La patada que terminó en la Suprema Corte

Javier Pizzo no sólo tuvo que retirarse del fútbol, perdió la oportunidad de jugar en uno de los cinco grandes. Mauro Camoranesi llegó a ser campeón del mundo con la selección italiana. A Javier aquel cruce le cambió la vida. Para Camaronesi hubiese sido una anécdota pero el juicio lo siguió durante casi toda su carrera.

Pizzo

Fotos: Pablo González

Javier Pizzo se toma la pierna izquierda que, de la rodilla para abajo, cuelga como fracturada. Está tirado en el césped del estadio San Martín. Grita. Los ojos cerrados, apretados, la nariz y la boca fruncidas, apenas se mueve. Javier todavía no lo sabe pero su carrera como futbolista profesional acaba de terminar.

El diagnóstico será: rotura de ligamento cruzado anterior, de ligamento cruzado posterior, de ligamento lateral externo, de meniscos interno y externo, de la cápsula de la rodilla, del tendón del bíceps, de nervios varios; hematomas, desgarros.

Javier tampoco sabe que su lesión generará un fallo inédito en la justicia de Mar del Plata. Que dieciocho años después llegará a la Suprema Corte. Y que será vista y comentada en todo el mundo.

 

* * *

 

La última jugada empieza como tantas. Javier, el 3 de Alvarado, recibe la pelota sobre el lateral izquierdo en la mitad de la cancha tras pase de Rubén Porco. La baja con su pierna hábil, la zurda, pero le queda apenas larga. La pelota va casi al ras del suelo. Mauro Camoranesi, volante por derecha de Aldosivi, viene corriendo del centro hacia esa posición. Javier estira todo lo que da su pierna izquierda que sólo se apoya con el talón y la cadera en un ángulo agudo. Llega con la punta del pie al balón. Camoranesi sigue corriendo y levanta las dos piernas en plancha en forma de V. Con la derecha intenta trabar la pelota y la izquierda va arriba. Impacta con los tapones en la rodilla de Pizzo que se rompe. Y por un instante, queda parado sobre la pierna de Javier que parece parte del suelo.

—¡Bien pibe! ¡Bien!

El que felicita al jugador de Aldosivi es su técnico, Edelberto “El Negro” Artero. Está en el banco de suplentes a cuatro metros de la jugada. A su lado el doctor Willy Quinteros sale disparado. Corre hacia Javier. Sabe que la lesión —una luxación: separación de las dos partes de una articulación— es grave. Que puede producir, a veces, hasta la ruptura de la arteria femoral. Hace un movimiento en la pierna de Javier, le pone la rodilla en su lugar y reduce la luxación.

El primero en llegar a la jugada es Porco. Lo agarra de los pelos a Camoranesi y le lleva la cara a la altura de la pierna de su compañero. Le muestra lo que hizo. Pero Camoranesi enseguida se zafa y se toma la cabeza. Exagera como todo jugador cuando quiere dejar en evidencia a su rival.

Albornoz —el 9 de Alvarado— encara derecho a Artero que es además, su ex técnico. Le grita, lo señala, lo increpa. Los compañeros de Javier llegan al banco de Aldosivi. Ahí está Camoranesi refugiado tras una línea que hicieron sus compañeros. Hay empujones, insultos, gritos. Y al menos seis policías entran a la cancha a calmar los ánimos.

A Javier ahora lo atiende el doctor Marcelo Vasoín, médico de su equipo. Lo suben a una camilla. Un ayudante toma la cabecera, el otro la parte de los pies y un tercero sostiene la rodilla. Van hacia los vestuarios. Javier sigue con la boca y la nariz fruncidas. Por momentos cierra los ojos, los aprieta. También se toma la cara, después la frente, estira la cabeza hacia atrás, intenta incorporarse. Con el brazo izquierdo, abraza la pierna de uno de los camilleros. Todo en cuestión de segundos.

Los jugadores van a ocupar sus puestos en la cancha pero el árbitro, Carlos Viera, expulsa a Porco. Otra vez el tumulto, las quejas, los empujones. Ahí ve la roja Silva, el 2 de Alvarado. Y el plantel del equipo de Mataderos se va contra el referí. La policía le hace un cordón y acompaña a los expulsados hasta el túnel.

Viera va a buscar a Camoranesi que sigue asilado en el banco de suplentes. Ya lo echó. Le pide que se vaya y, con la mano, le marca el camino a los vestuarios.

—¡Gringo hijo de Puta!

Es lo mínimo que se escucha desde la hinchada de Alvarado. Al volante lo acompaña un policía.

 

* * *

 

Alvarado – Aldosivi se convirtió en clásico hacia 1990 y sólo se jugó hasta 1997. No nació por una cuestión barrial —uno del ex barrio de Mataderos y el otro del Puerto—. Tampoco es el histórico de la ciudad. La rivalidad creció porque en esa época definían la Liga Local que daba una plaza para el Torneo del Interior. O la ganaba uno o el otro y, además, eran los clubes más populares.

El partido empezaba a disputarse unas semanas antes. El mundo del fútbol marplatense quedaba paralizado. No había encuentro que terminara en paz. Algunos medios mandaban más de un periodista a cubrirlo previendo que habría incidentes. Daniel Sancisi, ayudante de campo de Artero, recuerda que una vez estuvieron más de cuatro horas en los vestuarios del San Martín: la hinchada de Alvarado no los dejaba salir. Otra vez, los hinchas, en medio de una batalla campal, robaron los caballos de la policía montada.

Aquel 14 de agosto de 1994, domingo, había 2086 personas en la cancha. La lesión de Javier fue a los 42 minutos del primer tiempo. Aldosivi ganaba 2 a 0. Jorge Jaskilioff, relataba para FM Sport; Ernesto Gallardo, para 99.9 y Marcelo Marcel trabajaba para el diario El Atlántico. Todos coinciden en que no había habido ningún cruce entre Pizzo y Camoranesi. Ni venían hablándose ni nada. También piensan que la jugada no tenía trascendencia.

Para Marcel, Camoranesi usa la planta del pie manifiestamente. Gallardo recuerda que a Javier la pelota se le va para adelante y Camoranesi va en diagonal a “dañarlo” a la altura de la rodilla. Pero Jaskilioff dice que los dos fueron fuerte. Que Pizzo estira la pierna queriendo llegar a la pelota y Mauro, cuando ve que no llega, no saca la pierna. La deja y va.

Juan Ithurrart era un periodista que seguía a Alvarado. Estaba en el campo de juego y comentó por  FM Sport que Artero, cuando Camoranesi iba a trabar le gritó “¡Rompelo, Rompelo!”. Jaskilioff recuerda que el contestador telefónico explotaba por la bronca de los oyentes.

El que salió a defenderlo fue Sancisi que explica que era parte de la táctica. Alvarado salía con el 3 o el 4 abriendo la cancha. Al 2 y al 6 los presionaban los puntas, al 3, el 8 y al 4, el 10. La idea era recuperar y salir rápido de contra.

—Por eso, cuando la pelota le llega a Pizzo, Artero le grita a Mauro “¡Comelo, comelo!”. Era el momento en que lo tenía que ir a buscar. Y Mauro va como va siempre o casi siempre, con la pierna levantada. Pero con tanta mala leche que Pizzo estira la pierna, le mete planchazo y se lleva pelota, pata, todo. Le hace palanca porque parte de la plancha lo agarra en la mitad de la tibia. La rodilla queda en el aire y rompe todo.

 

* * *

 

El partido terminó 4 a 1 aunque el segundo tiempo era injugable. Sancisi dice que en cada pelota los jugadores de Alvarado querían vengar a Javier. Los hinchas tiraron varias bombas de estruendo que afectaron al Juez de línea, Palma y al volante de Aldosivi, Dos Santos. Y llegaron las amenazas.

—¡Vamos a ver, vamos a ver, cómo se escapan esta vez!

Cantaba la hinchada local mientras quemaba una bandera de Aldosivi en la popular que daba a la calle Alvarado. Pero al que no querían dejar escapar era a Camoranesi. A la salida, sobre Champagnat, comenzaron las corridas, insultos, peleas. Los hinchas arrojaban pedazos de madera, arrancados de las butacas, contra el patrullero en que la policía quería sacar al jugador. Hubo doce detenidos aunque nadie resultó herido.

Jaskilioff tuvo que poner al aire a Javier —por entonces pelo corto, morocho, cejas grandes, ojos oscuros, tez bronceada—para que calme a la gente desde la clínica.

 

* * *

 

Daniel Sancisi —hoy sesentón, pelo entrecano, ojos marrones, orejas y boca chica, estatura media— fue uno de los descubridores de Camoranesi. Recuerda que a principios del 94 jugaba el torneo del interior para Gimnasia de Tandil. Lo fueron a ver con Artero porque les habían dicho que era diferente. Enseguida aceptó venir a Aldosivi.

Camoranesi -pelo negro lacio, cara alargada, boca chica, pera grande, ojos negros- tenía 17 años. Jugaba de ocho pero andaba por cualquier lado de la cancha como en el potrero. Entonces el Negro Artero le pidió a Sancisi que le explicara lo que pretendían. Que jugara de volante por derecha.

—Estábamos en la cantera y me lo llevé al banco. Le dije Mauro caminame la cancha por la derecha. No toda la cancha, camina la derecha.

El ayudante le dijo al técnico que ya estaba y lo metió en el partido. Camoranesi recibía y tocaba. O se sacaba un rival de encima con una gambeta y la pasaba. Pero no trotaba ni corría. Sólo caminaba.

Eran los primeros meses de 1994. El debut del Turu, como aún lo llama Sancisi, fue en el estadio mundialista. Pero a los veinte minutos pegó un patadón y lo echaron. El cuerpo técnico lo bajó a la reserva como forma de retarlo y para que madure. Tras algunos partidos, volvió a primera. Y  siguió jugando para Aldosivi en la liga local y en los torneros del interior hasta 1996.

 

* * *

 

Javier tiene la pierna recta como si fuera un palo. Ya pasaron más de quince días desde la operación. Flexiona la rodilla que se mueve apenas un centímetro y cae la primera lágrima. Su articulación quedó inmovilizada. Eso produce nódulos en la rodilla. Y, para romperlos, hay que llorar.

Guido Colombo fue el primer médico que vio a Javier cuando llegó a la clínica de fracturas. El doctor –bajo, tez oscura, pelo entrecano, peinado hacia atrás, lentes RayBan, traje oscuro- hoy es miembro del directorio de la clínica. Tras más de treinta años de profesión dice que sólo una vez vio una lesión similar. La de un silletero que cayó de un andamio.

Apenas revisó a Javier, pidió la filmación de la jugada. Estaba sorprendido, no entendía cómo se había producido la lesión y quería ver el mecanismo. Con el video y el análisis clínico dedujeron que había un compromiso de toda la articulación. Lo urgente era descartar una lesión vascular. Pero, o los médicos no encontraban la arteria femoral, o la arteria rechazaba la aguja. A cada pinchazo un chorro de sangre.

—Los estudios dieron negativo. Había buen flujo arterial y venoso. Y se programó, en ateneo con más de diez profesionales, de manera precoz —a las setenta y dos horas— el intento de reparación. Digo intento porque si bien existían casos similares, la bibliografía no daba una idea clara de la conducta terapéutica a seguir. Si operar de inmediato o esperar dos o tres meses por el gran daño que había.

Dice Colombo, con el cantito típico de los cordobeses, la decisión fue correcta. La intervención tuvo lugar el miércoles 17 de agosto. Colombo y su equipo repararon el ligamento lateral interno, el externo, los meniscos, el músculo poplíteo y la cápsula de la rodilla. El ligamento cruzado anterior quedó para una segunda intervención.

En esos días de internación, a Javier lo iban a visitar sus compañeros de Alvarado. Jugadores de Aldosivi como Claudio Bianchi. Los muchachos que cortaban el césped en Quilmes, el primer club que lo contrató en Mar del Plata. Dirigentes. Sus amigos y compañeros de facultad. Ya habían llegado su padre de Benito Juárez y su hermano y su hermana de Buenos Aires. En una semana pasaron más de 500 personas por la clínica. Ninguna se llamaba Mauro Comoranesi; que ni lo llamó por teléfono. El que sí lo hizo fue Oscar Salerno, presidente de Aldosivi.

pizzo6

 

* * *

 

Fabio Canavaro está sobre una tarima blanca en el estadio Olímpico de Berlín. Ya Zidane cayó en la trampa de Materazzi. Ya Italia es campeón del mundo en Alemania 2006. Mauro Camoranesi, Alessandro del Piero, Andrea Pirlo, Francesco Totti y todo el plantel bailan, saltan, cantan, aplauden. Y con ellos festeja un país. 69.000 personas los miran desde las butacas. Levantan la copa en una lluvia de papelitos, serpentinas y fuegos artificiales.

Camoranesi había debutado en la selección italiana en febrero de 2003 cuando ya jugaba para Juventus. Y se convirtió en uno de los 45 futbolistas argentinos que cumplió el sueño de todo chico: ganar un mundial.

Patricio Hernández tomó la dirección técnica del Santos Laguna en 1996. Contrató como ayudante a Sergio Fortunato, técnico que dirigió a Camoranesi en el equipo del puerto. Y que llevó a algunos jugadores de Aldosivi a probarse. Mauro no sólo pasó la prueba, era titular.

Pero a Hernández no le fue bien, lo echaron y asumió un técnico que no tuvo en cuenta a Camoranesi. Su próximo destino fue Montevideo Wanderers donde también tuvo un paso fugaz. Y en 1997 recaló en Banfield que disputaba el torneo de la B Nacional. Jugó todos los partidos, 38 y marcó 16 goles.

La temporada siguiente regresó a México. Esta vez para vestir la camiseta del Cruz Azul. Ahí jugó hasta el año 2000. Disputó 64 partidos, hizo 20 goles. Eso le alcanzó para pegar el salto al Calcio. El Verona fue su primer club.

 

* * *

 

A Javier le dieron el alta a fines de agosto. Se mudó a la casa de un amigo que junto a un grupo de quince más se turnaban para cuidarlo. Unos iban a la mañana, otros a la tarde. Preparaban la comida, lo ayudaban a bañarse o a hacer sus necesidades. Todo en la cama porque no se podía mover.

Javier tenía mucho tiempo y pensaba. Quizá se acordaba de su llegada a Mar del Plata en 1988 para estudiar derecho. En el día en que su amigo, Pablo Miglioratta, lo invitó a entrenar con Quilmes, cuando terminó la actividad, los dirigentes le ofrecieron un sueldo. Le pagaban por jugar.

Después pasó a Deportivo Norte. Aunque en el 92 jugó el torneo del interior para Jorge Newbery de Lobería. Ahí conoció a Cacho Albornoz que una vez terminado el campeonato lo llevó a Alvarado. A los tres días lo contrataron y en la temporada 93/94 era parte del equipo armado por César Luis Menotti. Tuvo como compañeros a Silvio Rudman, la “Rata” Rodríguez, Juan Barbas y el uruguayo Obdulio Trasante.

En esos años vivía solo. Ser jugador de Alvarado significaba ganar 2000 pesos por mes (el salario mínimo en 1994 era de 200 pesos), que lo conozcan en algunos ámbitos, tener descuentos en comercios, entrar gratis a los boliches. Encima, en el tiempo libre estudiaba derecho.

Ahora, estaba postrado. Primero con la rodilla inmovilizada. Después con los ejercicios que siguieron a la operación para romper los nódulos. A los dos meses empezó los movimientos en el gimnasio, a los tres, natación. Se preguntaba si era justo o injusto lo que le había pasado. Por qué alguien a quien atropella un auto puede hacer una acción legal y un futbolista no.

 

* * *

 

Alvarado respetó el contrato de Javier que terminó en diciembre. Los compañeros le dedicaban victorias. Los domingos en la cancha, los hinchas lo recordaban con cantos. Pero en febrero de 1995 llegó la segunda operación. Ya no era empleado de Alvarado. En la clínica dijeron que no se había hecho el depósito, la intervención se suspendía. Javier y su familia tuvieron que pagar más de 3000 pesos en efectivo.

Después, la misma película, el mismo personaje. Javier postrado. Empezar de a poco a mover la rodilla, a romper los nódulos. El gimnasio, la natación y aferrarse al estudio. Entre septiembre de 1994 y diciembre de 1995 rindió 13 finales. El último, Internacional Privado, quedó para marzo del año siguiente. A la facultad iba en bicicleta para fortalecer la pierna.

Mientras, preparaba la demanda por daños y perjuicios contra Mauro Camoranesi. Le llevó más de un año y medio. La presentó antes de agosto de 1996 en el Juzgado Civil y Comercial Nº1 de Mar del Plata. En ese año, Javier se casó y tuvo a su primer hijo.

Antes que llegara el ´97, se atrevió a volver a pegarle a una pelota.

 

* * *

 

Camoranesi, que entró hace 22 minutos, recibe la pelota en mitad de cancha sobre la derecha. La domina y encara para el centro. Cristiano Lucarelli pasa por detrás, lo agarra, corre dos pasos más y se queda en el lateral. Camoranesi lo mira de reojo. Para la pelota, da media vuelta y se pone frente a su rival. Lo mide y le tira un pelotazo al cuerpo pero erra. Lucarelli toma la pelota. Camoranesi lo va a buscar. Corre, levanta el pie derecho en plancha y le pega en la pantorrilla: lo amonestan. Fabio Capello, para evitar la roja, lo manda de nuevo al banco de suplentes.

La Vecchia Signora ganaba 2 a 0 sobre el Livorno con goles de Ibrahimovic y Trezeguet. Iban 40 minutos del segundo tiempo. Fue el 6 de noviembre de 2005. Tres días antes había ocurrido algo similar en el encuentro ante el Bayern Munich por la Champions League. Por eso, los dirigentes de la Juventus impusieron a Camoranesi una multa de 49.000 euros.

Un año antes, Camoranesi se había notificado de la demanda iniciada por Javier. Recién en ese momento se constituyó el litigio. A veces, es muy difícil notificar a alguien. Incluso cuando está en la misma ciudad. Fue el propio Camoranesi quien incluyó al club Aldosivi en la demanda.

 

* * *

 

A Javier las lesiones en la rodilla le produjeron una incapacidad física parcial y permanente del 42,5 %. No debe jugar al fútbol. Además, un examen médico lo inhabilitaría para ser contratado como profesional. Javier tiene tres cicatrices en la rodilla izquierda. La primera en la cara interna, por encima de la rótula de un centímetro y por debajo de dos. La segunda es de ocho centímetros y va desde la parte inferior de la rótula hasta la cresta tibial. Y la tercera, que está en la cara externa, mide diez centímetros. La movilidad de la rodilla es casi completa: flexiona 15 grados menos que los 135 normales.

Todo eso figura en la pericia médica oficial que hizo el doctor Mario Cardoso. Fue el 1 de diciembre de 2005. En ese año Javier ya trabajaba en la fiscalía de Delitos Económicos y Contra la Administración Pública.

pizzo9

 

* * *

 

Osvaldo Otero —morocho, delgado, tez clara, ojos negros— fue presidente de Racing entre junio del ´95 y diciembre del ´97. El 22 de junio de 2005 le tocó declarar en la causa. Lo primero que le preguntaron fue si era cierto que Javier tenía chances de jugar en la Academia.

—Desde el año ´91 hasta el ´94 se estuvo trabajando desde la oposición para asumir en cualquier momento. Como yo era opositor al gobierno, en esa oposición teníamos un listado de posibles incorporaciones al plantel en el cual figuraba Pizzo.

—¿Cuánto Hubiera ganado Pizzo de haber sido incorporado? —preguntó el abogado de Javier, Walter Nofal.

—Estaría en el segmento inferior —los que menos ganan—. Hubiera cobrado veinte mil pesos al año y dos mil por mes.

 

* * *

 

—¡Hola!

—Hola ¿Sergio Fortunato?

—Sí ¿Quién Habla?

—Te habla Ezequiel Casanovas. Soy periodista. Estoy haciendo un trabajo sobre la lesión de Javier Pizzo en la jugada con Camoranesi. Y quería hablar con Mauro para conocer su opinión.

—No, no. Mauro no va a hablar sobre eso. No tiene nada que hablar.

—¿Imposible?

—No, no, no. Olvidate. ¡No le interesa hablar del tema ni nada!

Fortunato es el representante de Mauro Camoranesi. Para el jugador, la relación excede lo profesional, lo considera parte de su familia. Sancisi recuerda que Camoranesi tras la patada y la lesión de Javier decía: “son cosas del fútbol”.

—Espero que la jugada esté filmada. Fui a un cruce normal, no tuve intención de lesionarlo. Corrí para patear la pelota y me encontré con la pierna de Pizzo en el aire. Si hay una filmación se podrá ver que era una jugada común.

Alcanzó a decir Camoranesi antes de subirse al patrullero que lo sacó del estadio San Martín. Y había una filmación. El video lo grabó el camarógrafo Leonardo Arcuri —hoy trabaja en Canal 8— para el programa Fútbol en Doble V. Era un resumen de cada fecha del fútbol local que conducían Vito Amalfitano y Sergio Vangelista.

Es el registro de la jugada y los incidentes hasta que Camoranesi se va a los vestuarios. Javier lo consiguió en enero de 1995 y fue clave para el armado de la demanda. También para los jueces.

Heber Amalfi, titular del Juzgado Civil y Comercial N° 1, condenó a Camoranesi y a Aldosivi en 2008. Calificó la conducta del jugador como “imprudente y excesiva” y estableció que debía indemnizar a Javier con 200 mil pesos más intereses. Fue la primera vez que un deportista recibió una condena por lesionar a otro en el Departamento Judicial Mar del Plata.

Fernando Burlando es el más conocido de los tres abogados de Camoranesi que apeló la sentencia. Entre otras cosas, la apelación dice que se lo condenó por un daño causado en la diputa de la pelota. Que las acciones excesivas e imprudentes se sancionan como infracción dentro del juego, no a nivel jurídico y que no puede haber condena en una jugada sin intención de dañar. Además, acusa al Juez de desconocer totalmente el fútbol y dice que la lesión de Javier es común en un deporte de fricción.

 

* * *

 

Héctor De Pedro era el 2 de Aldosivi en aquel equipo del ´94. Edgar Videla el arquero suplente. Y Oscar “la Pantera” Dela Roca el goleador. Los tres son históricos del club, referentes y consideran que la jugada fue común. Que la lesión de Javier es habitual en un futbolista. También coinciden en que era una pelota dividida. Videla, que estaba más cerca de la acción, dice no recordar que haya habido impacto de pierna a pierna.

En esos testimonios se basó el fallo del Juez Alfredo Méndez de la Cámara de Apelación en lo Civil y Comercial. También en el video —cuyas fotos láser se agregaron a la causa— para determinar que se trató de un full habitual y rechazar la demanda.

Pero Camoranesi es derecho y, cuando un jugador va a disputar una pelota dividida, no enfrenta al rival con la pierna inhábil. Esa fue una de las cuestiones que observó el juez Ramiro Rosales Cuello que vio el video y las fotos varias veces. Otra, que Camoranesi hubiera podido tomar alguna medida para “evitar o disminuir los riesgos”.

“Se suma a ello la inoportunidad temporal, Camoranesi llega a Pizzo a destiempo, anatómica, lo golpea a la altura de la rodilla, estratégica, lo derriba en la mitad de campo del lesionado ganando por dos goles y posesional, la pelota había superado al agredido y agresor sin elevarse“.

Rosales Cuello, además, determinó que no se puede entender la falta como parte del juego.“Ese suceso podrá ser natural en una confrontación de full contact, kingboxing o boxeo tailandés”. Por eso, entre otros argumentos, confirmó la sentencia de primera instancia. Lo mismo hizo su colega Roberto Loustaunau.

 

* * *

 

El 1 de Julio de 2010, la Cámara dio a conocer la sentencia.

“Por los fundamentos consignados en el precedente acuerdo, por mayoría: 1) se confirma la sentencia de fs. 725/50 —de primera instancia—, modificándosela en los parciales indemnizatorios “lucro cesante-pérdida de chance” y “daño moral”, los cuales se fijan en las sumas de $ 169.200 y $ 30.000, respectivamente; 2) se imponen costas de Alzada a los demandados vencidos (art. 68 CPC) y 3) se difiere para su oportunidad la regulación de honorarios profesionales (art. 31 Ley 8.904). Notifíquese personalmente o por cédula (art. 135 inc. 12 CPC). Devuélvase”.

La Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires ratificó la sentencia el 11 de Julio de 2012. Tanto Camoranesi como Aldosivi habían vuelto a apelar. Pero Javier no le cobrará nada al club.

 

* * *

 

La pelota le llega a Patricio Toranzo, volante de Racing, y trata de dominarla en el círculo central. Camoranesi, de Lanús, llega a marcarlo desde atrás. El de la Academia engancha pero cae cuando  Camoranesi le traba la pierna derecha. Toranzo se levanta y lo increpa. Están cara a cara. Se hablan, se reprochan y se cabecean levemente. El de Racing vuelve a caer y se queda en el piso donde lo rodean sus compañeros. Camoranesi  ve la roja y se acerca a su rival. Toranzo empieza a levantarse. Camoranesi levanta la pierna derecha y le pisa la cara.

—¡Hijo de Puta! ¡¿Qué aprendiste en Europa, hijo de puta?!

El grito es de Diego Simeone, técnico de Racing, cuando Camoranesi sale de la cancha. Lanús ganaba uno a cero e iban 30 minutos del primer tiempo. Fue el 26 de noviembre de 2011. Veintidós días antes Camoranesi cumplía 38 años.

 

* * *

 

Javier —traje azul oscuro, corbata del mismo color, camisa celeste— tiene la mano derecha sobre la Constitución. Al lado suyo una bandera argentina decora el salón del Colegio de Escribanos de Mar del Plata. En la sala hay funcionarios del poder judicial, abogados, ex deportistas. Frente a Javier está el fiscal general, Fabián Fernández Garello. Le toma juramento. Javier está asumiendo como fiscal de Delitos Económicos.

Fue el 30 de noviembre de 2011. Un mes después se recibió de Magister en Derecho en la Universidad Austral. Lo diplomaron con título de honor. La tesis, que publicó en 2013, tiene que ver con responsabilidades deportivas. Seguramente no hablará de su lesión. Aunque diecinueveaños después aún tenga roto el ligamento cruzado posterior, le falte el tendón del bíceps. Y se le note la renguera cuando no puede ir al gimnasio por un tiempo.