El inventor de música

“Miles” es la respuesta que Leopoldo Juanes da cuando le preguntan cómo llegó a descubrir que en el movimiento del mar había un ritmo susceptible de ser transformado en música. Estuvo “miles” de horas mirando el mar. El resultado: un sonido propio de la Costa Atlántica. Y algo más: una identidad musical.

Leopoldo Juanes

 Fotos: Romina Elvira, Federica González

Según la Real Academia Española crear significa “establecer, fundar, introducir por vez primera. Producir algo de la nada”. Darle vida al vacío. En el caso de Leopoldo Juanes, ponerle música a esta zona de la Costa Atlántica argentina.

Es guitarrista y uno de los integrantes de “Creciente”, grupo con el que toca desde 2006 junto a Ingrid Bretschneider (voz); Facundo Passeri (batería y percusión); Sebastián Sartal (bajo); Juan Pablo Gez Carballo (viola); y Esteban Giménez (piano). Con ellos indaga en la creación de una música que cuente, cante y suene como Mar del Plata y nos identifique como habitantes de esta región de la Argentina.

“La búsqueda parte de una necesidad”, dice Leopoldo, que relata con tranquilidad cómo empezó a componer una música propia: el mareo. Sentía,  cuando se encontraba con colegas de otras regiones de Argentina o en recitales en Europa, que lo que tocaba en su guitarra no representaba su lugar de origen.

“Iba a una guitarreada y había un compañero de Córdoba. Tocábamos una zamba del noroeste porque nosotros habíamos estado en su pueblo. Otro agarraba un tambor y tocaba una pieza mallorquín porque estábamos en las Islas Baleares. Entonces, me pasaba que me sentía como un turista cultural.  Tocaba la chacarera. Sí, pero la chacarera es de Santiago del Estero. Todo bien con ‘San Juan y Boedo’ soy fanático del tango, pero no tomo el café en San Juan y Boedo”.

“Vos te ves en el espejito: qué hacen tus colegas. El espejo te muestra, si los mirás con amor y humildad, qué es genuino y qué no lo es. Sobre todo cuando mirás cosas que te gustan. Vos escuchás a un turco que hace una música que te encanta. ¡Pum! Espejo: “¿Yo qué hago?” Todo el tiempo pasa eso. No es una mirada competitiva porque no hay competencia. Te ves en los espejos y decís: hay algo que falta acá. A mí me pasó eso. Ahora, cuando toco una canción dentro de este concepto de música, no me falta nada. Después hay una especie de seguro de vida: si nació verdadero, andá tranquilo que no te va a pasar nada”.

La idea

La cámara fija muestra la proa de un barco que avanza rompiendo las olas. El movimiento es lento pero firme. Avanza y se mueve de manera constante de abajo hacia arriba y de ahí nuevamente hacia abajo. El video lo filmó una bióloga marplatense investigadora del Conicet, en una de las campañas que realizan en altamar para estudiar el agua, los peces.

“Un, dos, tres, cuaaaaaaaaa. Paripa pammmmm. Tiriti tammmmmm. Paripa pammmmmmm”, marca Leopoldo mientras la imagen y una música –el mareo- se reproducen al mismo tiempo. Coinciden. No importa en qué lugar se ponga el video con el sonido, siempre coincide la música con el movimiento del mar.

Mar

El invento

¿Qué es el mareo?

-El mareo es el nombre de una célula rítmica que tiene un compás 7/8 y que se basa en el movimiento del mar. Es como decirte la zamba o la chacarera. Cada nombre de ritmo es una célula rítmica.

¿Mareo y música de la Costa Atlántica son lo mismo?

-El mareo es un ritmo y el concepto es música de la Costa Atlántica. En “Creciente” tocamos temas que no son un mareo, no son esa célula rítmica, pero tienen la impronta del concepto, el vaivén. Por ejemplo, el chamamé es del Litoral. El concepto es música del Litoral que también tiene la chamarrita, la galopa, el rasguido doble. Hay un montón de ritmos dentro de ese concepto. Cada lugar va teniendo su impronta. Bueno, el mareo es un ritmo dentro del concepto de música de la Costa Atlántica.

Hacer música de la Costa Atlántica, ¿necesariamente implica usar esa célula rítmica?

-El mareo es el nombre que le puse a una célula rítmica. Pero esa sensación, esa forma de tocar tiene un montón de matices. Para mí son todos esos matices que también van a ir trayendo otros músicos que quieran tocar con este concepto. No tengo dudas de que va a pasar. Lo veo, sucede todo el tiempo. Veo muchos músicos que en sus letras hablan de su lugar,  del mar, de sus cosas. Pero siguen haciendo otros géneros como rock o canción de autor que estéticamente suena a trova rosarina o cubana. Esa parte es la que yo creo que se viene. Que la gente se va a meter con la estética. Veo que las letras empiezan a transitar ese camino. Lo que sigue es esto.

Vos decís que el mareo es un molde desde el cual partir…

-Claro, fue como descubrir y concientizarse de eso. Yo había tenido una experiencia muy particular porque la única persona viva que conozco que haya hecho lo mismo y que además su trabajo fue reconocido, es Ramón Ayala. Lo conocí a través de Pablo Blanco que fue uno de los músicos que aportó a esta búsqueda. Ayala tomó rítmicas de unas comunidades aborígenes del Chaco, con otros elementos de Misiones y creó el gualambao. Porque el folclore argentino tiene gente reconocida pero muchos son recopiladores. A Ramón Ayala lo identifican con un ritmo y yo conocí justo a ese. Y, ponele, cinco años después empezó lo del mareo.

-Además, músicos como Omar Moreno Palacios, que fueron jurados en Cosquín,  vieron cómo el folclore se homogeneizó por una cuestión comercial. Nosotros no lo hemos visto como jóvenes con tanta claridad a ese proceso. Yo le presté atención porque compartí con los viejos compositores de los clásicos. En general los del folclore son viejitos, aunque ahora hay nuevas generaciones que son buenísimas. Y era todo claro: el que venía del Litoral sólo manejaba esa música; y era todo agua. El tipo que venía de Buenos Aires venía con la payada y la milonga. Y era sólo eso, era todo muy claro, muy coherente. Y yo me sentía como un turista, pero estaba enamorado de eso. Con el tango me pasaba lo mismo. Encima, soy de una generación del rock así que a todos esos ritmos yo los aprendí, no los mamé.

Leopoldo se refiere a compositores como Negrín Andrade, Ariel Petrocelli, Juan Carlos Carabajal, Edgar Difulvio y Yamil Nievas del Castillo.

Cuando te ponés a componer música, ¿pensás siempre en el molde mareo?

-Cuando compongo no es que sólo pienso en el mareo. Pero de alguna manera ya me situé. Esa es mi casita y de ahí sale todo, o casi todo. Capaz que vi algo y pienso que no tiene relación y al final siempre lo relaciono con ese concepto de música.

¿Cuándo empezaste?

-Más o menos hace diez años. Perdí el rastro de cuándo arrancó la inquietud. Pero me guío por los primeros temas que se registraron en 2005 y que la composición debe ser de 2003 o 2004.

Es un trabajo particular. Para que me entiendas, los músicos trabajan con una canción con acordes, con ritmos ya dados. Yo trabajo en Europa con música latinoamericana, tango, algunos ritmos europeos como el fado. Pero son cosas que ya están planteadas, tenés las estructuras, las formas para seguir. Entonces, me encuentro con la cantante y las actuaciones tienen un solo ensayo por actuación. Pero claro, un fado es un fado y un tango es un tango. Ya los conocés. Este trabajo era diferente, partía de ese otro lugar que era el vacío total.Entonces, primero hubo que descubrir qué era lo que uno ya hacía. Por eso es que tardamos tanto… Y bueno, será que seremos un poco burros también.

La técnica

-Ahora te voy a mostrar una cosa en la guitarra.

Leopoldo apoyó el estuche contra una pared blanca. Sacó el instrumento y volvió a sentarse. De paso practico, dice. Explica que para tocar un mareo, para generar la sensación del mar, empezó a tocar la guitarra de otra manera. Los dedos que rasguean no se mueven para adentro, sino para afuera y todo Leopoldo se mueve, en un vaivén que va y viene, un movimiento continuo y suave.

“El Mareo generó una nueva técnica, empecé a mover los dedos de esta manera. Cuando vos estudiás y empezás a avanzar en una carrera está todo el tiempo eso de encontrar tu voz, tu forma de tocar, tu personalidad, ser original. Son un montón de cosas abstractas y muy difíciles. Entonces, cuando trabajás con música muy propia es posible que para hacerla hagas cosas raras”.

“Estoy investigando”, cuenta y sigue probando sonidos en la guitarra. “La diferencia –entre una técnica y la otra- es sutil”. “Para mí esa sutileza es importante”.

Acantilados Leopoldo

La comprobación

“Yo creo que nosotros estamos en esta situación: tenemos la responsabilidad de que el mareo invite, que la gente se sume. Es decir, para que exista tiene que ser un movimiento. No puedo ser yo solo o “Creciente” solo.

¿Por qué es importante que trascienda de vos?

-Porque si no, no existe. Si va pegado a una persona tiene ese tamaño. Y además, si es verdadero como yo creo que es, no puede quedar pegado a una persona. Si pasa eso: mentiste.

¿No hay en vos una búsqueda de reconocimiento personal?

-No, porque no es negocio. El negocio es lo colectivo, es la comunidad que te genera un entorno, te genera medios. Ponele, no hay un festival de música de la Costa Atlántica. Si hay tres bandas más, va a haber. O si empezamos a reunir composiciones, gente que tenga canciones y empecemos con una movida. Lo bueno es eso, lo colectivo.

¿Otros músicos pueden usar el mareo para componer?

-Claro, que agarren el mareo, lo usen como molde y hagan su canción. Que cuenten la historia del verdulero de la esquina no importa, pero lo que utilicen. Que la gente lo tome, que funcione, que exista, es una especie de autorización colectiva.

En realidad esto lo planteamos con uno de los músicos de “Creciente”, Facundo Passeri, que él tiene un ensamble de percusión, “El Recicle”. Él ya volcó el mareo ahí, están experimentando. Que está buenísimo porque estaban tocando una chacarera, un ritmo peruano, y de repente se pusieron con esto también, dentro de todo su repertorio y de sus estudios rítmicos. Entonces, no tenemos fecha, pero la idea es hacer un encuentro para músicos o estudiantes de música que les interese conocer. Así nosotros podemos contar más el proceso creativo, la descripciones técnicas más en profundidad y que esa gente ya pueda tener eso para que quien quiera componer un mareo, pueda hacerlo. Yo creo que va a ser lento el proceso, pero ya hay interés.

El origen

¿Cuándo empezaste con la música?

-Me empecé a interesar seriamente a los 15 o 16 años. Tuve como unos pasajes en la infancia, pero me tocó uno de esos conservatorios privados estafadores y le sacaron plata a mis viejos y abandoné.

¿Y en la adolescencia qué fue lo que te motivó a tocar?

-Tenía un entorno muy lindo. Eso me entusiasmó mucho. Lo que pasa es que a esa edad no tenés ni idea de lo que es el camino de la música. La verdad es que uno tiene un amor por algo que no conoce. Hoy yo lo elijo y lo recontra elijo y me parece una bendición. Por todos los lugares que conocés, la gente, las experiencias, el desarrollo personal. Vos llegás a cada lugar como músico y la gente te espera y te recibe. Es una maravilla. Pero la decisión a mí me costó mucho porque iba a un colegio universitario y está el tabú de que te vas a morir de hambre, y es una gran mentira. Me decidí y después fue lo que tenía que ser. No tenía ni idea, ni la más remota idea de lo que me esperaba. Primero el sacrificio que tenía que hacer. Lo que tenía que estudiar. No parás nunca de estudiar y además tenés que tener un entrenamiento mínimo. No te digo como un atleta, pero vos tenés que tener los dedos movibles.

Para mí fue súper fuerte ese momento. Cuando terminás el secundario y tenés que decidir si vas a estudiar o vas a seguir algo socialmente de menor aceptación. No sé si ahora estará cambiando eso. Me parece que sí.

¿Tuviste un paso por el Conservatorio de Música?

-No cuadraba mucho con la ortodoxia. Además, ya no tengo miedo de decirlo, hay mucha mediocridad. Hay gente que no se prepara, no se mantiene y no sacan un alumno bueno. Pasan generaciones y generaciones que no crecen. Y el porcentaje de gente valiosa es muy bajo. He pasado secuencias malas. A mí me hubiera servido mucho poder entusiasmarme. De hecho trabajé en Suiza con un profesor mío, un músico marplatense que se llama Julio Azcano. Él no paró nunca y era la única persona que me transmitía interés en el conservatorio, en ese paso que tuve. En los institutos de música de Mar del Plata hay mucha gente que es un desastre. Eso sí: tanto en el IPA (Instituto Provincial de Arte) como en el conservatorio, lo nuevo, lo interesante, el compromiso y la responsabilidad pasan por la nueva generación de profesores.

Las partes del todo

“Cuando creamos desde cero, los conservadores no pueden atacarnos porque no tienen nada que defender”, sostiene Leopoldo en la charla TED que dio a mediados de año, mientras sonríe. Pero, “hay que crear un molde que sea tan sólido que se convierta en nuestro propio referente y nos permita contar nuestras historias”.

En esa charla, que significó para el mareo una apertura para que más músicos se interesaran por el tema, Leopoldo describe cuatro características (o “mandamientos” según dijo también) para que los músicos lo tomen: un ritmo (el mareo) “sólido y condensado” que expresa una impronta.

Instrumentación: la guitarra criolla y el tambor oceánico. “El tambor oceánico es una artesanía, un accesorio de percusión. Nosotros lo tomamos porque tenés la posibilidad de poder manejarlo. No es lo mismo que poner una grabación, que también es válido pero es otra cosa. O también, nosotros le dimos un uso, o intentamos, porque es sumamente difícil tocarlo porque es como mover agua a ritmo, sincronizar rítmicamente. Esa fue una de las cosas novedosas que nos dio este proceso: nosotros enfocábamos un accesorio que a veces simplemente estaba generando un ambiente, un clima, sugiriendo un paisaje, y lo utilizábamos de otra manera, como realmente sucede en el paisaje, rítmicamente. Y claro, es un laburo tremendo”.

La tercera característica es la matriz lírica, lo que cuentan las canciones. Leopoldo se encarga de escribirlas, hacerle los arreglos, y cuando “Creciente” entra en contacto con el material se termina de crear colectivamente. Las letras, considera, “permiten ver con claridad la mirada del artista”.

La cuarta característica es el carácter, la esencia. “No lo refleja la partitura, es un efecto: los sabores, el clima, los paisajes”.

Leopoldo en Acantilados

¿Por qué decís que tiene que ser sencillo?

-Tiene que ser muy simple porque si no te da la sensación de que no puede ser real. Por ejemplo, la zamba es algo sumamente sencillo. Después, la otra mirada te puede mostrar que es sumamente complejo. Pero por otro lado, es sencillo. Yo sabía que había algo de eso. Era una sensación, no lo había leído en ningún lado. Para que sea verdadero tiene que ser simple. “¿De dónde sacaste eso?” No sé, pero tengo la sensación de que tiene que ser así.

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Basta un pensamiento para que empiece a cambiar.

Basta un viento norte para un océano en paz.

Viento en las mejillas para que empiece a cantar,

si canto recuerdos, en el presente serán la abolición del tiempo

sumando lo que vendrá.

En el mismo pulso se funde más de un lugar.

Distancia imposible, se expresa así la unidad.

Somos el camino, y el que lo tiene que andar.

(Viento Norte – Leopoldo Juanes)

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