El Festival de los otros

Una vez más, se da cita en Mar de Plata el encuentro internacional de cine. Ya son 29 ediciones, pero la tensión entre ser anfitriones, organizadores o sólo prestar la casa, sigue dando que hablar. Amamos a este Festival que invoca a la ciudad desde su nombre pero que es pensado, organizado y coordinado desde Buenos Aires.

Por Mex Faliero – Fotos: Federica González

Festival de Cine 1

El 29º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata ha venido cocinándose a fuego lento, corrigiendo algunos errores del pasado en materia de comunicación oficial y dejando entrever cierto desgaste en su apuesta estética. Pero el cine es cine, y ahí donde alguien ponga el ojo para contar una historia puede surgir lo inesperado: de ahí su interés imperecedero como acontecimiento cultural. Con mejor o peor nivel en su programación, el Festival es ya un objeto que funciona solo, sin sobresaltos y que está totalmente impuesto en el calendario anual. Y sigue siendo, a ojos del marplatense atento a los detalles, un acontecimiento ajeno, desconectado de su realidad, al que se le presta un nombre y un escenario, pero que devuelve poco.

El Festival es de Mar del Plata, porque se hace en Mar del Plata. Pero es un evento coordinado, pensado, generado, motivado y aprovechado por instituciones y agentes culturales porteños: cada edición es una propuesta que se trabaja a lo largo del año en Capital Federal, sin una comunicación fluida y constante con los estamentos culturales de la ciudad que en definitiva será la que lo albergará. La Secretaría de Cultura local no participa más que de los actos protocolares, y no se hace nada para ser tenido en cuenta. Ni qué decir aquellos agentes capacitados para participar en procesos de selección de materiales o que podrían aportarle una identidad local al Festival.

Si usted quiere mandar una película para participar, debe hacerlo a una dirección postal ubicada en Ciudad de Buenos Aires. La conferencia de prensa donde se presenta el Festival a los periodistas, se hace en Ciudad de Buenos Aires. Si usted es periodista de Mar del Plata y quiere informar sobre el Festival que se organiza en su ciudad, seguramente se enterará antes por los medios de Ciudad de Buenos Aires que por la gacetilla informativa que le llegará a su mail. Los jefes de prensa son de Ciudad de Buenos Aires y no se preocupan por conocer los medios locales, por lo cual caen habitualmente en desconsideraciones durante el proceso de acreditaciones. Y no es que los periodistas locales nos merezcamos un trato diferenciado, sólo que se trata del Festival de Mar del Plata. Es decir…

Festival de Cine III

Los marplatenses miramos, como espectadores, como los del cine. La figura del circo, que llega con su carpa y su colorido para irse al mes dejando un hueco en un terreno baldío, no podría ser más precisa.

Se dirá que después de todo el Festival lo organiza el INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales). Pero así como el Instituto se preocupa por generar festivales en diversos puntos del país y trabajar fuertemente el vínculo entre el espacio físico y el cine (como ocurrió en el reciente Tres Fronteras o en el Unasur, por dar dos ejemplos), no existe aquí una operación similar. Aunque claro, puede que esto tenga que ver tal vez con la propia esencia de un Festival nacido como espejo de los grandes festivales del mundo, más cerca del glamour y lejos de la mirada sociológica.

Claro que esta dinámica perversa es un juego de ida y vuelta. La prepotencia organizativa centralista no hace más que aprovecharse de la indiferencia local por ganarse un espacio, algo que nace desde el Estado comunal y se extiende a los propios medios que ignoran las posibilidades del debate alrededor del arte: son escasos los espacios donde se ejerce la crítica cultural en una ciudad que alberga dos festivales de cine internacionales, multitud de ciclos y es epicentro veraniego de cientos de espectáculos teatrales y musicales. En cierta forma es hasta lógico lo que hace el INCAA: si nadie reclama un espacio, ¿para qué ofrecerlo?

Porque más allá del evidente -aunque lo negarán- proceso de desinterés que tiene el Instituto para con el festival marplatense (pobreza gradual de las ceremonias de apertura y clausura; mudanza del mercado audiovisual a Capital Federal bajo el nombre de Ventana Sur; reducción en la cantidad de invitados de renombre; reducción de días -antes diez, desde hace unos años ocho-), lo cierto es que la ciudad a través de sus referentes institucionales poco y nada ha hecho para ganarse un espacio dentro de la organización del Festival.

Lo más cerca que estuvo la Municipalidad de ser parte en el desarrollo del Festival, y ante un pedido expreso de la Nación para que se involucre en la producción del certamen, fue durante el período 2011-2013 cuando funcionó el Consorcio Público Festival de Cine de Mar del Plata, que involucraba al Municipio de General Pueyrredon y al Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires. El fin era que ayudaran a financiar el encuentro en sus ediciones 26ª y 27ª, y la ciudad se comprometió con 500.000 pesos para tal objetivo. La acción, no fue más que un gesto. Porque a fines de noviembre de 2012 concejales de la oposición presentaron un pedido de informes ante el Concejo para que el Gobierno explique cómo se usaron esos fondos. El desenlace no fue del todo claro.

Uno de los problemas principales, y que más atentan contra la posibilidad de desarrollar el Festival desde Mar del Plata, es la mirada que las propias autoridades tienen sobre la cultura. Como quedó claro antes, la ciudad limitó su posibilidad de pertenencia a una partida presupuestaria. Para el intendente Gustavo Pulti (y para los intendentes que lo precedieron desde 1996 a la fecha, cuando se recuperó este acontecimiento) la retribución que obtiene Mar del Plata es meramente pecuniaria: el Festival moviliza turismo, la ciudad se llena de gente, la gente trae más plata. El debate acerca del cine, de la formación de un público receptivo a otras propuestas, del diálogo entre lo audiovisual y un espacio definido culturalmente como lo es una ciudad, queda para un futuro lejano.

Festival de cine II

Todo esto, que parece una discusión menor en el contexto de los problemas que tiene un municipio, no deja de ser preocupante desde diversas perspectivas. Desde lo meramente pragmático, resulta incoherente que Mar del Plata no tenga poder de decisión en un festival que lleva su nombre. Es ridículo, pero a la vez revelador sobre los mecanismos de sometimiento cultural que la Capital exhibe sobre el interior, y que se da de narices contra todos los discursos inclusivos y anti-hegemónicos que se esgrimen desde hace unos años. Y desde la perspectiva de la política cultural de la ciudad, es de una pobreza inaudita: no animarse a participar activamente en el desarrollo de un acontecimiento cultural de semejante envergadura, es no tener perspectiva y significa perder la oportunidad de ayudar en la construcción de un ciudadano más pensante y complejo intelectualmente, a la vez que se le restan posibilidades a los gestores culturales locales de contribuir en ese crecimiento.

Con su ausencia en las decisiones que importan sobre el Festival Internacional de Cine, Mar del Plata pierde una gran oportunidad.

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