La voz de los poetas

Mar del Plata tiene un circuito permanente de lecturas de poesía, donde poetas jóvenes leen sus textos, los ponen a prueba, los entregan. Allí, la lectura deja de ser un momento solitario para volverse colectiva. Un cronista y un poeta e investigador de poesía contemporánea nos guían a través de esta actividad anacrónica con lugar en diferentes bares de la ciudad. 

Por  Juan Salas – Foto: Lucía Giacondino

Cultura desde el + acá #5

En bares de noche. La poesía parece funcionar mejor en bares, entre humo, tragos y murmullos. El ambiente es hostil; la gente charla y está distraída. Si todos escuchasen al poeta cuando lee, sería más fácil. La poesía no es fácil, es contracultura, es una ruptura, un aullido que se repite de forma diferente. Una lectura de poesía es una batalla contra todo lo establecido, contra el contexto, contra la música de fondo, las charlas, las risas, el silencio crítico, contra el que escucha y contra el propio poeta.

-¿Dónde vas?

-A una lectura de poesía.

-¡Ay, perdón! Qué delicado. Divertite…

Diálogos parecidos se repiten. Tal vez, en el imaginario colectivo –de algún colectivo– figura que a las lecturas de poesía asisten personas amaneradas, finas, vestidas como personajes de Shakespeare que sostienen una calavera y se la pasan diciendo “ser o no ser”. Nada más alejado. O tal vez no tan alejado, pero sí distinto y aggiornado. Quizá en este siglo XXI, los beatniks de antes son nuestros hipsters; los Bukowski, nuestros borrachos enojados, pero que siguen viviendo de sus padres; y los Lorca, los Lorca seguirán siendo Lorca.

Las lecturas de poesía están emparentadas con la música, con el rock under. Son under. Los viernes de casi todo el 2014 a la noche en Bon Vivant –Independencia 1003– se realizó el ciclo de lecturas de poesía Linx. Una de esas noches, el lugar –unas quince o veinte mesas– está lleno. De fondo, suena  música a cargo de Leo Ferro –SLNT en su proyecto solista–.

Mariana Garrido comienza a leer y parece que sufre con cada palabra. Chiquita, pelo corto, voz dulce, aniñada, desnudando un poema frente a un público que sigue un poco en la suya, al que le arranca uno o dos aplausos.

“Cuando te veo, quiero morderte, masticarte y tragarte, pero seguiría con hambre. Me quedo quietita mirándote, ya no sé qué quiero hacer con vos. Nada me alcanza”, recita Mariana.

Un matrimonio mayor habla muy fuerte. La mujer se queja: “Poesía no, por favor, poesía no”, casi que se vuelve loca. Vi escenas de películas de terror clase B más coherentes que esto. Se acercan a pedirles por favor que se vayan del lugar. “Yo pagué, yo pagué”, explica el hombre. El hombre pagó, pero igualmente los echaron del bar. Eso sí, con el ticket de la comida en la mano. Mariana continúa leyendo. Así funcionan las lecturas, son una batalla contra lo imprevisto.

El poeta, escritor e investigador de poesía contemporánea Matías Moscardi me acompaña en una de las mesas del bar. Pedimos unos tragos y dice: “Hay gente que no le agarra la onda. Pero esto es como tocar con tu banda en vivo: se te corta una cuerda y tenés que seguir”.

 ¿Cuándo arrancan las lecturas de poesía? ¿Es un fenómeno nuevo?

– Parece una práctica moderna, pero viene de antes. Acá es relativamente nuevo, porque se empezaron a hacer festivales de poesía hace poco. Vas a un lugar, escuchás la voz del poeta y después no podés leer sin escuchar esa voz en tu mente, porque se impone. Es muy loco.

Matías Moscardi es uno de los organizadores del Festival Independiente de Poesía De Acá. Es uno de los referentes del movimiento en la ciudad y es constantemente invitado a participar de festivales y lecturas de poesía en otros lugares del país, como Buenos Aires, Rosario o La Plata. Digamos que es un crack que le pega con las dos piernas y que se animó a oficiar de guía esta noche.

“La lectura en vivo –explica Moscardi– es una forma de poner a circular un texto, ponerlo a prueba, corregirlo. Uno tiene esa idea del escritor solitario en su casa, que no muestra nada, y de repente publica algo y la gente lo lee. Eso es algo fantasioso. En la poesía es distinto. La poesía es esto que está pasando”.

“La poesía es esto que está pasando”, me quedo pensando en esa frase mientras escucho la música que pasa Leo Ferro. Llegan al bar los editores de Puente Aéreo, La bola y Letra Sudaca, que esta misma tarde presentaron Papel, su tienda virtual para vender libros a todo el país. La lectura de poesía parece un punto de reunión.

El público que hay en el bar es el que se puede encontrar en un recital, una clase de la facultad o cualquier otro bar. Moscardi me ve perdido viendo rostros y se adelanta a cualquier pregunta: “En las lecturas, cada vez veo menos gente de Letras. Es un público heterogéneo”.

– ¿Las lecturas de poesía rompen un poco el mito de pensar la lectura como una actividad solitaria?

– La poesía originalmente era vocalizada y cantada. Estaba pensada para ser ejecutada con una partitura musical frente a personas. La lectura en voz baja es un invento tardío, surge en las bibliotecas, en los monasterios. Por eso creo que las lecturas de poesía son algo anacrónico: por esa vuelta a la recitación, a la puesta en vivo, pero con micrófono en mano y visuales de fondo.

La música se esfuma. Gastón Domínguez agarra el micrófono. Nada de vestimenta amanerada del siglo XVIII y una calavera en la mano. Gastón tiene barba, pelo largo y una remera de Spinetta.

“Los pájaros no cantan de noche, eso pensaba de niño, de adolescente y después de casado. Pensaba, duermen de noche como los humanos; por lo tanto, no cantan de noche…”

Lo que está leyendo Gastón es narrativa: es más difícil de seguirle el hilo que a un poema. Miro por la ventana y por Independencia pasa un grupo de pibes andando en skate. Unas chicas, bien producidas, suben a un taxi para ir a un boliche y un linyera va a los tumbos, pide plata, no le dan, y sigue hacia ninguna parte. El mundo sigue girando y las palabras de Moscardi vuelven a sonar en mi cabeza: “La poesía es esto que está pasando”.

Bonus track: Lecturas de poesía en la ciudad.

Ciclo de lectura Linx, Bon Vivant, Avenida Independencia 1003. Ciclo que se realizó todos los viernes a las 22.00. En diciembre anunciaron un parate hasta marzo de 2015.

La Prosa MutantePiano Bar, Moreno 3359. Este es el ciclo de lecturas más under de todos. Se realiza los jueves a las 20.00. Se anuncian poetas, pero puede suceder que lea cualquier persona presente.

Descartes, entre la tinta y el tinto, Dickens, Diagonal Pueyrredon 3017. Ciclo mensual y temático. Se anuncia un tema o un autor y las lecturas giran en torno a eso.

39° bajo cero.  Ciclo de poesía informalmente mensual. Se presenta a modo de festival, organizado cada fecha en un lugar distinto; puede ser una casa, un garaje, una peluquería. Rondas de lecturas, bandas en vivo y djs. La próxima 39° bajo cero, dicen será a mediados de enero en un lugar que todavía desconocen sus organizadores.

Festival Independiente de Poesía de Acá. Este año se realizó la VIII edición y fue un éxito. Por lo general, se realiza en octubre. Unos 30 poetas de todo el país leen sus textos. Además, hacen feria de venta de libros independientes.