Metrobuscavotos

La gobernadora María Eugenia Vidal anunció, en pleno clima preelectoral, la decisión de crear un Metrobus para Mar del Plata. La propuesta, que despertó fuertes cuestionamientos, puso en discusión las prioridades de la ciudad, el uso de la gestión y los recursos del Estado en las campañas electorales y la necesidad de discutir a fondo la situación real del transporte público de pasajeros.

Fotos: Pablo Gonzalez

El centro de Mar del Plata amaneció vallado. La gente estuvo esquivando autos y motos que se amontonaron durante toda la mañana, buscando vías de escape por calles angostas, entre semáforos mal coordinados, colectivos de línea desviados de su recorrido, camiones de carga y descarga en segunda fila. Es que María Eugenia Vidal realizó un acto en la “plazoleta de las Américas” para presentar el Metrobús, símbolo del oficialismo en la ciudad porteña, con el fin de mejorar el tránsito de la ciudad. La gobernadora, rodeada por algunos funcionarios de traje y corbata, desembarcó a un escenario ya previsto con fotógrafos y prensa. Saludó con una mano alzada hacia la plaza deshabitada. Rodeados de micrófonos, le hablaron a un público televisivo, separados de quienes habitualmente circulan esas veredas por un cerco de vallas y seguridad policial. En el límite del cerco se fue agrupando un heterogéneo conjunto de personas, desde curiosos que miraban a los gobernantes en silencio, hasta quienes  cantaban cada vez más animadamente que se vayan todos, que no quede ni uno solo. El acto se terminó a las apuradas, duró 5 minutos, después de que Marcos Peña y Guillermo Dietrich hicieran escuetas declaraciones también. Unos efectivos de seguridad abrieron una reja por donde la comitiva se fue rápido, montada en una camioneta por el Boulevard Marítimo Peralta Ramos, arteria principal de la ciudad despejada exclusivamente para ellos.

Inaugurar una promesa

El Metrobús en Mar del Plata tiene dos caras. Por un lado, es un hecho de campaña. Vidal no inaugura una obra, sino la promesa de hacerla. Se prevé la puesta en funcionamiento recién para inicios del 2019. El acto frente al Casino Central fue la instalación del tema, el 19 de junio, aunque el proyecto recién fue presentado en el Concejo Deliberante el 11 de julio y durante ese lapso las críticas el rechazo que provocó fueron generalizados. Diversos sectores cuestionaron la propuesta: la Federación Universitaria Marplatense, que reclamó la implementación del boleto universitario, estipulado por ley provincial, pero sin aplicación en la ciudad; el sindicato de taxistas, que hizo hincapié en el mal estado de las calles; y todo el arco político opositor, que remarcó necesidades más urgentes para Mar del Plata donde destinar los 516 millones de pesos que costaría el Metrobus. También se creó una petición para que no se lleve adelante el proyecto, que ya lleva más de 7000 firmas, dirigida a la gobernadora Vidal. Pero hasta los propios tuvieron dificultades a la hora de defender el proyecto: el titular de la Unión Tranviarios Automotor (UTA), Sergio Medina, destacó la importancia del Metrobús, pero no pudo evitar señalar que existen otras prioridades como el arreglo de calles y zonas inundables, el mejoramiento del Hospital Interzonal, o la ampliación de servicios básicos como cloacas y agua corriente. Por su lado, el intendente Carlos Arroyo, que un año atrás no veía posible la instalación del Metrobus sobre Pedro Luro por la dimensión de la avenida, hoy remarca las “grandes ventajas” que traerá, según dijo, a pesar de que pueda generar inconvenientes en la gente mal acostumbrada por el “excesivo uso de su automóvil particular”.

Pero a pesar del contundente rechazo social, para el oficialismo es importante lo que se muestra. Mostrar, por ejemplo, a la gobernadora Vidal, quien fue la encargada de hacer el anuncio (a pesar de tratarse de una gestión entre el Estado nacional y el Municipio marplatense), y ocultar al intendente Carlos Arroyo, quien permaneció callado durante el acto y ni siquiera fue nombrado ante los medios. Se trata de decisiones de campaña: la imagen de María Eugenia Vidal, la figura PRO que más mide en términos electorales, es la punta de lanza del oficialismo. Así, el Metrobus fue presentado ya dos veces en La Matanza, en Tres Arroyos, en Rosario y en Mar del Plata, distritos electorales con fuerte peso nacional.

Durante la presentación, las palabras que los funcionarios dedicaron a los medios son interesantes para entender cómo piensan su propia iniciativa. Cuando el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, habla sobre el destinatario del proyecto del Metrobús dice: “No sólo es para los marplatenses, sino también que esto lo van a ver todos los argentinos que en el verano vienen a Mar del Plata”. Con implacable lógica publicitaria, remarca su cualidad de ser visto por una gran cantidad de gente, más que utilizado para brindar un servicio a un determinado sector de la población. Vidal, por su parte, define un poco más al beneficiario: “Es mucho más que una forma distinta de transportarse: simboliza ocuparse de todos los que se levantan temprano para trabajar o estudiar”. Ya no se trata de ocuparse de quienes se levantan a trabajar y estudiar todos los días, sino de simbolizar esa situación.

Corredor de prioridad, prioridades corridas

En el portal oficial del Estado se dice que “el nuevo corredor de prioridad de transporte público mejorará los tiempos y la experiencia de viaje de 70.000 personas”. Se tratará de un carril exclusivo para el trasporte público con una extensión de 5 kilómetros, que realizará el trayecto casi en su totalidad sobre la Avenida Luro. El propio recorrido también refuerza esta idea de su utilización con fines electorales: desde el Hotel Provincial, pasando por el Casino, la playa Bristol, la peatonal San Martín, Canal 8, el Palacio Municipal, hasta la Estación Ferroautomotora, una de las puertas de entrada del turismo a la ciudad, también bajo la tutela de Dietrich: es el circuito visible para la postal de una “ciudad feliz”.

Las características de la zona elegida tienen una estrecha relación con la noción de obra para ser vista, más que para ser utilizada. El acceso a la salud, a la educación, al trabajo, garantizado por un sistema eficaz de transporte, no figura como parte de la problemática. No se presenta una propuesta para el transporte, sino una gestión en abstracto. El discurso de campaña que utiliza el oficialismo apela a un sentido común reaccionario. No se pone en debate cómo el Estado debe garantizar estos derechos, sino que eliminan esa idea de plano. Cuando se lo intenta justificar, se habla de “beneficios” que traerá el proyecto, como luminarias, arreglos sobre la avenida y una mayor seguridad, otra palabra que resuena fuerte en tiempos de campaña. Pero las luminarias y los arreglos de las calles son problemas que no afectan a esta parte de la ciudad como sí al cordón de barrios periféricos y sectores más humildes, que son los que más dificultades tienen a la hora de acceder al trasporte público.

Según prometió la gobernadora, construirán además “nueve estaciones y veintitrés paradores con rampa y señales de braile”. Aunque nadie puede oponerse a la inclusión de sistemas de accesibilidad, esto parece una sobreactuación, porque el pequeño número propuesto no tiene el menor impacto sobre el estado general de las paradas de la ciudad. La gobernadora Vidal sostuvo que es “para poder subir al colectivo cuando tienen alguna discapacidad sin tener que esperar a que venga alguien que los ayude”, una visión por lo menos sesgada sobre políticas de discapacidad, en un contexto de duras críticas al Gobierno nacional por la suspensión compulsiva de pensiones por invalidez.

Un Plan Maestro

Existe en Mar del Plata, desde 2011, el Plan Maestro de Transporte y Tránsito, por medio del cual la Municipalidad realiza su planificación estratégica para la creación de proyectos destinados a esta rama. Dentro del “Plan estratégico Mar del Plata 2013-2030” (con el respaldo del Banco Interamericano de Desarrollo, en el marco del programa “Ciudades sustentables”) existe un “Sistema de Movilidad Sustentable”, un capítulo dedicado íntegramente a la “reorganización del trasporte público y sus demandas de infraestructura”. En ese entonces, su planificación ya contaba con la idea de carriles exclusivos para los colectivos de línea, aunque se ampliaba hacia otras avenidas además de Pedro Luro: Champagnat, Constitución, Juan B. Justo, Juan H. Jara. Si bien todo esto nunca se hizo, el “Sistema de Movilidad Sustentable” ya era incapaz de resolver las necesidades de los usuarios (al igual que el actual Metrobús), básicamente porque no estaba pensado para esa función. “El Pan Maestro no colabora para mejorar el sistema de transporte, porque no mejora la distribución de los recorridos, no hay accesibilidad de los vecinos de los barrios, no hay trasbordos ni empalmes, como sí ocurría con el sistema de Curitiba de Brasil, que fue el que se utilizó como modelo para el desarrollo del Programa”, sostiene Eduardo Layus, un arquitecto especializado en temas urbanísticos. Con respecto al Metrobus, Layus señala la falta de adaptación del proyecto a las condiciones particulares de la ciudad de Mar del Plata.

Las falencias del sistema de transporte público en nuestra ciudad no son un tema nuevo ni poco conocido. Pero desde el punto de vista de la recolección de datos que permitan analizar las deficiencias denunciadas por los usuarios, el abordaje se vuelve engorroso.
Por otra parte, según lo establecido por la Municipalidad en el pliego de bases y condiciones para la licitación pública del servicio, se debería realizar una encuesta de calidad anual, llevada adelante por una encuestadora independiente, pero esto es incumplido año a año, y sólo podemos remitirnos a los datos recabados desde espacios no oficiales, que llevan adelante esta tarea. En ellos se refleja la realidad del transporte: el precio elevado del boleto, la irregularidad de las frecuencias, el servicio deficiente — unidades en mal estado de higiene, maltrato por parte de muchos choferes, inadecuación a las condiciones climáticas (sea en invierno o en verano) — y la falta de puntos de carga para la tarjeta SUBE, son las denuncias más reiteradas. Este conjunto de reclamos que se plantea hacia el servicio, fue siempre soslayado por los diferentes gobiernos municipales, en alianza con el sector empresarial del transporte, que a pesar de sus incumplimientos mantiene uno de los boletos más caros del país. Su contracara es la falta de democratización del servicio que, a medida que más se aleja de la zona céntrica y urbana, presenta mayores deficiencias. Por otra parte, los comerciantes que ofrecen la carga y venta de tarjetas SUBE, corren con demasiados riesgos y muy pocos beneficios a cambio. Según lo establece el “Contrato para la emisión, carga y recarga de tarjetas SUBE” son los responsables del control de las recaudaciones y la realización de los depósitos, y por cualquier daño, “sea total o parcial, que puedan sufrir los equipos”. En comunicación con QUÉ digital, representantes de la UKRA (Unión de kiosqueros de la República Argentina)  expresaron las causas del paro que llevaron adelante los días 26, 27 y 28 de julio: “No queremos cobrar un adicional, pero queremos que sea mejor el porcentaje para la SUBE: es muy poco lo que nos queda, hablamos del 1%”. Además, los comerciantes deben presentar una propiedad a su nombre como garantía y firmar un pagaré por 30.000 pesos, que puede ser embargado en caso de no cumplir con algún punto del contrato.

Negocios y sospechas

Si el Metrobús es un hecho de campaña, la otra cara de la moneda es la enorme suma de dinero puesta en juego, que se mueve siempre lejos de los supuestos beneficiados y apela a la toma de deuda a través de crédito extranjero. De nuevo el arquitecto Layús alerta sobre este punto: “Esto lo pagamos no sólo los marplatenses, sino todos los argentinos”. Se trata, en principio, de una transferencia de 516 millones que saldrán de las arcas nacionales para una obra sin destinatario aparente y cuya licitación todavía no fue realizada. Es importante señalar que para la construcción del Metrobús porteño existieron, en algunos tramos, denuncias por sobreprecios de empresas constructoras amigas del oficialismo, como Riva S.A. Esta empresa también está vinculada a Daniel Angelici y fue denunciada por sobreprecios en la construcción de instalaciones en Ezeiza para las inferiores del Club Atlético Boca Juniors.

Por otra parte, mientras se prometen soluciones mágicas para el transporte público de pasajeros, sigue en desarrollo un proceso judicial abierto por el escándalo de los llamados choferes fantasma: la falsa contratación de personal con el objetivo de recibir subsidios del Estado Nacional, por un monto cercano a los 12 millones de pesos,  por la que se acaba de procesar a seis empresarios del transporte local, entre ellos a Juan Insza y Diego Basílico.

El Metrobús se instala como un hecho de campaña, con el agravante de que se trata de la utilización de la gestión estatal para llevar adelante publicidad partidaria de cara a las PASO, sin discriminar entre las cuestiones propias del partido político que gobierna, y las estrategias de planificación estatal que deben ser dirigidas al conjunto social. No existe un compromiso hacia los destinatarios de la obra, a quienes se piensa desde el gobierno como posibles votantes, sean turistas que visitan la ciudad, trabajadores, estudiantes o conductores mal acostumbrados, pero sin asumir al sistema de transporte público como una necesidad vital: los reclamos históricos de los usuarios son ignorados una vez más, mientras se destina la suma de 516 millones de pesos a una obra que nadie pidió, y que aún no se sabe quién le sacará el verdadero provecho.

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