas locales. Cuentan con una importante maquinaria mediática para su difusión y son fuentes de información y debate de cuanto programa vespertino aparece en la programación televisiva.

Como contracara silenciosa, son muchos los centros culturales alternativos que funcionan en la ciudad. Sus orígenes son diversos y las actividades que realizan, también. Pero hay algo que los une: sus propuestas culturales son una forma de reflejar otros lenguajes y otras prácticas de producción cultural.

Sin patrones ni empresarios, y algunas veces sin financiamiento ni apoyo del Estado, esperan la temporada como un momento más del año, pero con la expectativa de que cada vez más marplatenses y turistas se acerquen a conocer sus trabajos.

Revista Ajo conversó con algunos de los muchos espacios culturales alternativos de Mar del Plata: El Séptimo Fuego, La Bicicleta, América Libre -Casa del Pueblo-, Cuatro Elementos, El Club del Teatro, Espacio Mele y La Casa de Enfrente. Con ellos, repasamos sus historias, proyectos, qué piensan sobre la temporada, cuál es el trabajo que realizan durante todo el año y qué preparan para este verano.

“Hoy tenemos mucho más de lo que siempre imaginamos”

Cuatro Elementos Espacio Teatral se inauguró en diciembre de 2012, pero es la continuidad de un proyecto que data de hace más de 20 años. El origen fue el garage de la casa de Fredy Virgolini, donde inauguró en aquellos años una escuela de teatro: la EA! (Escena Abierta). El deseo que motorizaba a este actor, era generar un espacio para contactarse con otros actores.

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Actualmente funcionan en un caserón refaccionado a nuevo, ubicado en Córdoba 2365, en donde construyeron un espacio de arte integral. “Desde hace mucho veníamos soñando con un espacio que albergara un proyecto artístico mucho más amplio, diverso e integrador como el que estamos llevando adelante desde 2012”, cuenta José Luis Britos quien, junto a Rosie Alvarez, Fredy Virgolini y Pablo Marchini conforma hoy  Cuatro Elementos.

El espacio se sostiene, principalmente, con los ingresos provenientes de tres vías: un porcentaje sobre la venta de entradas de los espectáculos que se presentan, un porcentaje de las cuotas de las clases y seminarios formativos que se dictan y un subsidio del Instituto Nacional del Teatro.

El lugar está abierto todo el año, no sólo como centro formativo, sino como sala de teatro. “Nosotros le damos mucha importancia al invierno. Todo el año trabajamos porque el público de Mar del Plata es el estable y es al que nos dirigimos”, aporta Fredy Virgolini. “La temporada está invadida de otros espectáculos, no tan teatrales, pero con producciones importantes que tapan lo que se hace en el teatro independiente”, sostiene.

Durante la temporada, Cuatro Elementos cuenta con una programación diaria de espectáculos de teatro, música, danza y hasta una presentación de magia. Una propuesta variada y para todos los públicos; incluso con una realización artística destinada a los bebés.

Producción teatral, pedagogía y participación social

“Es un proyecto que abarca mucho más de lo que puede ser un teatro”, explica Viviana Ruiz cuando cuenta qué es El Séptimo Fuego, el centro cultural que funciona en Bolívar 3675. “Siempre dijimos que no sólo queríamos un lugar para hacer nuestras obras de teatro, sino que queríamos un espacio de libertad, de debate de ideas, que sirva a la comunidad”.

Son los tres pilares más importantes que, desde hace 17 años, rigen la actividad del espacio: producción artística teatral, pedagogía y  participación en lo social.

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Quienes organizan el lugar son un equipo de gestión de ocho personas que se reúnen semanalmente y toman las decisiones de manera asamblearia. Al momento de la producción artística, cada uno tiene su tarea. “En el arte no hay trabajo horizontal, cada uno tiene su rol y es necesario que así sea”, afirma Ruiz. Además de las ocupaciones artísticas, los gestores del proyecto tienen responsabilidades en la administración, atención al público y mantenimiento del lugar. Económicamente, el centro cultural se sostiene con el arancel de la escuela de formación actoral que cuenta hoy con alrededor de 200 alumnos, más lo que se recauda con la boletería de la sala y un pequeño subsidio del Instituto Nacional del Teatro que llega “tarde, mal y en cuotas”. Ese ingreso se invierte, principalmente, en el mantenimiento y mejora del lugar. Otra de las formas de financiamiento consiste en destinar el 30% de cualquier premio y/o reconocimiento otorgado tanto a las producciones surgidas del espacio como así también a cada integrante del Séptimo Fuego. “Hace poco ganamos un concurso de proyectos teatrales que convocó el Teatro Auditorium, donde se presentaron más de 28 elencos. El premio era una suma importante de dinero, la producción de la obra y el bordereau. Una vez más, el 30% de ese premio lo destinamos al Séptimo”, concluye Viviana.

Durante el año, de lunes a jueves funciona la escuela de formación actoral, que cuenta con la participación de distintos docentes reconocidos de la escena teatral marplatense y el resto de los días hay obras de teatro. Otra de las actividades que supo contener el espacio consistió en la edición de la revista de crítica teatral “La Fábrica de Bienes Inmateriales”: “era un proyecto importante. Llegamos a hacer siete números y sacar más de 2.000 ejemplares, pero no pudimos continuar. Siempre entendimos que a la ciudad le hacía falta una producción local de crítica teatral. En varias oportunidades pedimos subsidios al Instituto Nacional de Teatro pero nos ofrecían un monto que no nos alcanzaba para solventar la publicación”.

Durante agosto se comienza a charlar sobre la organización de la temporada de verano y, según Viviana, es uno de los temas que más se debate, porque consideran que el espacio tiene que estar abierto a todo el mundo: “pero no puede venir cualquier espectáculo, el lugar tiene que apuntar a la excelencia”.

La grilla de actividades para la temporada se construye con un porcentaje de espectáculos de producción propia y de alumnos de la escuela, presentaciones llegadas desde afuera y otras disciplinas como la danza y la música. En esta temporada, El Séptimo Fuego cuenta con 14 espectáculos semanales, dos diarios de lunes a lunes, entre los que se pueden ver obras de producción propia, de otros elencos y también de industria porteña.

“Buscamos traer propuestas nuevas”

El Club del Teatro nació a fines de 2005. En la sede del Partido Socialista ubicada en Rivadavia 3422 había un sitio vacío que supo cobijar otras experiencias culturales como el Galpón de las Artes y el Teatro Arena. Cuando las fundadoras del Club llegaron al lugar, comenzaron a refaccionarlo prácticamente por completo.

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Cinco mujeres gestionan la sala, que además es un espacio de formación. Allí funcionan actualmente trece talleres distintos, los cuales convocan a más de 200 alumnos que durante todo el año le dan vida al espacio. Además, hay seminarios con maestros que vienen de todas partes del país y de otras latitudes del mundo como Alemania, Brasil, España y Francia: “Siempre estamos atentas a lo que a nosotras nos interesa. Estamos todo el tiempo en gestiones para traer propuestas nuevas”, dice Paola Belfiore, una de las fundadoras.

La sala de teatro se sostiene económicamente con lo que se recauda en las actividades, y ese monto se vuelve a invertir en la infraestructura del espacio: pintura, consola de luces, refacción de la cocina, camarín. Otro de los aportes proviene del apoyo que también reciben del Instituto Nacional de Teatro.

Durante el invierno, se trata de dar la sala a todos los elencos que la soliciten y únicamente se les pide a cambio que difundan las actividades: “Que activen la convocatoria de gente, por que cuesta abrirla, cerrarla, mantener la sala”, cuenta Paola.

“En verano analizamos las propuestas y el criterio gira en torno a seleccionar obras que tengan una búsqueda. Ahora priorizamos el humor en esta temporada. De todas maneras, los grupos que están ensayando en el espacio tienen prioridad”, concluye.

Durante la temporada, El Club de Teatro intensifica la actividad de la sala. Este verano cuenta con 17 obras en cartelera. Para lo que resta del 2015, tiene agendado agregar funciones, talleres y espectáculos para festejar sus primeros diez años en la escena marplatense.

Arte, política y autogestión

El Centro Cultural América Libre -Casa del Pueblo- está ubicado en la esquina de XX de Septiembre y San Martín. Era un edificio del Estado nacional que llevaba nueve años de abandono, cuando un grupo de artistas, trabajadores y estudiantes decidió recuperarlo, a través de una toma, para abrir un espacio cultural. Ya cumplió ocho años de vida.

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Siempre atravesado por los cruces entre arte y política, en el 2013 el espacio pasó a formar parte del movimiento popular Patria Grande. A partir de allí, el funcionamiento se organizó en tres grupos de trabajos. El grupo de intervenciones callejeras (con actividades como el muralismo y la intervención de espacios públicos), el grupo “del América”, quien se encarga del mantenimiento y funcionamiento interno de espacio y el sector de relaciones políticas. Cada grupo tiene su reunión una vez a la semana y luego se juntan cada 15 días a debatir y consensuar las propuestas.

Durante todo el año el centro cultural tiene su propia vida. Actualmente hay dos cooperativas de trabajo que acondicionaron el espacio y funcionan en el primer piso. Existe una sala de entrenamientos de circos, de teatro, de danza, talleres de yoga, seminarios de formación actoral, una galería de arte y clases de tango los miércoles, un taller que nació casi al mismo tiempo que se recuperó el espacio, allá por septiembre de 2006.

Los criterios de selección de espectáculos para la temporada son “que el grupo conozca el centro cultural y que acompañe la propuesta, que cuide el espacio como si fuera propio. Eso hablamos con los elencos en las reuniones previas. No pedimos CD de obras, ni carpetas. Nunca nos pasó que venga alguien a pedirnos la sala y que esté desentendido del proyecto o no conozca la propuesta política que tenemos”, comenta Carmen Domínguez, una de las integrantes del América Libre. Al igual que en los otros espacios, los elencos que ensayan una obra en el centro cultural tienen prioridad.

Respecto a los contenidos de los espectáculos programados “no se aceptarán obras racistas, homofóbicas o con contenidos misóginos”. Otra de las modalidades que decidió adoptar el centro cultural es la de no cobrar la última función de cada mes, con el objetivo de que nadie se quede afuera de las funciones y que el factor económico no sea un impedimento para poder disfrutar del teatro independiente en plena temporada marplatense.

Casa y Centro Cultural

La Bicicleta es un centro cultural que nació en 2010. “Estábamos buscando un lugar en donde vivir y queríamos conseguir un espacio que fuera más que una casa, que fuera un espacio para generar otras cosas. Un lugar semi público para compartir con el barrio y amigos artistas”, explica Maximiliano Mena, quien junto a Bruno Festa y Rodrigo Nogera integran La Bicicleta.

El espacio, que funciona en Falucho 4466, se autogestiona con las clases de teatro, danza, noches de música, milonga, muestras y seminarios intensivos. “Hubo momentos en los que no se autogestionó y lo bancamos nosotros”, recuerda Maxi.

Durante la semana hay talleres anuales que funcionan desde abril y los fines de semanas, generalmente, alguna actividad se asoma. La grilla se va construyendo día tras día porque no hay una programación fija. “Buscamos que las actividades sean en conjunto, donde nosotros podamos ofrecer algo más que el espacio y que los artistas puedan hacer algo más. Que se cree algo en común”.

En plena coincidencia con el resto de los centros culturales, La Bicicleta ubica a la temporada de verano como un momento, de mucho trabajo, pero que se gestiona con la misma intensidad que las actividades en invierno. Lo que sí diferencia a este centro cultural de otros es que está alejado del centro. “A veces es difícil que la gente se acerque hasta acá porque estamos en un barrio. Si bien no es un impedimento, cuesta”, cuenta Maximiliano.

Durante la presente temporada cuentan con un elenco de teatro de ciudad de Buenos Aires, distintas producciones locales y un ciclo de teatro urgente, una propuesta experimental de escenas inmediatas donde se utilizan todos los espacios del lugar para hacer distintas escenas de teatro e improvisación.

Nacional y popular

“Queríamos un espacio desde el cual poder producir y difundir la cultura popular de Mar del Plata. Buscamos mucho hasta darnos cuenta que frente al local donde veníamos trabajando había en alquiler un lugar. Así surgió también el nombre”, cuenta Carlos Luis, uno de los integrantes de La Casa de Enfrente.

La forma de equiparse y financiarse es a través de varios proyectos que han presentado en el Ministerio de Cultura. “Los gastos más gruesos se solventan a través del aporte voluntario de algunos compañeros, pero también el espacio cuenta con una barra que funciona los días que hay espectáculos, donde ofrecemos comidas y bebidas a precios populares”, cuenta Carlos.

Integrado por jóvenes militantes del kichnerismo, trabajadores y artistas, el centro cultural trabajó todo el año con emprendedores de la Economía Social y Solidaria y en articulación con el programa Fines, realizan La Casa de Enfrente TV (un canal de youtube donde comparten entrevistas que realizan a los artistas que pasan por el centro cultural) y la programación de recitales, varietés culturales y ciclos de música.

Si bien no cuentan con una programación fija para la temporada de verano, lo que puede observarse en su cartelera son actividades de distintas compañías de la ciudad, ciclo de recitales, charlas con personalidades de la cultura y noches temáticas: fiestas que reúnen la idiosincrasia y el ritmo de diversas regiones de América Latina. La Casa se encuentra en la esquina de Córdoba y 25 de Mayo.

El arte en todas sus formas

Espacio Mele es un centro cultural que surge como iniciativa familiar: “Con el objetivo de generar un espacio para la promoción de la cultura y el encuentro del arte en todas sus formas. Aporta a la comunidad un lugar donde expresarse, crear y compartir”, relata Gloria Magrini quien, junto a su familia, organiza eventos musicales y ciclos de cine, una de las propuestas más fuerte del centro cultural, al igual que el espacio de arte  donde exponen artistas de todo Mar del Plata.

Respecto a la financiación, Gloria comenta: “Llevamos ya tres años funcionando. Los primeros dos costó que el espacio pueda autofinanciarse a través de talleres, seminarios, cursos, presentaciones de música, teatro, cine, danza, galería de arte, ferias de diseño y un pequeño buffet”. El espacio también se presta para actividades que no persiguen un fin ganancial, como por ejemplo charlas o eventos solidarios.

A la actividad fija de todo el año, durante el verano se suma una oferta más variada “En el verano cambia un poco la dinámica, al contar con el clima más cálido aprovechamos el jardín, donde tenemos armado un escenario y organizamos presentaciones musicales los viernes y sábados, teatro los martes y cine los domingos”. Además, cada mes, se renueva la muestra expuesta en el espacio de artistas consolidados y emergentes de la ciudad.

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