La Tanguería

“Quién sabe una noche me venga a Los Duendes
y chau tu madre, no te vuelva a ver, tri tri…”.

Corazón oculto bajo el cemento marplatense, late.

Los Duendes se llama hace diez años pero le baten así, limpito y claro, como debe ser: La Tanguería.

Martita atiende el boliche como si fuera su casa, limpia vasos con una franela y reparte medidas de whisky, gancia o ferné.

Toquensé una del Polaco che, y hagan llorar a esa guitarra, que Cachito y el Tony la consuelan a puro abrazo.

No llorén, borrachines, que acá está Los Duendes. Pero no, no es Buenos Aires; no se confundan que no es porteña la cosa. Aunque no parezca, Los Duendes es Mar del Plata, un reservorio del tango en la ciudad, a pasitos nomás, sabén? Sí, como lo ven, la resistencia se viste también de leopardo, deja vinos por las mesas y echa por las buenas o las malas a algún que otro borracho; pero eso sí, todo con una sonrisa, eh?, que para amarga está la vida… Vengan, no se vayan, no sean orates, que se puede escuchar tango, cantar aunque no sepan, fumar, tomar, gritar viva Perón.

Sientensé por ahí, que en una de esas tienen liga y conocen a una papusa o a un bacán. Ahora pidan algo y disfruten, que acá se vive el tango, uno andrajoso y cachafaz, si ustedes quieren, pero entrañable, sí, como el de antes…

Por Romina Elvira